Mes: enero 2018

Las virtudes argumentativas

José Angel Gascón

Uno de los principales objetivos de la moderna teoría de la argumentación es mejorar nuestras capacidades y nuestros hábitos argumentativos en las discusiones cotidianas. Con este fin, se han privilegiado dos enfoques clásicos: la lógica y la dialéctica. La perspectiva lógica (la lógica informal) estudia los argumentos como productos de la actividad argumentativa y los evalúa en función de la fuerza con que las razones apoyen la conclusión. La perspectiva dialéctica, en cambio, estudia la argumentación como procedimiento dialógico en el que los participantes deben respetar ciertas reglas para que la discusión se mantenga en el cauce de lo razonable. Ambas perspectivas se consideran habitualmente no solo complementarias y necesarias, sino también suficientes.
En esta sesión mostraré que en realidad esos enfoques no son suficientes. Si el objetivo es lograr que nuestros argumentos sean imparciales y sólidos, y que nuestras discusiones sean razonables y lleven a buen puerto, se hace necesario tener en cuenta un elemento frecuentemente olvidado: los argumentadores mismos. Es imprescindible tener en cuenta el carácter, las motivaciones y los hábitos de los argumentadores para comprender algunos aspectos de la argumentación.

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¿Por qué debería importar el carácter del argumentador? Cuando argumentamos, hacemos muchas cosas aparte de presentar unos argumentos concretos que son más o menos sólidos. Por ejemplo (Gascón, 2015):

• Usamos un determinado tipo de lenguaje.
• Somos respetuosos o irrespetuosos.
• Estamos dispuestos a cambiar de opinión o nos aferramos tozudamente a nuestras creencias.
• Hacemos que los demás participantes se sientan libres para expresarse o los intimidamos.
• Argumentamos demasiado o demasiado poco.
• Argumentamos en un momento oportuno o inoportuno.

Además de estas cuestiones, durante las últimas décadas la investigación en psicología nos ha proporcionado una gran cantidad de información sobre los sesgos cognitivos que afectan a nuestros razonamientos. Los sesgos son errores sistemáticos que tergiversan nuestro razonamiento de diversas formas. Por ejemplo: seleccionamos los datos que respaldan nuestro punto de vista y pasamos por alto aquellos que lo ponen en cuestión, evaluamos la solidez de los argumentos en función de si estamos de acuerdo con su conclusión, y tendemos a creer que nuestras diferencias de opinión son mayores de lo que realmente son (Pohl, 2004). Los sesgos no son propiedades de los argumentos; se explican a partir de las capacidades y las motivaciones del individuo. Por tanto, para poder estudiarlos y corregirlos, es necesario tener en cuenta al argumentador mismo.

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En ética y en epistemología, a las teorías que se centran en el carácter del individuo se las conoce como teorías de la virtud. Mientras que la lógica se ocupa de las propiedades lógicas de los argumentos, las teorías de la virtud se ocupan de los vicios y las virtudes de los argumentadores. Las virtudes son rasgos del carácter que hacen que las personas se comporten de manera más razonable, más respetuosa, más cooperativa y más crítica en las discusiones argumentativas. Los vicios, por el contrario, impiden el buen desarrollo de las discusiones. En los últimos años, han surgido voces de teóricos de la argumentación que sostienen que una perspectiva de la virtud en argumentación ayudaría a comprender aspectos que hasta ahora se han pasado por alto (Aberdein, 2010; Cohen, 2013; Gascón, 2016).

Algunas de las virtudes intelectuales que se han propuesto para la enseñanza del pensamiento crítico son (Paul, 1993):
• Humildad
• Valentía
• Empatía
• Integridad
• Perseverancia
• Fe en la razón
• Imparcialidad

Cultivar estas virtudes implica mucho más que simplemente adquirir un conjunto de habilidades lógicas. Un argumentador dogmático, por ejemplo, puede dominar a la perfección todo un repertorio de recursos lógicos que le permitirán imponer su punto de vista, pero difícilmente será posible mantener con él una discusión razonable y cooperativa. Un argumentador que posea unas habilidades lógicas excelentes pero carezca de virtudes argumentativas puede recurrir a argumentos sofisticados, pero lo hará para servir a sus propios intereses sesgados. Por eso, se ha diferenciado entre un sentido débil de pensamiento crítico, que solo incluye el conocimiento de la lógica, y un sentido fuerte de pensamiento crítico, que involucra también virtudes como la humildad, la integridad o la empatía. Un pensador crítico en sentido fuerte está dispuesto a someter sus creencias al escrutinio público, a escuchar razones contrarias y a cambiar de opinión cuando su postura es insostenible (Godden, 2017). Sin esa actitud por parte de los argumentadores, siempre faltará algo para que las discusiones críticas sean verdaderamente fructíferas y razonables.

Referencias

Aberdein, A. (2010). Virtue in argument. Argumentation, 24(2), 165–179.

Cohen, D. H. (2013). Virtue, in context. Informal Logic, 33(4), 471–485.

Gascón, J. Á. (2015). ¿Es posible (y deseable) una teoría de la virtud argumentativa? En Actas I Congreso internacional de la Red española de Filosofía (Vol. XI, pp. 41–51). REF.

Gascón, J. Á. (2016). Virtue and arguers. Topoi, 35(2), 441–450.

