Categoría: Argumentación moral

Taller de argumentación moral

El diálogo sobre cuestiones morales es un recurso importante cuando nos proponemos abordar la educación en valores. Más en general, el diálogo socrático es una herramienta valiosa para generar una conciencia crítica, tanto cuando trabajamos con niños, como cuando llevamos diálogos con adultos.

El encuentro con otros puntos de vista, la confrontación de ideas y principios morales, el tener que justificar nuestro posicionamientos, todo ello hace que el diálogo sea un espacio en el que se descubren y adquieren valores como el respeto, la autonomía, la responsabilidad o la honestidad.

Distintos autores han propuesto diferentes modelos de cómo debe conducirse ese diálogo de inspiración socrática. Para nuestro taller partimos del marco teórico de Toulmin y tomamos como referentes las propuestas de tres autores: Leonard Nelson, David Bohm y Oscar Brenifier.

mapa conceptual toulmin

Nelson plantea la idea de una verdad establecida por consenso a través de un diálogo que ha seguido una serie de pasos marcados por el facilitador del diálogo. Para nuestro taller, tomaremos esta idea para mostrar una posible vía de trabajo cuando proponemos un trabajo crítico sobre un determinado problema moral.

Por su parte, David Bohm mantiene que, para que se dé verdaderamente un diálogo, se necesita una práctica prolongada en la que el grupo pueda aprender a pensar de forma cooperativa y crítica. Ya que no suelen darse las condiciones ideales que Bohm planteaba, tomaremos su propuesta con fines comparativos, para mostrar las diferencias entre el diálogo como actividad que se prolonga a lo largo del tiempo y un taller en el que contamos con una única sesión en la que la actividad debe ser mucho más dirigida.

Por último, Brenifier ha trabajado durante años en diferentes estrategias y dinámicas para facilitar un taller de práctica filosófica, que permiten generar una conciencia crítica en los participantes del diálogo, de forma que la filosofía, se convierte en una práctica que puede llevarse al aula para trabajar cualquier contenido desde una óptica crítica y autorreflexiva. De su propuesta tomaremos las herramientas para facilitar el taller y proponer un modelo de práctica docente en el que el profesor se convierte en guía y animador del trabajo.

modelo de toulmin

Un elemento común a las propuestas de estos tres autores es que el análisis y evaluación de los argumentos aducidos por los participantes es uno de los momentos centrales del trabajo. Si bien hay diferentes formas de enfrentarnos a esa tarea, en esta ocasión tomaremos el modelo planteado por Stephen Toulmin para reflexionar sobre su potencial a la hora de estructurar el trabajo argumentativo cuando nos estamos enfrentando a un problema moral.

Para la realización del taller, tomaremos un problema moral y trabajaremos sobre los argumentos ofrecidos para justificar las diferentes soluciones al problema, y comprobaremos en qué medida el trabajo sobre la estructura formal de los argumentos nos permite comprender los posibles fallos en la argumentación, así como evaluar la fuerza de los diferentes argumentos planteados.

La propuesta de taller que haremos durante esta sesión pretende servir como ejemplo de lo que podemos hacer en el aula, con alumnos, futuros maestros o profesores, para trabajar cualquier problema moral o, más en general, cualquier cuestión filosófica, de manera que no solo se aborden determinados contenidos, sino que, por la propia ejercitación que el taller plantea, sirva también para que se desarrollen el pensamiento crítico y los valores asociados al diálogo socrático como la honestidad, el rigor, la paciencia, el respeto, la responsabilidad, etc.

