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El papel de las fábulas en la educación moral

Juan B. Campagne Aguilera. Profesor Educación Primaria. Miembro del equipo de Niaiá

Existen pocos géneros literarios que presenten una continuidad histórica como la fábula. García Gual (2016a) asegura que “en Mesopotamia y en Egipto, se compusieron breves relatos de aire fabulístico, en relación con textos gnómicos, y que ya hubo una tradición escrita y oral de historietas de bestias parlantes” (p. 11). Encontramos evidencias para afirmar que entre los siglos V a.C. y XII d.C. circularon por Europa colecciones cercanas a este género procedentes de la India, que se recogieron en el Panchatantra y en el Hitopadesa. Lo cierto es que las fábulas eran muy populares en Atenas y que el género se ha extendido por los cinco continentes. Matic (2015a) afirma que “la fábula ha constituido el molde en el que se han plasmado las más variadas filosofías, teorías literarias, [y] concepciones de la vida” (p. 153).

En este contexto, según García Gual (2016b), corresponde a Hesíodo no solo el mérito de introducir la fábula en la literatura occidental por medio de “El halcón y el ruiseñor”, sino usarla con valor didáctico, dentro de sus reflexiones acerca del comportamiento justo de la sociedad humana. Citemos el texto para poder centrarnos luego en algunos detalles:

Ahora contaré una fábula a los reyes, aunque sean sabios:

Así le habló un halcón a un ruiseñor de variopinto cuello mientras le llevaba muy alto, entre las nubes, atrapado en sus garras. Este gemía lastimosamente, ensartado entre sus corvas garras y aquel en tono soberbio le dirigió estas palabras:

“¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder uno mucho más poderoso. Irás a donde yo te lleve por muy cantor que seas y me servirás de comida si quiero, o te dejaré libre. ¡Loco es el que quiere ponerse a la altura de los más fuertes! Se ve privado de la victoria y además de sufrir vejaciones, es maltratado”. (citado en García Gual, 2016c, p. 46)

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Se podrían señalar, a partir de este ejemplo, los trazos más característicos de las fábulas como género literario. En primer lugar, el carácter alegórico y breve del relato. Para Teón (citado en Baranda, 2007) “una fábula es una composición falsa que simboliza una verdad”. Según señala Aristóteles en su Retórica, se cree que este carácter fingido, basado en analogía y en lo escueto, se debe a que estas características las hacían de fácil comprensión para el pueblo.

En segundo lugar, en ella intervienen animales que hablan y razonan como los seres humanos. En estas interacciones, las bestias parlantes ofrecen una lección de conducta a partir de reflejarse en el mundo de las personas e invitan a reflexionar sobre él. En este último rasgo, es posible observar una función didáctica y una intención moral. Es decir, la fábula procura aleccionar y dejar un mensaje, sirviendo, como dice Rodríguez Andrados (1979a), “al tiempo como arma de enseñanza y de ataque, mezcla de serio y de broma” (p. 13). Sin embargo, Matic (2015b) advierte que el haber priorizado este carácter didáctico-moralizante ha negado o ignorado las posibilidades críticas del género. Así es como se puede observar una sociedad en la que casi no hay justicia ni compasión hacia el débil, en donde “[l]a razón del más fuerte es siempre la mejor” tal como dictaminaba La Fontaine (citado en García Gual 2016d)

En tercer lugar, queremos destacar dos elementos comunes. Por un lado, repiten siempre la misma estructura. Varios autores coinciden (con matices) en que a un conflicto le siguen tres momentos: situación inicial, actuación y resultado. Es así como, a partir de un problema, los contendientes intentan vencer, convencer o escapar, según el caso, valiéndose de la fuerza y la astucia. Por otro lado,  las figuras animales aparecen ceñidas a una convención cultural. De esta manera, y con algunas diferencias entre autores, “el león es un animal que encarna la fuerza, el lobo es feroz y manso el cordero” (G. Gual, 2016f), por nombrar algunos. Las relaciones que establecen estos y otros protagonistas es conflictiva, pragmática y feroz en donde la fuerza o la astucia, como señalamos antes, es la que acaba inclinando la balanza.