Godden, D. M. (2017). Enseñar la legitimación racional y la responsabilidad: Un ejercicio socrático. Revista Iberoamericana de Argumentación, 14, 75–105.

Paul, R. (1993). Critical thinking, moral integrity and citizenship: Teaching for the intellectual virtues. En Critical thinking. How to prepare students for a rapidly changing world (pp. 255–267). Santa Rosa, CA: Foundation for Critical Thinking.

Pohl, R. F. (Ed.). (2004). Cognitive illusions. Hove, East Sussex: Psychology Press.

Si desea citar esta entrada

Gascón, J. A.: Las virtudes argumentativas. En Niaia, consultado el 31/01/2018 en  http://www.niaia.es/las-virtudes-argumentativas/ ‎

 

Sesión del seminario permanente

Aplazada la sesión del seminario que tenía que haberse celebrado el pasado martes, día 16, la vamos a celebrar el próximo martes día 23, en el horario de siempre, de 16:30 a 18:00, en el salón de grados de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación, de la UAM, Campus de Cantoblanco.

Siguiendo en parte el marco teórico de Toulmin, realizaremos un taller de argumentación moral que permitirá profundizar en los recursos para argumentar bien, evitando sesgos y falacias que dificultan la solución de los problemas. La persona que coordina esta sesión es Ana Sanz Fuentes, asesora filosófica y miembro de grupo de investigación de Niaiá

 

Taller de argumentación moral

 

 

Taller de argumentación moral

El diálogo sobre cuestiones morales es un recurso importante cuando nos proponemos abordar la educación en valores. Más en general, el diálogo socrático es una herramienta valiosa para generar una conciencia crítica, tanto cuando trabajamos con niños, como cuando llevamos diálogos con adultos.

El encuentro con otros puntos de vista, la confrontación de ideas y principios morales, el tener que justificar nuestro posicionamientos, todo ello hace que el diálogo sea un espacio en el que se descubren y adquieren valores como el respeto, la autonomía, la responsabilidad o la honestidad.

Distintos autores han propuesto diferentes modelos de cómo debe conducirse ese diálogo de inspiración socrática. Para nuestro taller partimos del marco teórico de Toulmin y tomamos como referentes las propuestas de tres autores: Leonard Nelson, David Bohm y Oscar Brenifier.

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Nelson plantea la idea de una verdad establecida por consenso a través de un diálogo que ha seguido una serie de pasos marcados por el facilitador del diálogo. Para nuestro taller, tomaremos esta idea para mostrar una posible vía de trabajo cuando proponemos un trabajo crítico sobre un determinado problema moral.

Por su parte, David Bohm mantiene que, para que se dé verdaderamente un diálogo, se necesita una práctica prolongada en la que el grupo pueda aprender a pensar de forma cooperativa y crítica. Ya que no suelen darse las condiciones ideales que Bohm planteaba, tomaremos su propuesta con fines comparativos, para mostrar las diferencias entre el diálogo como actividad que se prolonga a lo largo del tiempo y un taller en el que contamos con una única sesión en la que la actividad debe ser mucho más dirigida.

Por último, Brenifier ha trabajado durante años en diferentes estrategias y dinámicas para facilitar un taller de práctica filosófica, que permiten generar una conciencia crítica en los participantes del diálogo, de forma que la filosofía, se convierte en una práctica que puede llevarse al aula para trabajar cualquier contenido desde una óptica crítica y autorreflexiva. De su propuesta tomaremos las herramientas para facilitar el taller y proponer un modelo de práctica docente en el que el profesor se convierte en guía y animador del trabajo.

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Un elemento común a las propuestas de estos tres autores es que el análisis y evaluación de los argumentos aducidos por los participantes es uno de los momentos centrales del trabajo. Si bien hay diferentes formas de enfrentarnos a esa tarea, en esta ocasión tomaremos el modelo planteado por Stephen Toulmin para reflexionar sobre su potencial a la hora de estructurar el trabajo argumentativo cuando nos estamos enfrentando a un problema moral.

Para la realización del taller, tomaremos un problema moral y trabajaremos sobre los argumentos ofrecidos para justificar las diferentes soluciones al problema, y comprobaremos en qué medida el trabajo sobre la estructura formal de los argumentos nos permite comprender los posibles fallos en la argumentación, así como evaluar la fuerza de los diferentes argumentos planteados.

La propuesta de taller que haremos durante esta sesión pretende servir como ejemplo de lo que podemos hacer en el aula, con alumnos, futuros maestros o profesores, para trabajar cualquier problema moral o, más en general, cualquier cuestión filosófica, de manera que no solo se aborden determinados contenidos, sino que, por la propia ejercitación que el taller plantea, sirva también para que se desarrollen el pensamiento crítico y los valores asociados al diálogo socrático como la honestidad, el rigor, la paciencia, el respeto, la responsabilidad, etc.

 

Referencias:
Bohm, D. (1997) Sobre el Diálogo. Barcelona: Kairós.
Brenifier, O. (2005) El diálogo en clase. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea.
Nelson, L. (2008) El Método Socrático. Cádiz: Hurqualya.
Toulmin, S. (2007) Los usos de la argumentación. Barcelona: Península

 

Si desea citar esta entrada

Sanz Fuentes, A. Taller de argumentación moral. En Niaia, consultado el 14/01/2018 en http://www.niaia.es/taller-de-argumentacion-moral/

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