Categoría: Argumentación

El papel de la razón en el debate y en la deliberación

Huberto Marraud

Profesor titular. UAM

La teoría de la argumentación estudia nuestras prácticas argumentativas¸ es decir, las prácticas en las que pedir, dar y recibir razones es un componente esencial. Entre esas prácticas ocupa un lugar destacado la deliberación, un tipo de diálogo o intercambio argumentativo en el que los participantes intentan tomar conjuntamente una decisión sobre un asunto de interés común. El debate, que Douglas Ehninger y Wayne Brockriede definen como un procedimiento para la toma crítica de decisiones en el que las partes apelan a un árbitro y se comprometen a acatar sus decisiones, proporciona otro ejemplo de práctica argumentativa.

La teoría de la argumentación, como es sabido, es un campo interdisciplinar en el que confluyen la lingüística (pragmática, lingüística del texto, análisis del discurso), la psicología del razonamiento, la teoría de la comunicación, la retórica, la dialéctica y la filosofía (lógica, epistemología). Podría decirse que, de esas perspectivas, la retórica, la lógica y la dialéctica son las tres perspectivas clásicas en teoría de la argumentación. De hecho podría decirse que la teoría de la argumentación surgió con la confluencia, hacia mediados del siglo XX, de estas tres perspectivas, que hoy entendemos a partir de lo que llamo “el principio de las tres Ps” de Joseph Wenzel. Según ese principio, la perspectiva retórica atiende a la argumentación como un proceso natural de comunicación persuasiva, mientas que la perspectiva dialéctica examina la argumentación como un procedimiento o método cooperativo para la toma de decisiones, y, finalmente, la perspectiva lógica se centra y evalúa los argumentos que construimos al argumentar. La tripartición de la teoría de la argumentación en retórica, lógica y dialéctica puede ser simplista, e incluso injusta con otras perspectivas, como la socio-institucional por la que aboga Luis Vega o la lingüística que predomina en los países francófonos, pero es un punto de partida casi obligado.

 

Foto de Maria Isavel Valarezo
Mural ubicado entre la Av. 10 de Agosto e I. Veintimilla, Quito..

De las tres perspectivas clásicas la dialéctica es al mismo tiempo la menos popular y quizá la más importante. El desconocimiento de la dialéctica se debe a una historia bastante tortuosa, con periodos de desaparición y de confusión con otras artes y ciencias, que ha hecho que el término ‘dialéctica’ resulte hoy equívoco, como confirma una consulta al Diccionario de la Lengua Española. El Diccionario recoge nada menos que 10 acepciones de “dialéctica”:

1. adj. Perteneciente o relativo a la dialéctica.
2. m. y f. Persona que profesa la dialéctica.
3. f. Arte de dialogar, argumentar y discutir.
4. f. Método de razonamiento desarrollado a partir de principios.
5. f. Capacidad de afrontar una oposición.
6. f. En un enfrentamiento, apelación a algún tipo de violencia. La dialéctica de las armas.
7. f. Relación entre opuestos. La dialéctica de vencedores y vencidos.
8. f. Fil. En la doctrina platónica, proceso intelectual que permite llegar, a través del significado de las palabras, a las realidades trascendentales o ideas del mundo inteligible.
9. f. Fil. En la tradición hegeliana, proceso de transformación en el que dos opuestos, tesis y antítesis, se resuelven en una forma superior o síntesis.
10. f. Fil. Serie ordenada de verdades o teoremas que se desarrolla en la ciencia o en la sucesión y encadenamiento de los hechos.

El Diccionario remite además a la frase “materialismo dialéctico”, que define como “Doctrina marxista que, frente a una teoría estática de la materia, sostiene que lo real en su totalidad está regido por enfrentamientos, oposiciones y contradicciones que determinan esa realidad material.”

En la propia teoría de la argumentación conviven dos concepciones distintas de la dialéctica. El nombre puede referirse, en primer lugar, al arte de la controversia o del debate, con confrontación de opiniones y de argumentadores. La dialéctica así entendida se centra en las reglas y procedimientos convencionales que rigen los intercambios argumentativos. Es lo que podemos llamar “dialéctica argumentativa”. La acepción 3 del Diccionario de la Lengua Española corresponde, aproximadamente, a esta dialéctica argumentatuva. Pero por dialéctica también puede entenderse al estudio de las oposiciones entre argumentos. Esta concepción presupone un concepto comparativo de argumento convincente, y puede definirse como el estudio de la fuerza de los argumentos. El propósito de esta “dialéctica argumental” es desarrollar estándares y criterios para comparar y evaluar la fuerza relativa de los argumentos. De forma muy aproximada, la acepción 7 del diccionario corresponde a esta dialéctica argumental.