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En cuarto lugar, queremos destacar la presencia de la moraleja. Hemos mencionado antes el carácter imaginario, breve y, en ocasiones, tragicómico de la fábula, que no pretende evasión, sino una meditación profunda sobre la condición humana al mostrar “la verdad sobre la sociedad real” (G. Gual, 2016e). La propia acción de los personajes puede conducir a una reflexión, bien de un modo implícito (cuando es evidente el éxito o el fracaso) o explícito, cuando va acompañada de una moraleja. No obstante, la relación entre una fábula y su moraleja ha sido cambiante y compleja, y el proceso de transformación de los relatos desde sus versiones orales hasta sus diferentes reescrituras ha generado otras adaptaciones y tramas. Esto es algo que los mismos fabulistas no ocultaban, tal como mencionaba uno de los máximos exponentes, el español Félix María Samaniego (1975) en el prólogo de su “Fábulas”:

“Examiné, comparé, contrasté y elegí para mis modelos” [A Esopo, a Fedro, etc.] (…) “Entregándome con libertad a mi genio [para] variar rara vez algún tanto, ya del argumento, ya de la aplicación de la moralidad; quitando, añadiendo o mudando alguna cosa” (p. 20)

En la actualidad, Matic (2009c) afirma que “las fábulas se siguen escribiendo, rescribiendo y no han perdido su atractivo para los escritores del siglo XX” (p. 13). De esta manera, los constantes cambios del género han desembocado en el concepto de la nueva fábula. Este nuevo fabulario ha regresado a la escena llegando desde distintas partes del mundo. Autoras como Kleveland (2002) señalan que se pretende retomar “la fuerte crítica social y revelar los errores de las instituciones y las gentes del mundo contemporáneo”.

De este modo, en las nuevas fábulas escritas por autores europeos y americanos, fundamentalmente, hay una revisión como consecuencia de las problemáticas actuales. Este detalle puede resultar una liberación para un género que quizás haya permanecido un tiempo enjaulado en sus propias características.

Pensamos que esta actualización en el enfoque, con temas, personajes y recursos retóricos más actuales, junto con una vuelta a las raíces pueden renovar el interés por las fábulas para la gente de hoy día. Este tipo de narraciones, creemos, pueden ayudar a presentar los ingredientes que refuercen la educación moral de niños y jóvenes haciéndoles apreciar y compartir viejos y nuevos relatos con los que se puedan identificar.

Para ampliar información se puede consultar

García Gual, C. (2016). «El zorro y el cuervo». Madrid: Fondo de cultura económica.

García Gual, C. (1991). «Figuras helénicas y géneros literarios». Madrid: Mondadori España, S.A.

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Campagne Aguilera, Juan A. (2018). ¿Es la tecnología neutral? En Niaia, consultado el 30/05/2018 en http://www.niaia.es/el-papel-de-las-fabulas-en-la-educacion-moral/

Salvaje de George Monbiot, una oda al salvajismo

 

Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción

Salvaje tiene varios aspectos que no comparto y sobre lo que se podría discutir mucho. Uno es una excesiva visión monetarista de la conservación del entorno, con varios momentos en los que se defiende la rentabilidad económica de la resalvajización vía turismo. Otro sería que el autor da por hecho que el ser humano ha sido el causante de la extinción de la megafauna desde sus orígenes, algo que es controvertido y que, además, proyecta una imagen un tanto esencialista de la humanidad. Además, es un libro que se centra mucho en el caso británico, con extrapolaciones no siempre posibles a otros lugares del mundo, como el propio autor plantea.

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Pero creo que todo esto no es ni lo más esencial, ni lo más destacable del texto. Considero que lo fundamental es la oda al salvajismo que destila. Siguiendo esa inspiración, esta reseña no va a tener ninguna estructura ni finalidad predeterminada. Me voy a limitar a copiar partes del texto para que cada cual se deje provocar por las palabras de George Monbiot.

Después de una sequía de sensaciones desde comienzos de la edad adulta, una sequía que había acabado aceptando como una condición de la mediana edad, como la pérdida de umbral superior de audición, en un año había escuchado dos veces el canto: esa nota aguda y salvaje de la exaltación.

En ese momento me vi transportado por el pensamiento —la certeza— de que ya había hecho eso antes.

Oí el ruido de niños jugando en el barro, vi los rostros serios y tensos de la partida de caza, contemplé en mi mente mujeres y ancianos vadeando el estuario con sus lanzas y puntas, y sentí que entendía mejor quién era, de dónde vengo y lo que sigo siendo.

En todos los casos, (…) los europeos decidían quedarse con los indios americanos, mientras que estos últimos volvían con sus comunidades en cuanto tenían ocasión.

Hemos puesto la seguridad por encima de la experiencia, y al hacerlo hemos ganado mucho, y hemos perdido mucho.

