Categoría: Ecologismo

El tamaño importa y mucho

Luis González Reyes

Miembro de Ecologistas en Acción

 

Virus ha editado en castellano —con unas notas a pie de la traductora que son muy valiosas para encuadrar el libro— El colapso de las naciones de Leopold Kohr. Es una obra cuya primera publicación fue en 1957, pero que continúa siendo interesante. Plantea que la causa de todos los males humanos es solo una: el tamaño de las unidades políticas.

Empiezo con las carencias que considero que tiene el análisis. La primera es que creo que intentar explicar con un único factor alto tan complejo como las sociedades humanas, aunque sea solo en uno de sus rasgos como es la dominación, es imposible.

En el libro, Leopold Kohr rechaza que el sistema económico forme parte de las causas de la miseria social. En concreto, el capitalismo. Modestamente, creo que no entiende qué es y cómo funciona nuestro sistema socioeconómico. Una muestra es que califica a la URSS como no capitalista, pero sobre todo que no entiende la necesidad de acumulación, la proletarización como herramienta de control social, el imperativo del crecimiento o las implicaciones de la mercantilización social y del incremento de la dimensión del mercado (lo que le permite, por ejemplo, defender la unión aduanera que se produciría años después de su libro en la UE).

También argumenta que el orden político no contribuye a los males sociales. Nuevamente, considero que no entiende lo que es el Estado. No comprende su creación y funcionamiento como sistema de dominación. Por ello, en un momento de la obra argumenta cómo sería posible su disolución voluntaria o muestra a Suiza como un ejemplo a seguir.

Así mismo descarta la cultura como elemento que desempeñe algún papel en la dominación humana. Para hacerlo, usa muchos ejemplos de distintas culturas, pero todas ellas se basan en la dominación. El texto adolece de una mirada temporal y antropológica más amplia en este sentido.

Usa la física para explicar el orden social llevando las analogías demasiado lejos, pues las sociedades humanas no solo se rigen por las leyes de la termodinámica, por más que no puedan escapar de ellas. Pero, a la vez, carece de una visión biofísica de las sociedades y los límites ambientales no están ni presentes entre los factores a considerar para explicar las relaciones de dominación.

Finalmente, el libro no nombra otros sistemas de dominación fundamentales que operan en el plano micro (pero no solo). Entre ellos destaca el patriarcado. En él, las relaciones de poder se articulan desde lo pequeño, no solo desde lo macro, lo que es un desafío a la tesis del autor de primer orden, que el libro no contempla.

Pero dicho todo esto, el libro merece la pena. La tesis central que sostiene, por más que en solitario no pueda explicar las relaciones sociales asimétricas actuales, es imprescindible considerarla en el marco analítico. El gigantismo no lo explica todo, pero sin este factor tampoco podemos entender lo que sucede. Por ello, este es un libro que hay que leer.

La idea básica de Leopold Kohr es la «Teoría del tamaño, que sugiere que tras toda miseria social hay una sola causa: la magnitud”. Por una parte, argumenta que los problemas crecen en proporción geométrica, pero la habilidad de las personas para lidiar con ellos lo hace en aritmética (en el mejor de los casos). De este modo, anticipa la Ley de rendimientos decrecientes que después usaría Joseph Tainter en El colapso de las sociedades complejas (2003).

Pero la cuestión va mucho más allá de problemas que se van haciendo cada vez más inmanejables, pues la clave es que: “Nadie podría perpetrar atrocidades sin el poder para hacerlo. Pero esa no es la cuestión. El quid es que la proposición también funciona a la inversa. Cualquiera que disponga de poder, al final, acabará cometiendo las atrocidades correspondientes”.

Un elemento central para que esto último suceda es la “ley de sensibilidad decreciente, según la cual cada sucesiva comisión de un crimen carga sobre su perpetrador un menor sentimiento de culpa, disminuyendo a la vez el grado de sorpresa de la población en general. Esto llega tan lejos que, cuando el mal comportamiento alcanza el estadio de la comisión en masa, este entumecimiento y complejidad general pueden instalarse de tal manera que los asesinos pierden todo sentido de su criminalidad, y los observadores toda noción de crimen”.

Las relaciones de dominación se desatan cuando se alcanza una “cantidad crítica”, que es “todo aquel volumen de poder que confiere inmunidad frente a la represalia”. Por ello, en muchas partes de la obra el autor señala la importancia de tener contrapoderes, lo que es mucho más fácil cuando más pequeñas sean las entidades, sobre todo porque esto permite que todas tengan contrapoderes y no solo las más débiles.

No solo es necesario alcanzar la cantidad crítica, sino que la entidad sea consciente de ello: “la creencia de que el volumen crítico de fuerza ha sido efectivamente alcanzado”.