La sesión del seminario tratará de la dialéctica argumentativa, y pretende ser una presentación y una vindicación de esta disciplina. Si la retórica mira la argumentación con los ojos del argumentador, cuyo propósito es persuadir a la audiencia, y la lógica lo hace con los ojos del receptor del argumento, que tiene que decidir si acepta la conclusión propuesta por las razones ofrecidas, la dialéctica se centra en su interacción. Por ello la dialéctica tiene un carácter social o colectivo, frente al individualismo de la retórica y la lógica, que hace de ella una aproximación más prometedora a las prácticas argumentativas, capaz de integrar las otras dos perspectivas.

El primer objetivo de la sesión es definir la dialéctica argumentativa, diferenciándolo de los enfoques retórico y la lógico, y mostrando al mismo tiempo su complementariedad. Los tres enfoques clásicos son normativos y definen distintos sentidos de “buen argumento”. El segundo objetivo de la charla es mostrar cómo se evalúan los argumentos desde esas tres perspectivas y cómo reconocer las críticas de uno y otro tipo. Finalmente, el tercer objetivo es mostrar la importancia de la dialéctica para asegurar la racionalidad de creencias, intenciones y actitudes –es decir, para asegurar que éstas se apoyan en las mejores razones.

Bibliografía.

Marraud, H. (2018a) Prácticas lingüística y prácticas argumentativas. En C. Noemi Padilla (ed.), Perspectivas sobre el significado, pp. 85-108. La Serena: Universidad de la Serena.

Marraud, H. (2018b) La calidad de la argumentación en las democracias contemporáneas. De próxima aparición en Quadripartita Ratio.

Vega Reñón, L. (2015) Introducción a la teoría de la argumentación. Problemas y perspectivas. Lima: Palestra.

Si desea citar esta entrada

Marraud, Hubert (2018). El papel de la razón en el debate y en la deliberación. En Niaia, consultado el 29/10/2018 en http://www.niaia.es/el-papel-de-la-razon-en-el-debate-y-la-deliberacion/  

Las imágenes, tomadas de un artículo de María Isabel Valarezo. Reportera gráfica. 15 Noviembre 2014

Seminario Permanente 2ª sesión

Hubert Marraud: El papel de la razón en el debate y la deliberación

El próximo martes día 6 de noviembre tenemos la segunda sesión del seminario permanente del grupo de trabajo Niaiá, dedicado este año a El sentido del debate en sociedades democráticas

En la próxima sesión, Hubert Marraud, profesor titular de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAM, especialista en el campo de la argumentación, centrará la reflexión en el papel específico que tiene la razón en el debate y la deliberación. Una síntesis de lo que va a exponer está publicada en otra entrada de este blog.

La sesión comenzara a las 17:15, quince minutos más tarde de lo habitual. Será retransmitida en directa a través de adobeconnect

 

Los límites de la argumentación

En toda resolución de problemas es necesario y muy importante seguir un riguroso y cuidadoso proceso de argumentación. En primer lugar hace falta definir bien cuál es el problema y en segundo lugar hay que buscar los medios adecuados que nos permitan resolverlo adecuada y satisfactoriamente.

Ciertamente no es sencillo argumentar bien, pues los sesgos, los prejuicios, los mecanismos de defensa, los intereses…, son pequeños obstáculos que provocan errores apreciables en la resolución de problemas.

Los límites de la argumentación

Sin embargo, incluso en los casos en los que el proceso se lleva bien, puede haber dificultades de otro tipo que impidan argumentar de manera adecuada. Hay situaciones en las que no disponemos de tiempo suficiente para explorar bien todos los aspectos del problema y todas las alternativas que podemos escoger para solucionarlo. En esos momentos, necesitamos decidir rápidamente, como en la famosa anécdota de Alejandro Magno cuando le exigían que deshiciera el nudo gordiano.

Y hay otras ocasiones en las que el problema lo provoca un conflicto de intereses que se percibe como irreconciliable: dos partes afrontan el mismo problema, pero cada una con intereses distintos, incluso contradictorios. Abandonado, a veces precipitadamente, el esfuerzo por encontrar una solución intermedia, se opta por el conflicto en el que alguien va a perder. Se abandonan las palabras y los argumentos y se pasa a la acción, que en algunos casos puede ser violenta y en otros no.