La muerte del espíritu desnudo que le mueve, es demasiado grande para las limitaciones en las que nosotros tenemos la obligación moral de vivir.

Perseguimos a la bestia, pero la bestia somos nosotros.

Explicar que lo que hemos acabado aceptando como natural es, en realidad, consecuencia de un desastre ecológico —el erial que ha sustituido a la selva— es exigir un viaje imaginario para el que no estamos preparados.

El principal objetivo de resalvajizar es restaurar todo lo posible las interacciones dinámicas de la ecología. (…) Restaurar la diversidad trófica significa aumentar las oportunidades que tienen los animales, las plantas y otras criaturas de alimentarse los unos de los otros; reconstruir los hilos rotos de la red de la vida.

La reintroducción de lobos en Yellowstone demuestra que cuando se permite que una sola especie desarrolle su comportamiento natural, transforma prácticamente todos los aspectos del ecosistema, e incluso altera la geografía física del lugar, cambiando la forma y el flujo de los ríos y los índices de erosión de la tierra.

Más ballenas significa más ciclos de nutrientes, lo cual genera más plancton, produciendo más peces y kril.

Mi pregunta era: “¿Qué quiere hacer la naturaleza aquí?”. Eso es crucialmente diferente a la filosofía de dominación humana. Resalvajizar es cosa de humildad, de dar un paso atrás.

No pretendo ocultar mis motivos para querer que se vuelvan a introducir animales desaparecidos. (…) Las razones provienen de mi deleite en las maravillas de la naturaleza, su riqueza e infinita capacidad de sorprender; desde la sensación de libertad, de la emoción de deambular por un paisaje terrestre o marino sin saber qué voy a ver a continuación, qué podría acechar desde los bosques o el agua, qué podría estar observándome sin que yo lo sepa. Es la sensación de que sin esos animales el ecosistema resulta asimétrico, resumido, disfuncional.

Quiero que se reintroduzcan los lobos porque (…) me parecen la sombra que se escurre entre la sístole y la diástole, porque son los monstruos necesarios de mi mente, habitantes del apasionante mundo al que hemos cerrado nuestras puertas.

El impulso hacia el monocultivo provoca una desalvajización, tanto de los lugares como de las personas. Arrebata a la tierra la diversidad de vida y la estructura natural que atraen a los seres humanos. Crea un mundo aburrido, un mundo apagado, un mundo en el que no hay color ni variedad, que aumenta la monotonía ecológica, estrecha el ámbito de nuestras vidas, limita el alcance de nuestro compromiso con la naturaleza y nos empuja hacia un monocultivo del espíritu.

Tengo una obsesión insana con las ovejas. (…) Las odio. Tal vez debería matizar un poco mis palabras. No odio a los animales en sí, (…) pero odio su impacto sobre nuestra ecología y nuestra historia social.

Los grupos ecologistas intentan proteger a los animales y plantas que viven en hábitats cultivados del siglo pasado, en lugar de imaginar lo que podría vivir allí si dieran un paso atrás.

De entre todas las criaturas del mundo, las que más necesitan la resalvajización tal vez sean nuestros niños.

Comprendí que en ese momento para mí ya había empezado una resalvajización. En la búsqueda de rincones de tierra y agua que podían inspirar y guiar un intento de resucitar el mundo natural, había resucitado mi propia existencia. Mucho antes de que mis sueños de recuperación se hicieran realidad, el espíritu indomado que quería provocar ya había vuelto.

Me había enfrentado al poder azaroso de la naturaleza y —no, no había ganado, nadie gana nunca— había sobrevivido.

Con una resalvajización total pierdes la historia no escrita, tu sentido de identidad y del lugar. Es como quemar libros.

Para ampliar información se puede consultar:

Monbot, Goerge: Para más maravillas, resalvajicemos el mundo. TED

Monbot, Goerge: Salvaje Renaturalizar la tierra, el mar y la vida humana. Madrid. Capitán Swing. 2018.

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González Reyes, Luis (2018). ¿Es la tecnología neutral? En Niaia, consultado el 30/05/2018 en http://www.niaia.es/salvaje-de-georg…da-al-salvajismo/

 

Resolviendo problemas: Hagamos lo que es justo

Ignacio García Pedraza – Félix García Moriyón (miembros Niaiá)

Se trata de un curso, de 15 horas de duración, que se va a celebrar en el marco de la 43ª Escuela de Verano de Acción Educativa, del 2 al 6 de julio, en la Facultad de Formación de Profesorado y Educación de la UAM

Dirigido a profesorado de todos los niveles, para quienes ejercen como profesores en educación formal y no formal.