Esta cantidad crítica depende de dos factores fundamentalmente. Por una parte, la densidad (“correlación entre la población y el área geográfica”) y por otra la velocidad (“extensión de su integración administrativa y su progreso tecnológico”). Pero también influye la distancia física entre las entidades (la dominadora y la dominada), pues “el poder efectivo disminuye a medida que aumenta la distancia”.

La tesis que defiende el libro conlleva una visión antropológica negativa del ser humano, pues en cuanto tiene la posibilidad (piensa que es inmune) se lanza a controlar a sus congéneres. Para poder tener visiones más poliédricas de la naturaleza humana es necesario introducir una mirada compleja de la dominación, lo que requiere rescatar el papel de los sistemas económicos, políticos y culturales, algo que el autor descarta.

En coherencia con su tesis, Leopold Kohr defiende que la solución a la desigualdad y el sometimiento es la división, la desunión. Propone partir los Estados grandes en pequeños. Aunque no se sale del marco estatal, a veces, cuando habla de Estados muy pequeños, parece referirse casi a organizaciones no estatales, es decir, sin escisión de un estrato social para el mando. Desde ahí se puede entender su afirmación de que los Estados pequeños son “por naturaleza internamente democráticos”. En contraposición sostiene que cualquier Estado grande es imposible que sea democrático.

En esa situación no dejarían de existir guerras, pero serían mucho menos sangrientas. Su opción no es entre la paz y la guerra, sino entre las guerras grandes, y las pequeñas y territorializadas, pues, como he señalado, su visión del ser humano es de un animal dominador por naturaleza.

El libro, además de esta indudable aportación para identificar el gigantismo como uno de los elementos claves del orden social desigual, lanza algunas ideas que fueron muy visionarias para su época. Por ejemplo, critica el consumismo y la velocidad como indicadores de calidad de vida: “lo que estadísticamente tenía aspecto de progreso equivalió realmente a la disminución del nivel de vida”, “¿desde cuándo la creación de nuevas necesidades es un signo de progreso?”, “exceso de crecimiento”. Esto, junto a su tesis principal, indudablemente influyeron en su discípulo Ernst Friedrich Schumacher para escribir Lo pequeño es hermoso (1973).

También adelanta los problemas que ahora son palpables de una UE compuesta por potencias desiguales (por entonces solo existía la CECA, la Comunidad Europea del Carbón y de Acero).

Por último, lanza la predicción de que el final al que se encaminan los Estados es a una fusión imperial. Así plantea que EEUU y la URSS se convertirían en las únicas superpotencias de las cuales solo terminaría quedando una. Pero que esa fusión imperial sería el antecede del colapso de las naciones.

Referencias

Se puede completar esta entrada con la entrevista de Enric Llopis: “El colapso ambiental tiene una parte de trauma, pero también de alternativas y esperanza” En Rebelión. 28/06/2018. Accesible el 28/03/2019 en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=243455

Si desea citar esta página

González Reyes, L. (2019).  El tamaño importa y mucho. En Niaia, consultado el 30/03/2019 en https://www.niaia.es/el-tamano-importa-y-mucho/

Salvaje de George Monbiot, una oda al salvajismo

 

Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción

Salvaje tiene varios aspectos que no comparto y sobre lo que se podría discutir mucho. Uno es una excesiva visión monetarista de la conservación del entorno, con varios momentos en los que se defiende la rentabilidad económica de la resalvajización vía turismo. Otro sería que el autor da por hecho que el ser humano ha sido el causante de la extinción de la megafauna desde sus orígenes, algo que es controvertido y que, además, proyecta una imagen un tanto esencialista de la humanidad. Además, es un libro que se centra mucho en el caso británico, con extrapolaciones no siempre posibles a otros lugares del mundo, como el propio autor plantea.

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Pero creo que todo esto no es ni lo más esencial, ni lo más destacable del texto. Considero que lo fundamental es la oda al salvajismo que destila. Siguiendo esa inspiración, esta reseña no va a tener ninguna estructura ni finalidad predeterminada. Me voy a limitar a copiar partes del texto para que cada cual se deje provocar por las palabras de George Monbiot.

Después de una sequía de sensaciones desde comienzos de la edad adulta, una sequía que había acabado aceptando como una condición de la mediana edad, como la pérdida de umbral superior de audición, en un año había escuchado dos veces el canto: esa nota aguda y salvaje de la exaltación.

En ese momento me vi transportado por el pensamiento —la certeza— de que ya había hecho eso antes.