 

Referencias:
Bohm, D. (1997) Sobre el Diálogo. Barcelona: Kairós.
Brenifier, O. (2005) El diálogo en clase. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea.
Nelson, L. (2008) El Método Socrático. Cádiz: Hurqualya.
Toulmin, S. (2007) Los usos de la argumentación. Barcelona: Península

 

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Sanz Fuentes, A. Taller de argumentación moral. En Niaia, consultado el 14/01/2018 en http://www.niaia.es/taller-de-argumentacion-moral/

La complejidad social de la conducta moral

Es un esquema de mi aportación al Seminario Ética Experimental en Campus Puerta de Toledo, Universidad Carlos III Madrid, 14/12/2017

Prenotandos

1) El comportamiento moral, como todo otro comportamiento humano, tiene raíces profundas en una larga historia evolutiva; para comprenderlo bien, tenemos que estar bien informados de las aportaciones que realiza la etología, en especial la que se centra en especies más próximas (primates), aunque no solo en estas.

2) En todo caso, existe una discontinuidad radical entre el comportamiento animal en general y el del “animal racional”. Debemos mantener que solo el ser humano es sujeto moral: la dimensión moral es algo que pertenece a la realidad física del ser humano, en tanto que dicha realidad exige «una apropiación real y física de determinadas posibilidades de vida». El ser humano es realidad moral porque es realidad personal y la causalidad moral es un modo de la causalidad personal, como lo es la religación. Comparto, por tanto, el enfoque de Zubiri.

3) Esa discontinuidad es la que da paso a la reflexión filosófica, en tanto que requiere una reflexión sobre el significado y el sentido de lo que nos ocurre y de lo que hacemos con lo que nos ocurre.

4) Desde siempre, esa reflexión filosófica ha estado empíricamente bien informada, lo que implica una percepción atenta y objetiva de lo que hay y un conocimiento fundamentado del comportamiento de eso que hay. La explosión de conocimientos bien fundados provocada por la generalización del método científico a partir del siglo XVII, da paso a la exigencia de una filosofía científicamente bien informada, incluyendo, de manera especial en el caso de la filosofía moral, la necesidad de la contrastación empírica de sus tesis fundamentales. Áreas científicas como la psicología, la sociología, la economía, la politología o la neurología son indispensables para una filosofía moral actual o para una antropología filosófica. Solo así seremos filósofos bien empíricamente bien informados.

PROBLEMAS MORALES

Niveles de complejidad

5) El primer nivel de complejidad de la moralidad viene dado por esa estructura abierta del ser humano: tenemos que hacernos cargo de la necesidad de plasmar nuestras posibilidades de vida en recorridos concretos. Esto no solo se refiere a resolución de problemas sino a algo más profundo: resolver la clase de persona que queremos ser, partiendo de la escucha atenta de lo que funda, posibilita e impele esta exigencia de asumir la orientación de nuestra acción. Obviamente esto no se puede responder de manera sencilla: ni somos claramente transparentes para nosotros mismos ni existe total homogeneidad entre las diferentes etapas de nuestro propio ciclo vital. La identidad personal no deja de ser un relato biográfico.

6) El segundo nivel de complejidad viene dado porque el ser humano es intrínsecamente social: es el animal de la palabra, lo que implica que solo en la palabra compartida con otros seres humanos podemos realizarnos. La pregunta radical se duplica: debemos también resolver la clase de sociedad en la que queremos vivir. Obviamente, eso no podemos responderlo en soledad, sino en procesos de deliberación compartida, intentando llegar a acuerdos en todos aquellos casos en los que los intereses difieren: no se jerarquizan de la misma manera y no se plasman en iguales satisfactores ni se alcanzan por los mismos medios. En general, las divergencias no son contradictorias, sino distintas pero complementarias.