 

Se pretende sensibilizar al profesorado, en general, sobre la dimensión moral de los problemas que se plantean en los diferentes ámbitos educativos y desarrollar estrategias de resolución de dichos problemas cuando se producen y de creación de comunidades de aprendizaje que minimicen la aparición de esos problemas.

Contenidos de la actividad:

a) Los centros educativos y las aulas como comunidades justas de aprendizaje y como espacios ecosociales.
b) Conflictividad creativa y conflictividad destructiva.
c) La percepción de la dimensión moral de los problemas relacionados con la justicia y el ámbito ecosocial.
d) Las competencias cognitivas y afectivas requeridas para una adecuada resolución de problemas morales.
e) La evaluación del crecimiento moral del alumnado y el profesorado.

El curso seguirá una metodología activa y paricipativa.

Para recabar más información e inscribirse

¿Es la tecnología neutral?

Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción

La neutralidad de la tecnología es uno de los imaginarios sociales más extendidos. Su ejemplo predilecto es el del cuchillo, que puede usarse para partir alimento o para dañar a otra persona. ¿Es realmente neutral la tecnología?, ¿se puede aplicar este adjetivo a todo tipo de tecnologías?
Para esbozar alguna respuesta a estas preguntas, una premisa previa es comprender que la tecnología materializada en herramientas no es solo una expresión cultural, sino que condiciona la forma de pensar y de sentir de las personas. Por ejemplo, si una cultura genera objetos para el uso colectivo no solo expresa su articulación comunitaria, sino que la refuerza, ya que implica que sus integrantes tienen que actuar de forma coordinada. Un ejemplo más contemporáneo es cómo internet, los teléfonos móviles y la hibridación entre ambos ha modificado nuestra manera de relacionarnos. Y esto no solo es a nivel personal, sino también institucional y económico.
Se pueden distinguir tres niveles tecnológicos. El primero son las herramientas. En ellas, la energía la ponen los seres humanos. Son en general tecnologías sencillas. El segundo lo componen las máquinas. En este caso, hay una fuente energética exosomática (un combustible fósil, electricidad…) que es la que permite que la máquina funcione, pero el control es humano. El grado de complejidad medio de las máquinas es notablemente mayor que el de las herramientas, pero dentro de las máquinas hay distintos niveles de sofisticación. Tenemos desde molinos de viento como los que inmortalizó Cervantes, que son relativamente sencillos, hasta los aerogeneradores de alta tecnología de 7 MW que se están instalando. Finalmente, estarían los autómatas, que vamos a definir como máquinas que controlan otras máquinas. Aquí la complejidad se incrementa más aun.portada vol 2
El grueso de la historia de la humanidad ha estado exento del uso de máquinas complejas y de autómatas. El cambio de sociedades que usaban herramientas y máquinas sencillas, al de sociedades con una utilización creciente de máquinas complejas no fue irrelevante. El primer nivel tecnológico, entendiendo como hemos dicho que la tecnología es una expresión social que a la vez la condiciona, puede alumbrar sociedades igualitarias o dominadoras. Es decir, que en este nivel sí podríamos hablar de una cierta neutralidad de la tecnología. Neutralidad no en el sentido de irrelevancia social, sino en el de distintos usos. Aquí podría valer el ejemplo del cuchillo.
Pero la tecnología compleja, la basada en máquinas sofisticadas y autómatas es solo propia de las dominadoras y contribuye a perpetuarlas. Hay varios argumentos para sostener esto.
En primer lugar, las tecnologías complejas son intrínsecamente insostenibles. Se basan en materiales no renovables, tienen fuertes impactos ambientales en su ciclo de vida y, en términos globales, todas ellas son muy ineficientes en el consumo energético. De este modo, tienen impactos insoslayables sobre la vida de todos los seres vivos presentes y futuros, y no son universalizables. Es más, en la medida que se ha ido imponiendo el uso de la alta tecnología, esto implicó que actos cotidianos (trabajar remuneradamente, desplazarse…) tuviesen un impacto considerable, significando un ejercicio de poder.
Un segundo argumento es que las máquinas complejas implican que el acceso a cómo funcionan, a su control, solo puede estar al alcance de pocas personas. Son aquellas que pueden dedicar mucho tiempo al estudio de su ingeniería. Como la tecnología es un elemento central del funcionamiento social, este acceso restringido es una desigualdad de poder latente.
Finalmente, los centros de poder, que son quienes controlan la tecnología, tienen una capacidad de coacción mucho mayor con las máquinas complejas. Un ejemplo son los mecanismos de almacenamiento y gestión de la información que han posibilitado las TIC. Gracias a ellas, Google y la NSA (servicio de “inteligencia” estadounidense) atesoran una cantidad de información sobre millones de personas inimaginable por los Estados agrarios. Esta información se usa para quebrar voluntades de forma “delicada” (publicidad) y violenta (represión directa). Otro ejemplo es el incremento en el desnivel bélico entre quienes tienen acceso a armamento tan sofisticado como un portaaviones o una bomba atómica, y quienes solo tienen un cuchillo.Espiral evolución de la energía
Obviamente, esto es matizable y parcialmente enmendable. Por ejemplo, no es lo mismo la tecnología eólica que la nuclear en lo que implica de concentración de poder, ni lo es que internet se configure con neutralidad de la red a que la pierda. Pero eso no quita que no existan relaciones más o menos jerárquicas entre especies, entre generaciones y entre individuos en todos los casos.
En conclusión, determinados grados de complejidad, expresados en este caso en forma de tecnología, tienen costos. Uno de ellos es tener sociedades intrínsecamente desiguales. También tienen beneficios, que no hace falta enumerar pues en una sociedad tan tecnófila como la nuestra son continuamente proyectados. Necesitamos hacer debates sosegados al respecto que nos permitan complejizar, en este caso inequívocamente sí, nuestra visión de la tecnología.