Oí el ruido de niños jugando en el barro, vi los rostros serios y tensos de la partida de caza, contemplé en mi mente mujeres y ancianos vadeando el estuario con sus lanzas y puntas, y sentí que entendía mejor quién era, de dónde vengo y lo que sigo siendo.

En todos los casos, (…) los europeos decidían quedarse con los indios americanos, mientras que estos últimos volvían con sus comunidades en cuanto tenían ocasión.

Hemos puesto la seguridad por encima de la experiencia, y al hacerlo hemos ganado mucho, y hemos perdido mucho.

La muerte del espíritu desnudo que le mueve, es demasiado grande para las limitaciones en las que nosotros tenemos la obligación moral de vivir.

Perseguimos a la bestia, pero la bestia somos nosotros.

Explicar que lo que hemos acabado aceptando como natural es, en realidad, consecuencia de un desastre ecológico —el erial que ha sustituido a la selva— es exigir un viaje imaginario para el que no estamos preparados.

El principal objetivo de resalvajizar es restaurar todo lo posible las interacciones dinámicas de la ecología. (…) Restaurar la diversidad trófica significa aumentar las oportunidades que tienen los animales, las plantas y otras criaturas de alimentarse los unos de los otros; reconstruir los hilos rotos de la red de la vida.

La reintroducción de lobos en Yellowstone demuestra que cuando se permite que una sola especie desarrolle su comportamiento natural, transforma prácticamente todos los aspectos del ecosistema, e incluso altera la geografía física del lugar, cambiando la forma y el flujo de los ríos y los índices de erosión de la tierra.

Más ballenas significa más ciclos de nutrientes, lo cual genera más plancton, produciendo más peces y kril.

Mi pregunta era: “¿Qué quiere hacer la naturaleza aquí?”. Eso es crucialmente diferente a la filosofía de dominación humana. Resalvajizar es cosa de humildad, de dar un paso atrás.

No pretendo ocultar mis motivos para querer que se vuelvan a introducir animales desaparecidos. (…) Las razones provienen de mi deleite en las maravillas de la naturaleza, su riqueza e infinita capacidad de sorprender; desde la sensación de libertad, de la emoción de deambular por un paisaje terrestre o marino sin saber qué voy a ver a continuación, qué podría acechar desde los bosques o el agua, qué podría estar observándome sin que yo lo sepa. Es la sensación de que sin esos animales el ecosistema resulta asimétrico, resumido, disfuncional.

Quiero que se reintroduzcan los lobos porque (…) me parecen la sombra que se escurre entre la sístole y la diástole, porque son los monstruos necesarios de mi mente, habitantes del apasionante mundo al que hemos cerrado nuestras puertas.

El impulso hacia el monocultivo provoca una desalvajización, tanto de los lugares como de las personas. Arrebata a la tierra la diversidad de vida y la estructura natural que atraen a los seres humanos. Crea un mundo aburrido, un mundo apagado, un mundo en el que no hay color ni variedad, que aumenta la monotonía ecológica, estrecha el ámbito de nuestras vidas, limita el alcance de nuestro compromiso con la naturaleza y nos empuja hacia un monocultivo del espíritu.

Tengo una obsesión insana con las ovejas. (…) Las odio. Tal vez debería matizar un poco mis palabras. No odio a los animales en sí, (…) pero odio su impacto sobre nuestra ecología y nuestra historia social.

Los grupos ecologistas intentan proteger a los animales y plantas que viven en hábitats cultivados del siglo pasado, en lugar de imaginar lo que podría vivir allí si dieran un paso atrás.

De entre todas las criaturas del mundo, las que más necesitan la resalvajización tal vez sean nuestros niños.

Comprendí que en ese momento para mí ya había empezado una resalvajización. En la búsqueda de rincones de tierra y agua que podían inspirar y guiar un intento de resucitar el mundo natural, había resucitado mi propia existencia. Mucho antes de que mis sueños de recuperación se hicieran realidad, el espíritu indomado que quería provocar ya había vuelto.

Me había enfrentado al poder azaroso de la naturaleza y —no, no había ganado, nadie gana nunca— había sobrevivido.

Con una resalvajización total pierdes la historia no escrita, tu sentido de identidad y del lugar. Es como quemar libros.

Para ampliar información se puede consultar:

Monbot, Goerge: Para más maravillas, resalvajicemos el mundo. TED

Monbot, Goerge: Salvaje Renaturalizar la tierra, el mar y la vida humana. Madrid. Capitán Swing. 2018.

Si desea citar esta entrada

González Reyes, Luis (2018). ¿Es la tecnología neutral? En Niaia, consultado el 30/05/2018 en http://www.niaia.es/salvaje-de-georg…da-al-salvajismo/

 

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