Categoría: deliberación

¿Puede ser constructiva la controversia?

Nacho García Pedraza.

Socio de Cooperativa ecosocial Garua. Miembro de Niaiá

Cualquier persona que se dedique a la docencia o la investigación contestaría de forma inmediata que sí, que no solo es constructiva sino necesaria para avanzar en cualquier proceso de aprendizaje o investigación. La controversia, relacionada con cuestionar las propias creencias o saberes adquiridos, da pie a mejorar los argumentos que los sostienen o a modificarlos si hubiera argumentos mejores. Incluso, en teoría política, la controversia también es necesaria para avanzar. Ahora bien, en la práctica cotidiana, al menos en la práctica de la política de los partidos políticos, no parece que la controversia nos permita avanzar ni que genere ambientes constructivos de deliberación.

Una de las claves de que la controversia no sea constructiva es precisamente ese ambiente. La controversia constructiva se dará solo en un contexto cooperativo regulado por normas de interacción que favorezcan el intercambio de ideas. Es decir, en un contexto sano a nivel grupal, dónde los intereses y necesidades individuales de unos no se vivan como enfrentados a los intereses y necesidades de los otros, dónde las interacciones entre las personas sean cuidadosas y respetuosas, dónde el poder y el ego esté supeditado al interés común de aprender. En los procesos de aprendizaje o investigación es más sencillo encontrar estas condiciones de partida, o es más sencillo generarlas porque, si el interés último es el aprendizaje, es más sencillo evitar esa confrontación por choque de intereses y es más fácil que se trabaje sobre ideas y no se vinculen tanto estas a las personas que las sostienen, es decir, que no convirtamos la discusión en torno a una idea en una lucha de poderes o egos en torno a las personas que las sostienen. Los procesos de investigación o aprendizaje pueden también estar regulados con más frecuencia por normas de interacción constructivas que den lugar a la aparición de nuevas ideas distintas de las de partida. En la política practicada por los partidos, el interés último es el poder, ganar las elecciones y se pierde de vista el interés colectivo, llevando a cada discusión esta lucha de poder.

Es cierto que el contexto general contracolectivo en el que vivimos, donde lo que prima en la esfera pública es la competición, el interés productivista y los valores individuales no favorece la aparición de contextos adecuados para la controversia constructiva. Esto afecta incluso a los espacios de generación de conocimiento e investigación, en los que la importancia en la autoría de un conocimiento y la financiación de un proceso de investigación se alimentan de este contexto contracolectivo y a su vez lo alimentan.

En un contexto como este se produce también un crecimiento frenético de la tecnología que nos coloca ante múltiples controversias, muchas de carácter ético; discutirlas para encontrar la mejor opción es fundamental en nuestro desarrollo colectivo. Me llama la atención constatar  cómo proliferan cada vez más los concursos de debate y los cursos de oratoria, dónde se confrontan dos ideas no con el ánimo de discutirlas y construir a partir de la controversia sino con el objetivo de que gane la que te ha tocado defender (independientemente de que estés de acuerdo o no), y para eso se fomenta que la clave reside en dominar los recurso de la oratoria. Es delicado ver cómo herramientas que ayudan a colocarse en otras posturas o que mejoran nuestra capacidad de argumentación —y por lo tanto ayudarían a generar esos contextos e interacciones necesarias para la controversia constructiva— se convierten en un fin en sí mismo dónde lo importante es ganar y no crear. Para que esto no suceda, para que cuando haya controversia la podamos tratar de forma constructiva es fundamental cuidar los grupos en los que nos encontramos, atender a las necesidades individuales y colectivas, cuidar las relaciones entre las personas y fomentar interacciones positivas entre sus miembros.

Si desea citar esta página

García Pedraza, Nacho (2018).  ¿Puede ser constructiva la controversia? En Niaia, consultado el 29/10/2018 en https://www.niaia.es/puede-ser-constr…-la-controversia/

El papel de la razón en el debate y en la deliberación

Huberto Marraud

Profesor titular. UAM

La teoría de la argumentación estudia nuestras prácticas argumentativas¸ es decir, las prácticas en las que pedir, dar y recibir razones es un componente esencial. Entre esas prácticas ocupa un lugar destacado la deliberación, un tipo de diálogo o intercambio argumentativo en el que los participantes intentan tomar conjuntamente una decisión sobre un asunto de interés común. El debate, que Douglas Ehninger y Wayne Brockriede definen como un procedimiento para la toma crítica de decisiones en el que las partes apelan a un árbitro y se comprometen a acatar sus decisiones, proporciona otro ejemplo de práctica argumentativa.

La teoría de la argumentación, como es sabido, es un campo interdisciplinar en el que confluyen la lingüística (pragmática, lingüística del texto, análisis del discurso), la psicología del razonamiento, la teoría de la comunicación, la retórica, la dialéctica y la filosofía (lógica, epistemología). Podría decirse que, de esas perspectivas, la retórica, la lógica y la dialéctica son las tres perspectivas clásicas en teoría de la argumentación. De hecho podría decirse que la teoría de la argumentación surgió con la confluencia, hacia mediados del siglo XX, de estas tres perspectivas, que hoy entendemos a partir de lo que llamo “el principio de las tres Ps” de Joseph Wenzel. Según ese principio, la perspectiva retórica atiende a la argumentación como un proceso natural de comunicación persuasiva, mientas que la perspectiva dialéctica examina la argumentación como un procedimiento o método cooperativo para la toma de decisiones, y, finalmente, la perspectiva lógica se centra y evalúa los argumentos que construimos al argumentar. La tripartición de la teoría de la argumentación en retórica, lógica y dialéctica puede ser simplista, e incluso injusta con otras perspectivas, como la socio-institucional por la que aboga Luis Vega o la lingüística que predomina en los países francófonos, pero es un punto de partida casi obligado.