Para ampliar información se puede consultar:

Fernádez Durán, R.; González Reyes, L. (2018): En la espiral de la energía. Libros en Acción, Baladre. Madrid. Disponible en: https://www.ecologistasenaccion.org/?p=29055
Illich, I. (2012, primera edición: 1974): La convivencialidad. Virus. Barcelona.
Mumford, L. (2006, primera edición en castellano: 1971, primera edición: 1934): Técnica y civilización. Alianza Editorial. Madrid.

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González Reyes, Luis (2018). ¿Es la tecnología neutral? En Niaia, consultado el 30/05/2018 en http://www.niaia.es/es-la-tecnologia-neutral/

¿Qué es el asesoramiento filosófico?

Lucía Sainz Benítez de Lugo. Asesora filosófica. Profesora de Filosofía para Niños

Aunque es algo todavía desconocido para la mayoría de personas, el Asesoramiento filosófico es una práctica que va tomando cada día más fuerza en todo el mundo.
Pero, ¿qué es el Asesoramiento filosófico? ¿En qué se diferencia de una psicoterapia?
El Asesoramiento filosófico se define como una nueva forma de relación de ayuda, alternativa a las psicoterapias, en la que el consultante clarifica sus problemas o conflictos desde una perspectiva filosófica. Muchas personas, de hecho, consideran que los problemas o conflictos que pueden tener en un determinado momento de su vida no son de naturaleza puramente psicológica, sino que más bien tienen que ver con la concepción que tienen de sí mismos, de la realidad y de la vida. En estos casos su problema es de índole existencial o filosófica y es adecuado que esas personas se dirijan a la consulta de un filósofo.
Hace casi cuarenta años, un filósofo llamado Gerd Achenbach abrió la primera consulta de Asesoramiento filosófico en Alemania, y desde entonces este movimiento se ha ido expandiendo por Europa y América principalmente.