La complejidad normativa

La filosofía moral tiene un carácter de disciplina normativa, no solo descriptiva: nos interesa cómo deben ser las personas, no como de hecho son. Profundizamos en la filosofía moral o ética para llegar a ser buenas personas, no para saber en qué consiste la bondad. Esto plantea dos nuevos niveles de complejidad

7) Para orientarnos en la acción, lo seres humanos, basándose en la experiencia y en la reflexión, han ido plasmando las intuiciones morales en grandes principios, muchas veces concretados en códigos de conducta. Si ponemos a un lado las variaciones contextuales de los diversos códigos morales, podemos decir que, en general, existe un gran acuerdo en los grandes principios morales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un buen ejemplo. No obstante, llegar a acuerdos o descubrir los acuerdos subyacentes no ha sido tarea fácil, y mucho menos fácil es la tarea de convertir esas declaraciones en guías de valor con capacidad real de influir en el comportamiento de instituciones y personas.

dilema del puente

8) Aun existiendo ese acuerdo sobre los valores fundamentales, la complejidad social de la conducta moral está determinada por la complejidad de la situaciones concretas en las que actuamos, lo que provoca dilemas y problemas morales. Los dilemas son situaciones en las que los seres humanos se ven enfrentados a valores en conflicto, como pueden ser las situaciones en las que se considera que puede estar justificado mentir o usar la violencia. Desde la perspectiva de la filosofía experimental, los experimentos del tren o del prisionero son claros. Eso exige establecer jerarquías entre los valores, algo no siempre sencillo. Los problemas son situaciones complejas en las que es necesario, pero difícil, analizar la situación, tener claro los objetivos que se pretenden conseguir, verificar los medios disponibles, evaluar la coherencia y eficacia de dichos medios… Son tareas que exigen un gran esfuerzo, con la participación en muchos casos de diferentes especialistas y con la presencia de intereses a veces contrarios y otras contradictorios, así como con efectos colaterales o secundarios.

Un programa concreto de investigación en filosofía moral

Podemos dar por supuesto que existe la educación moral: esto es, existen procesos y mecanismos mediantes los cuales las generaciones de más edad transmiten a las nuevas generaciones el conjunto de guías de valor y de orientaciones prácticas de acción que son propias de la ética y la moral. No obstante, un buen programa de investigación, propio de una filosofía moral experimental, debería averiguar cuáles son los enfoques y procesos más eficientes para lograr mejores resultados en educación moral, o educación en valores. Dicho programa debe abarcar las siguientes tareas, propias de cualquier investigación rigurosa desde la metodología de la investigación filosófica y de la investigación científica. Es un programa amplio y complejo que implica

9) Es necesario llegar a un acuerdo en lo que entendemos por una buena persona, puesto que ese debiera ser el objetivo general de toda propuesta de educación moral. Es necesario lograr una definición que sea aceptable por la comunidad de personas implicadas en el proceso.

10) Definida la bondad humana, hay que seleccionar un conjunto de variables de observación que puedan ser considerados indicadores del comportamiento propio de una persona buena. Podemos centrarnos en tres o cuatro variables a las que demos un peso mayor en la consideración de alguien como buena persona.

11) A continuación debemos seleccionar un conjunto de instrumentos de medida contrastados, gracias a los cuales podamos detectar de manera válida y fiable el “nivel” o “grado” de bondad al inicio del proyecto de investigación y el alcanzado al final del proyecto. Podemos emplear instrumentos más cuantitativos y otros de tipo cualitativo, dependiendo de las variables que seleccionemos

12) Una propuesta específica de actuación en el aula, cuyo impacto en la educación moral de los estudiantes podemos medir. La intervención, en un grupo de control y otro experimental, debiera afecta al menos a 200 sujetos, 100 en cada grupo.

Breve conclusión provisional

Este programa de investigación, ¿contribuiría a responder la pregunta que ocupó gran parte de la reflexión de Platón sobre la posibilidad de enseñar la virtud? Si así fuera, ¿sería un trabajo de investigación filosófica, educativa, psicológica…?

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García Moriyón, F.: La complejidad moral de la conducta social. En Niaia, consultado el 14/12/2017 en http://www.niaia.es/la-complejidad-s…a-conducta-moral/

El sentido moral

La primera sesión del Seminario Permanente de este año, el papel de la razón en la argumentación moral, dio comienzo con una reflexión sobre lo que entendemos por moral, una palabra usada con mucha frecuencia, pero que no siempre entendemos de la misma manera.