En la próxima sesión del Seminario, el martes día 10 de abril, abordaremos este tema. En esta ocasión será Nacho García, coordinador Académico del Instituto Internacional por la Acción Noviolenta, NOVACT, además de miembro de el equipo de Niaiá, quien dirija y coordine la sesión.

Razonando bien y mal. (Incluso en cuestiones morales)

Antonio Palacios

La cuestión de los problemas y sesgos en el razonamiento es una cuestión que ya es considerada en la mitología griega. Por ejemplo, el mito de Procusto escenificó nuestra tendencia a deformar y ajustar la realidad a nuestra forma de pensar. Posteriormente, la tradición empirista insistió en esas limitaciones e hicieron de ellas una pieza fundamental en su análisis del funcionamiento humano e incluso las convirtió en una de sus ideas fundamentales. Sir Francis Bacon (Bacon, 1620) planteó claramente en su teoría de los “idola” la necesidad de eliminar muchas de las tendencias naturales de la mente humana que eran fuentes de error en los juicios denominándolos  “ídolos de la tribu”. Para Bacon la mente humana tiende a imaginar conexiones, relaciones y analogías que en no existen en la realidad. Es decir, establece concatenaciones de hechos basándose simplemente en la idea de que le resultan agradables; dando de esta forma preferencia a las supersticiones sobre la verdad de la naturaleza. Además,  la mente humana tiende a precipitarse en su funcionamiento y sacar conclusiones basadas en datos incompletos o incorrectos. Este sesgo de la mente humana es denominado por Bacon como la “anticipación de la naturaleza”  frente a la “interpretación de la naturaleza” fruto de la aplicación de su método inductivo. Adicionalmente, y casi a modo de conclusión general, Bacon contradice la idea de que el hombre sea la medida de las cosas; dada la incapacidad de nuestra mente de funcionar racionalmente, es decir, ajustándose y evaluando los datos de la experiencia correctamente.

La racionalidad de las decisiones de las personas fue retomada en el final del siglo XIX desde una perspectiva económica. Véanse, por ejemplo, los análisis de John Stuart Mill sobre la Política Económica (Heukelon, 2014). No obstante, estos análisis sobre las decisiones de las personas fueron considerados desde un punto de vista puramente teórico.

Paradójicamente, la cuestión de la racionalidad del funcionamiento de la mente humana fue dejada a un lado con la separación de la psicología de la filosofía y su consolidación como ciencia empírica y positiva. El pragmatismo del William James influyo notablemente en los primeros pasos en el estudio de la inteligencia humana que se centraron en la medición y en su función adaptativa al medio mediante la solución de problemas, apartando por tanto la cuestión aparentemente filosófica de la racionalidad o no de la mente humana.

White-Liberals-Black-Conservatives

Esta cuestión se retomó a principios del siglo  XX  cuando se unieron los desarrollos de la economía (Economics Behavior) con la perspectiva psicométrica (Psychometrics) de medida de la inteligencia de las personas en lo que se refiere a las decisiones económicas. No obstante, los estudios de los economistas asignaban inicialmente la racionalidad como característica de la forma en la que tomamos las decisiones, de hecho la pregunta sobre la racionalidad de las decisiones humanas se empezó a considerar seriamente a partir de 1960. No obstante, los desarrollos de la disciplina económica seguían considerando la racionalidad como el fundamento de estos estudios (Heukelon, 2014)

Casi simultáneamente, la pregunta sobre la racionalidad de nuestro pensamiento volvió a ser un punto de atención para la psicología con el desarrollo de la psicología cognitiva o del procesamiento de información. En este contexto, una tarea clásica, que produjo un gran impacto en esta cuestión, fue la tarea de las cuatro tarjetas de Wason (Wason, 1966). En esta tarea se presentaban los anversos de cuatro tarjetas y se les decía que en cada tarjeta había un número por un lado y una letra por el otro. Por ejemplo, cuatro tarjetas con los valores “A”,“K”,”4”,”7”  y se preguntaba a los sujetos ¿qué tarjetas había que dar la vuelta para averiguar si una afirmación, en concreto, “Si en un lado hay una vocal, en el otro lado hay un número par” era correcta o no? La solución a este problema de lógica es levantar la primera “A” y la última tarjeta “7”. Pues bien, esta solución racional y lógica tenía una frecuencia de elección muy baja, incluso entre sujetos de formación universitaria, de hecho la respuesta más frecuente era “A” y “4”. Para complicar más el asunto de la racionalidad, versiones “contextualizadas” de la tarea mostraban un resultado “racionalmente” casi perfecto.