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La idea de que la filosofía debe ser puesta al servicio de la vida de las personas, lejos de ser nueva, se remonta a los orígenes de la filosofía misma. Achenbach y algunos otros asesores filosóficos retomaron esta idea al darse cuenta de que muchas personas en nuestra sociedad tenían la necesidad de vivir de una forma más coherente, más plena y, sobre todo, más consciente.
Aunque en la actualidad existen numerosas aproximaciones al Asesoramiento filosófico, a la forma de entenderlo y de llevarlo a cabo metodológicamente, hay bastante consenso sobre algunos de los supuestos más importantes de esta práctica.
Quizá el más general es que todas las personas, lo sepamos o no, tenemos una filosofía personal, es decir, una serie de creencias y actitudes básicas acerca de nosotros mismos, del mundo y de la vida. Este conjunto de creencias configura nuestra experiencia, ya que gracias a ellas valoramos nuestras vivencias como buenas o malas, nos alegramos o sufrimos por lo que nos pasa, nos sentimos capaces o incapaces de hacer determinadas cosas, etc.
Esta filosofía personal está compuesta por creencias que son operativas, es decir, que operan sobre nuestras emociones y patrones de comportamiento. En este sentido existe una diferencia muy importante entre la filosofía operativa y los discursos acerca de lo que decimos creer. Con frecuencia ni siquiera nosotros mismos somos conscientes de esta diferencia y confundimos nuestros ideales, nuestras ideas políticas, creencias religiosas o filosóficas con nuestra filosofía profunda, la que nos permite interpretar realmente nuestras vivencias y nuestra existencia.
Para distinguir la filosofía personal operativa de los discursos que asumimos como propios intelectualmente, es suficiente con examinar si existe coherencia entre nuestras acciones y emociones y nuestras creencias. Cuando decimos de alguien que es contradictorio o que tiene muchas incoherencias, seguramente será porque estamos tomando su pensamiento meramente intelectual como su filosofía operativa y estaremos comprobando que no concuerda con sus acciones. Sin embargo, la filosofía profunda de una persona es siempre coherente con sus patrones emocionales y de conducta, pues entre ambas cosas se da una relación de causa-efecto. Las creencias son causa de nuestras emociones y conductas.

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El problema surge cuando hemos ido asumiendo estas creencias sin darnos cuenta y sin examinarlas, ya que entonces en el proceso de configuración de esas creencias se cuelan elementos como el miedo, la inseguridad, malas experiencias, conclusiones parciales y muy subjetivas sobre nuestras vivencias, etc. El resultado es que las creencias con las que interpretamos la vida son profundamente irracionales. Y las creencias irracionales limitan nuestra experiencia vital, lejos de potenciarla y amplificarla, generando en las personas un sufrimiento innecesario que se puede articular en sensación de fragilidad de la identidad personal, en la falta de contacto con uno mismo, en la pérdida de nuestros propios criterios, etc.
El objetivo del Asesoramiento Filosófico es, por tanto, ayudar al consultante a identificar sus creencias básicas, a tomar conciencia de la forma en la que éstas configuran su experiencia, y a reflexionar críticamente sobre ellas, transformándolas en creencias cada vez más racionales, objetivas y verdaderas. De esta forma, las personas que acuden a una consulta de Asesoramiento Filosófico cumplen tres objetivos: clarifican su filosofía personal, viven de una forma más consciente, y se conocen más a sí mismos.
Sin embargo, este objetivo global del Asesoramiento filosófico, que bien podríamos sintetizar en vivir de una forma más consciente, no se busca para lograr un mayor bienestar, como sí hacen las psicoterapias. Tampoco para conseguir ciertas metas como intenta hacer el coaching. Evidentemente, el trabajo de una persona que revisa y transforma sus creencias operativas para amplificar su experiencia vital suele traer consigo un mayor bienestar, serenidad y plenitud. Lo que es importante es que la introspección filosófica no se convierta en un medio para alcanzar ese bienestar ni ninguna otra meta más allá del autoconocimiento. El compromiso con una vida más consciente y verdadera es siempre un fin que se busca por sí mismo en una consulta de Asesoramiento filosófico. En el momento en el que se convirtiera en un medio, en una forma de lograr otra cosa, obstaculizaríamos la comprensión y el conocimiento de uno mismo.

Referencias bibliográficas:

Barrientos Rastrojo, José: Introducción al asesoramiento y la orientación filosófica. Ediciones X-XI, Sevilla, 2004. Buena introducción al asesoramiento filosófico, en la que se recoge de una forma bastante sistemática el enfoque de algunos de los asesores más importantes de la actualidad.
Cavallé, Mónica: La filosofía, maestra de vida. Santillana Ediciones Generales, Madrid, 2004. Aunque en otras de sus obras recoge con mayor profundidad su propia concepción del asesoramiento filosófico y de la metodología que ella emplea en sus consultas, este libro ofrece una interesante presentación de algunas de las creencias más difundidas en nuestra sociedad desde la perspectiva de género.
VV.AA: Arte de vivir, arte de pensar. Iniciación al asesoramiento filosófico. Desclée de Brouwer, Bilbao, 2007. En este libro varios autores tratan algunos de los elementos más importantes del asesoramiento filosófico, como son el diálogo, la función de las emociones, la creatividad, la transformación personal y social y la dimensión ética en la consulta filosófica.

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Sainz Benítez de Lugo, Lucía: ¿Qué es el asesoramiento filosófico? En Niaia, consultado el 04/05/2018 en http://www.niaia.es/que-es-el-asesoramiento-filosofico/

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