Para poder clarificar el significado del término, utilizamos un ejercicio sobre el sentido moral que nos dio bastante juego. Se trataba de analizar en unas cuantas frases de la vida cotidiana para decidir en qué sentido en cada una de ellas se utilizaba la palabra moral. Estas eran las frases

  • El comportamiento de los ultrasur es completamente inmoral.
  • Los jugadores del equipo iban perdiendo tres a cero en el primer tiempo y perdieron completamente la moral antes de empezar el segundo tiempo.
  • Es una auténtica inmoralidad los precios que tienen ahora los pisos.
  • Aunque hacía mal tiempo, los excursionistas mantenían la moral bien alta y esperaban disfrutar del día.
  • Los salarios que cobran algunos altos ejecutivos serán legales pero atentan contra la moral.
  • Para decidir con qué edad se puede ver una película se utilizan criterios morales.
  • Aquellas personas no respetaron las normas más elementales de la moral cívica.
  • La secretaria presentó una denuncia porque se sentía víctima de acoso moral por parte de su jefe.

No era sencillo dar una respuesta precisa, aunque se podía aceptar que, en general, empleamos el adjetivo “moral” para referir a algo que es bueno, de tal modo que decir que un comportamiento, como el de los ultrasur de la primera frase, no es moral es señalar que el comportamiento no es bueno, o no está bien. Mientras que serían morales los comportamientos o situaciones en las que la gente actúa bien. Junto a ese sentido de la palabra, está otro que, en principio, no guarda mucha relación con el anterior: tener moral o mantener la moral se refiere a un rasgo de las personas que en situaciones específicas no pierde el ánimo y siguen intentando alcanzar las metas que se han propuesto.

Ahora bien, esto plantea algunos problemas añadidos. Por un lado, en general es la sociedad la que decide qué comportamientos son moralmente buenos o malos, pero no siempre hay acuerdo al respecto. Al mismo tiempo es nuestra propia conciencia la que determina en última instancia si algo está bien o está mal. Sea la sociedad o la persona individual, no queda claro que siempre acierten: el que toda la sociedad aprueba algo como bueno puede no ser suficiente, y nosotros mismos no siempre acertamos. En el ejercicio citado antes se incluyen unas preguntas que pueden mostrar la dificultad que tenemos para definir lo que es bueno y lo que es malo.

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En algunas ocasiones, el problema fundamental es que las personas ni siquiera son conscientes de que el problema al que tienen que hacer frente tiene una dimensión moral, dimensión que puede, incluso ser más importante que cualquier otra. A veces esta ceguera moral es el resultado de que no se tienen en cuenta los intereses y problemas de otras personas implicadas, que pasan desapercibidas o son invisibles para quienes toman las decisiones, o no se repara en que no todos los medios son moralmente aceptables para alcanzar un fin, y el que este sea bueno no convierte a los medios empleados en buenos. Es importante, por tanto, mejorar nuestra percepción de esa dimensión moral. Zygmunt Baumann se refiere a esta ceguera denunciando la insensibilidad moral y el deterioro moral progresivo que se produce en una sociedad líquida.

Por otra parte, si bien se puede hablar de que existe un cierto acuerdo en torno a los valores fundamentales que guían y orienta la acción moral humana, también es cierto que eso no resulta suficiente cuando afrontamos un problema concreto. No siempre está claro lo que debemos hacer; incluso estando claro, no siempre es sencillo tener el coraje suficiente par hacerlo. Varias son las dificultades que encontramos y por eso resulta imprescindible un adecuado uso de la razón para sopesar lo que es adecuado hacer:

  1. En casi todas las ocasiones pueden existir valores en conflicto (dilemas morales), de tal modo que respetar uno de ellos puede dañar el otro, lo que exige aclarar la preferencia que puede tener un valor sobre otros. Hay un acuerdo universal acerca de que matar es malo moralmente, pero goza de amplia aceptación la posibilidad de matar en legítima defensa.
  2. Pueden estar muy claro cuáles son los objetivos moralmente buenos que se pretenden conseguir, pero con frecuencia las situaciones son complejas y hay que tener en cuenta muchas cosas, siendo capaces además de prever posibles consecuencias negativas de algunas soluciones.Resultado de imagen de prejuicios mafalda
  3. Por último, como ya hemos comentado, la toma de decisiones no se guía siempre por procesos racionales. La idea del elector racional ha sido cuestionada por muchas investigaciones. Estamos condicionados por estereotipos y prejuicios, por sesgos,  intereses no explícitos o mecanismos de defensa…, y todo ello provoca errores en la toma decisiones con consecuencias a veces muy negativas. Todo ello incluye además sentimientos difíciles de controlar que hacen que nuestra argumentación sea con frecuencia deficiente.

La importancia de mejorar la capacidad de argumentación es, por tanto, es innegable.

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García Moriyón, F.: El sentido moral. En Niaia, consultado el 26/10/2017 en http://wp.me/p86q9f-kf

El papel de la razón en la argumentación moral

El papel de la razón en la argumentación moral

1ª sesión del seminario permanente:  Sesgos y falacias en la argumentación moral

Normalmente, cuando nos piden que definamos qué caracteriza a una buena persona, solemos incluir rasgos o comportamientos que tienen que ver con las emociones. Una buena persona es compasiva, tiene empatía, es valiente, ama y ayuda al próximo… Por el contrario, si nos piden que pensemos en una mala persona nos acordamos de los psicópatas, tipo Hannibal Lecter, personas que comparten una especial carencia de sentimientos, en especial les falta empatía, o los tiene de manera superficial. Por el contrario, poco decimos de sus competencias cognitivas, por apreciables que sean. Es más, con frecuencia escuchamos una frase muy elocuente: «de puro bueno, es tonto».

Seminario Permante 2017-18 1 sesión
No obstante, es cierto que ningún sistema legal del mundo considera legal o moralmente responsable a una persona con importantes carencias cognitivas. Su incapacidad para razonar les convierte en irresponsables. En el mismo sentido va otro viejo dicho popular: de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Es decir, por buenas que sean las intenciones (más asociadas con los sentimientos), los resultados de lo que hacemos pueden ser realmente malos, en general porque no hemos sabido descubrir cuál es el camino correcto para conseguir unos determinados fines.

El papel de la razón en el comportamiento moral es, en principio, bastante elevado. Esto se debe, entre otras cosas, a dos aspectos muy importantes del comportamiento moral. Por un lado, es posible que haya un acuerdo general, en todas las culturas y tiempos, en algunos principios morales básicos, como no matar, decir la verdad, ser valientes, no robar…, pero también en todas las culturas hay excepciones a esos principios que se consideran moralmente justificadas en contextos específicos: algunas veces está bien mentir o matar, ser cobardes o apropiarse de lo ajeno. Para averiguar cuándo se dan esos contextos específicos hay que analizar bien la situación, precisar el núcleo del problema y explorar con rigor cuáles son las alternativas que tenemos.

Por otra parte, la vida cotidiana nos pone con frecuencia en situaciones conflictivas, bien sea porque hay valores que entran en conflicto y no sabemos a cuál dar prioridad, o porque nos relacionamos con personas que tienen intereses diferentes y debemos buscar soluciones que satisfagan a todas. Y sobre todo porque la vida en general es problemática y compleja en muchas ocasiones lo que nos obliga a tener la mente bien despierta y a argumentar bien lo que debemos hacer y cómo lo vamos a hacer.