 

Foto de Maria Isavel Valarezo
Mural ubicado entre la Av. 10 de Agosto e I. Veintimilla, Quito..

De las tres perspectivas clásicas la dialéctica es al mismo tiempo la menos popular y quizá la más importante. El desconocimiento de la dialéctica se debe a una historia bastante tortuosa, con periodos de desaparición y de confusión con otras artes y ciencias, que ha hecho que el término ‘dialéctica’ resulte hoy equívoco, como confirma una consulta al Diccionario de la Lengua Española. El Diccionario recoge nada menos que 10 acepciones de “dialéctica”:

1. adj. Perteneciente o relativo a la dialéctica.
2. m. y f. Persona que profesa la dialéctica.
3. f. Arte de dialogar, argumentar y discutir.
4. f. Método de razonamiento desarrollado a partir de principios.
5. f. Capacidad de afrontar una oposición.
6. f. En un enfrentamiento, apelación a algún tipo de violencia. La dialéctica de las armas.
7. f. Relación entre opuestos. La dialéctica de vencedores y vencidos.
8. f. Fil. En la doctrina platónica, proceso intelectual que permite llegar, a través del significado de las palabras, a las realidades trascendentales o ideas del mundo inteligible.
9. f. Fil. En la tradición hegeliana, proceso de transformación en el que dos opuestos, tesis y antítesis, se resuelven en una forma superior o síntesis.
10. f. Fil. Serie ordenada de verdades o teoremas que se desarrolla en la ciencia o en la sucesión y encadenamiento de los hechos.

El Diccionario remite además a la frase “materialismo dialéctico”, que define como “Doctrina marxista que, frente a una teoría estática de la materia, sostiene que lo real en su totalidad está regido por enfrentamientos, oposiciones y contradicciones que determinan esa realidad material.”

En la propia teoría de la argumentación conviven dos concepciones distintas de la dialéctica. El nombre puede referirse, en primer lugar, al arte de la controversia o del debate, con confrontación de opiniones y de argumentadores. La dialéctica así entendida se centra en las reglas y procedimientos convencionales que rigen los intercambios argumentativos. Es lo que podemos llamar “dialéctica argumentativa”. La acepción 3 del Diccionario de la Lengua Española corresponde, aproximadamente, a esta dialéctica argumentatuva. Pero por dialéctica también puede entenderse al estudio de las oposiciones entre argumentos. Esta concepción presupone un concepto comparativo de argumento convincente, y puede definirse como el estudio de la fuerza de los argumentos. El propósito de esta “dialéctica argumental” es desarrollar estándares y criterios para comparar y evaluar la fuerza relativa de los argumentos. De forma muy aproximada, la acepción 7 del diccionario corresponde a esta dialéctica argumental.

La sesión del seminario tratará de la dialéctica argumentativa, y pretende ser una presentación y una vindicación de esta disciplina. Si la retórica mira la argumentación con los ojos del argumentador, cuyo propósito es persuadir a la audiencia, y la lógica lo hace con los ojos del receptor del argumento, que tiene que decidir si acepta la conclusión propuesta por las razones ofrecidas, la dialéctica se centra en su interacción. Por ello la dialéctica tiene un carácter social o colectivo, frente al individualismo de la retórica y la lógica, que hace de ella una aproximación más prometedora a las prácticas argumentativas, capaz de integrar las otras dos perspectivas.

El primer objetivo de la sesión es definir la dialéctica argumentativa, diferenciándolo de los enfoques retórico y la lógico, y mostrando al mismo tiempo su complementariedad. Los tres enfoques clásicos son normativos y definen distintos sentidos de “buen argumento”. El segundo objetivo de la charla es mostrar cómo se evalúan los argumentos desde esas tres perspectivas y cómo reconocer las críticas de uno y otro tipo. Finalmente, el tercer objetivo es mostrar la importancia de la dialéctica para asegurar la racionalidad de creencias, intenciones y actitudes –es decir, para asegurar que éstas se apoyan en las mejores razones.

Bibliografía.

Marraud, H. (2018a) Prácticas lingüística y prácticas argumentativas. En C. Noemi Padilla (ed.), Perspectivas sobre el significado, pp. 85-108. La Serena: Universidad de la Serena.

Marraud, H. (2018b) La calidad de la argumentación en las democracias contemporáneas. De próxima aparición en Quadripartita Ratio.

Vega Reñón, L. (2015) Introducción a la teoría de la argumentación. Problemas y perspectivas. Lima: Palestra.

Si desea citar esta entrada

Marraud, Hubert (2018). El papel de la razón en el debate y en la deliberación. En Niaia, consultado el 29/10/2018 en http://www.niaia.es/el-papel-de-la-razon-en-el-debate-y-la-deliberacion/  

Las imágenes, tomadas de un artículo de María Isabel Valarezo. Reportera gráfica. 15 Noviembre 2014

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