En este contexto se enmarcan los trabajos de Tversky y Kahneman sobre las decisiones en situaciones de incertidumbre (resumidos en un magistral libro, Kahneman, 2008). Estos trabajos cuestionan la visión económica clásica a la vez que son el apoyo de un modelo de procesamiento de la información.

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Este modelo tiene dos conceptos fundamentales:

El primero es la postulación de dos sistemas de procesamiento de la información, sistema 1 y sistema 2. El sistema 1 se ocupa de nuestras tareas habituales que desarrollamos, o hemos sido capaces de aprender a desarrollar, de manera automatizada y con poco esfuerzo y consciencia de ellas. Por ejemplo, “leer una valla publicitaria con letras grandes”. Una  característica que las hace ser “peligrosas” es que son casi imposibles de detener una vez puesto en marcha y son poco susceptibles a la interferencia. Es decir, el sistema 1 es rápido, no duda de sus respuestas y consume pocos recursos mentales.  El sistema 2 se ocupa de tareas que no nos resultan habituales, que no tenemos automatizadas y que nos requieren esfuerzo y consciencia para su realización. Por ejemplo, “Contar el número de ‘oes’ de este post”. Al contrario que las tareas del sistema 1, estas tareas se pueden interrumpir en cualquier momento y son susceptibles a la interferencia y a la duda sobre sus resultados. Una conclusión general del funcionamiento cognitivo es que el sistema 2 NO está siempre disponible y esa NO disponibilidad afecta a todos los juicios que realizamos, por ejemplo. Cuando estamos saturados cognitivamente tendemos a tomar decisiones más egoístas, a usar un lenguaje más sexista o a realizar juicios sociales más superficiales.  E incluso puede tener repercusiones morales más directas, como dice Kahneman, cuando el sistema 2 no está disponible creemos casi cualquier cosa.

El segundo es la existencia de sesgos y heurísticos en nuestra forma de razonar cuando tomamos decisiones. Los sesgos son errores de funcionamiento que nos llevan a buscar una coherencia excesiva en nuestras apreciaciones o a confirmar nuestras ideas previas o a pensar que lo que tenemos accesible es TODO lo que hay sobre una cuestión.

Estas dos cuestiones se resumen en una pregunta eminentemente práctica ¿Por qué es tan difícil pensar estadísticamente cuando tomamos cualquier decisión?

Para terminar tenemos la cuestión de la aplicación de estos sesgos a la hora de realizar razonamientos moral. Por ejemplo:

  • Cómo el contexto en el que se presente el dilema o el problema moral puede afectar a nuestro razonamiento.
  • Cómo la rapidez a la hora de evaluar un problema moral nos llevaría a buscar la confirmación directa de nuestras ideas iniciales a partir de las cuales evaluamos la situación.
  • Cómo la pregunta: ¿Es Antonio una buena persona?, no es evaluada de la misma forma que ¿Es Antonio una mala persona?

Referencias:

Bacon, F. (1620)    The New Organon: or True Directions Concerning the Interpretation of Nature. Kessinger Publishing, 2004, London.

Heukelom, F, (2014) Behavioral Economics: A History Cambridge University Press: New York.

Kahneman, (2008) Thinking Fast and Slow. Farrar, Straus and Giroux: New York. (En español, Barcelona: Círculo de lectores, 2013)

Wason, P.C. (1966) Reasoning:  In Foss, B. (Ed.): New Horizons in Psychology. Penguin Books. pp. 135-151, New York

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Palacios, A.: Las virtudes argumentativas. En Niaia, consultado el 31/01/2018 en http: http://www.niaia.es/razonando-bien-y-mal-incluso-en-cuestiones-morales/ ‎

Las virtudes argumentativas: sesión del seminario

Como estaba anunciado en el programa, el próximo martes tenemos la sesión dedicada a dialogar sobre las virtudes argumentativas.

las-virtudes-argumentativas

Durante la sesión tendremos ocasión de conversar sobre el significado de estas virtudes y sobre qué implican en contextos concretos. Además, se presentarán algunos ejemplos en los que el carácter del argumentador parece influir (para bien o para mal) en la argumentación. Estos casos nos permitirán comenzar una discusión en común sobre la relevancia de las virtudes en la discusión. Se animará a los asistentes a que compartan historias y anécdotas en las que se ponga de manifiesto alguna virtud (o falta de virtud). Al fin y al cabo, esa es una de las formas de adquirir un aprendizaje de las virtudes: compartir historias de personas que destaquen por alguna virtud con el fin de tenerlas en mente como ejemplos a los que imitar.

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