Además, parece ser un rasgo básico del comportamiento humano —presente ya en niños bien pequeños— la necesidad de justicia en un doble sentido: ser tratados justamente y obrar también con justicia, de tal modo que nuestro comportamiento se ajuste a lo que debe ser y podamos justificar. No solo necesitamos explicar por qué hacemos algo o por qué nos lo hacen a nosotros, sino que necesitamos algo más, necesitamos justificarlo y eso implica dar razones que demuestran que hemos hecho lo debido o lo justo en ese caso. Recordando a Aristóteles, buena persona es no solo la que hace algo bueno, sino la que lo hace por buenas razones y es capaz de dar esas razones.

El problema es que la tarea de justificar, es decir, de dar razón de lo que hacemos no es nada sencilla. Es complicada en sí misma, pues son muchos los aspectos que hay que tener en cuenta, pero también es complicada porque con cierta frecuencia queremos convencer a otros y a nosotros mismos recurriendo a trucos argumentativos, como es el caso de las falacias y el de los sesgos. Como argumentar bien no es sencillo, y cometemos errores involuntarios. Otras veces, sin embargo, se recurre a falacias y sesgos de manera intencionada para convencer, aunque quizá lo mejor sea decir que lo hacemos intentando persuadir, es decir, llevar a los demás y a nosotros a dar por justo y válido un argumento cuando sabemos que, en realidad, no es ni lo uno ni lo otro. Puede ser incluso pero, puesto que podemos intentar manipular para conseguir espuriamente el asentimiento.

manipulación

Los primeros filósofos de la Grecia antigua lo tuvieron claro. Aprender a razonar, aprender lo que llamaban dialéctica o retórica, era fundamental en una sociedad en la que se pensaba que era más importante convencer que vencer, y que la palabra debía suplantar a las armas en la regulación de las relaciones interpersonales y en la toma de decisiones. Por eso analizaron con cuidado las falacias que se cometían al argumentar, puesto que podían llevarnos a error en nuestro proceso de tomas de decisiones, y también porque adulteraban las relaciones sociales al romper fraudulentamente las reglas del juego que facilitan la convivencia y la resolución de conflictos.

Por otro lado, los sesgos son efectos psicológicos que nos llevan a la formulación de juicios poco o nada exactos y en general a comportamientos irracionales. Antiguos como las falacias, solo más recientemente han recibido un tratamiento especial, primero desde el psicoanálisis, al hablar de los mecanismos de defensa del yo, y más tarde desde el mundo de la economía, al analizar la racionalidad de las decisiones, y desde el mundo de la psicología, en su análisis de los prejuicios y de los procesos de atribución. Quizá son incluso más difíciles de detectar que las falacias, pero su efecto no es menos perjudicial si no se tienen en cuenta y se evitan.

En la medida en que una tarea fundamental de la ética es ayudar a resolver de la manera moralmente correcta los problemas a los que tenemos que hacer frente, parece claro que es importante un estudio adecuado de falacias y sesgos, con la confianza en que un mejor conocimiento de los mismos ayudará a tomar mejores decisiones y a resolver mejor los conflictos sociales. No es tarea sencilla; hace falta dedicación atenta y constancia que permita que la ausencia de falacias y sesgos en nuestros argumentos se convierta en un hábito, esto es, un modo de actuar que fluye de manera casi natural. Como nuestra propia supervivencia personal y social depende de que resolvamos bien los problemas, parece ser que contamos con la ventaja de que nuestros genes y nuestros memes nos ayudan a razonar bien. Incluso, cuando no lo hacemos así, es porque confiamos en que la trampa va a funcionar como si hubiéramos aplicado las reglas del buen razonamiento.

Pero lo importante sigue siendo conseguir controlar el impacto nocivo de las falacias y los sesgos. Es un empeño esforzado, pero no imposible

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García Moriyón, F.: El puesto de la razón en la ética. En Niaia, consultado el 03/10/2017 en http://wp.me/p86q9f-kf

Seminario Permanente de Niaiá. Curso 2017-2018

Sesgos y falacias en la argumentación moral:

Los actuales debates políticos, y no solo políticos, están ofreciendo un buen abanico de argumentaciones plagadas de falacias y sesgos que invalidan la propia argumentación, pero no le restan en absoluto eficacia persuasiva. La resolución de los problemas morales y el comportamiento moral, para ser tal, necesitan estar bien argumentados, pues solo así podremos considerar que un comportamiento moral está justificado. Proliferan, sin embargo, multitud de falacias que invalidan el proceso de argumentación y justificación. Abordar este amplio campo es importante y lo haremos este curso en 8 sesiones con los siguientes temas. Todas ellas serán en martes, de 16:00 a 17:30   Este es el programa completo

10 octubre: El papel de la razón en el comportamiento moral, una introducción general. El objetivo es, fundamentalmente, exponer la importancia del razonamiento en el comportamiento moral, así como la dificultad que conlleva razonar de forma válida y fundamentada. Coordina y presenta Félix García Moriyón

Falacias convincentes

Lo malo de las falacias es que tienen apariencia de normalidad.
¡Hay que entrenarse para detectarlas! A veces cuesta verlas. http://falacias.escepticos.es/

14 de noviembre (Conversatorio de Otoño). Las teorías conspiratorias. A lo largo de las historia y en la actualidad, las conspiraciones han gozado de gran aceptación, pero al mismo tiempo con frecuencia son un modo de ofrecer una imagen sesgada de la realidad que “justifique” un determinado comportamiento.  Coordina y prepara el tema, David Seiz Rodrigo

12 de diciembre. El papel de la estadística y las probabilidades. La estadística y el cálculo de probabilidades desempeñan un papel importante en la resolución de problemas morales. Son, sin embargo, frecuentes los errores y falacias en el uso que se hace de ambas. Coordina y prepara el tema, Teresa Sanz

16 de enero. Taller de argumentación moral. Siguiendo en parte el marco teórico de Toulmin, realizaremos un taller de argumentación moral que permitirá profundizar en los recursos para argumentar bien, evitando sesgos y falacias que dificultan la solución de los problemas. Coordina y presenta Ana Sanz

13 de febrero. Conversatorio de Invierno. Las virtudes argumentativas. En los procesos de argumentación moral desempeñan un importante papel algunas virtudes: cordialidad, coraje, voluntad de verdad… Cultivar y cuidar esas virtudes contribuye a mejorar la argumentación. Coordina y presenta: José Ángel Gascón.

13 de marzo. Análisis psicológico de los errores y sesgos en la argumentación. Algunos errores son especialmente recurrentes. Unas, como la racionalización o la proyección, han sido estudiadas por el psicoanálisis. Otras son bien conocidas por la psicología de la cognición, como los procesos de atribución. Y otras de la retórica clásica. Coordina y presenta, María Rodríguez Moneo.

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10 de abril. Los límites de la argumentación. Si bien razonar es fundamental, la acción exige a veces abreviar los procesos o incluso dejarlos en suspenso para actuar; hay un tiempo para argumentar y razonar y un tiempo para actuar. El nudo gordiano, como anécdota alegórica, o la preponderancia de la voluntad, que solo después de la acción recurre a la razón para justificar la decisión tomada, son ejemplos de esos límites. Coordina y presenta Nacho García

8 de mayo. Conversatorio de Primavera. El asesoramiento filosófico. Esta práctica filosófica contribuye a afrontar los sesgos perceptivos y las carencias de la argumentación que bloquean a algunas personas, para ayudarles a tener una visión clara y objetiva de los problemas y encontrar respuestas a los mimos. Coordina y presenta, Lucía Sainz

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El pluralismo como ventaja o inconveniente

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Huberto Marraud Profesor titular. UAM La teoría de la argumentación estudia nuestras prácticas argumentativas¸ es decir, …