Categoría: Estudio de casos

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¿Debe ser obligatoria la vacunación?

El martes día 25 de abril celebramos la sesión del seminario permanente dedicada a estudiar el caso planteado por las vacunas. En principio contábamos con dos expertos, pero en el último momento no pudieron asistir, por lo que la sesión se celebró sin su importante contribución, partiendo de la información recabada por algunos miembros del grupo de investigación y, como es lógico, la participación en el diálogo de las personas que asistieron

El tema central que da pie a esta sesión es la aparición de resistencias al uso de las vacunas en grupos específicos. Son significativos los casos que se están dando en los Estados Unidos y hay también algunos en otros países, en concreto en España.

Como punto de partida, nos centramos en el estudio de un caso concreto ocurrido recientemente en Granada: se detectó un caso de sarampión que provocó un contagio; las autoridades sanitarias decidieron vacunar a todos los niños, pues algunos no lo estaban y se encontraron con cinco familias que se negaron a la vacunación de sus hijos. La Consejería de Sanidad denunció el caso ante el juez y el juez dictó sentencia autorizando la vacunación forzosa de los niños.

Partiendo de este caso, pudimos ir esclareciendo la situación. La primera constatación es que prácticamente en ningún país del mundo es obligatoria la vacunación. Existen campañas constantes a favor de las vacunas y algunas de ellas figuran en el calendario que siguen los hospitales en los que nacen; también es frecuente que los colegios, públicos o privados, exijan un certificado de vacunación. Pero la imposición forzosa solo se da en aquellos casos en los que la libertad individual, que ampara la negativa a ser vacunado, choca con el bien colectivo, como puede ser ante una epidemia o, según el juez, en el caso de Granada donde se produjeron contagios. Los colectivos contra la obligatoriedad insisten en esta situación legal. Lo cual no garantiza que en situaciones específicas exista acuerdo respecto a que el caso realmente exija imponer la vacunación. Por otra parte, sin negar la aportación positiva de la vacunación, cuestionan algunas de las pretendidas ventajas y exponen las razones que avalan una negativa a la vacunación

Quienes más están a favor de que se universalice la vacunación tienen igualmente dudas muy serias de que imponer forzosamente la vacunación vaya a conseguir incrementar significativamente el porcentaje de vacunaciones que ya se sitúa en torno al 95%; es más, más bien piensan que podría ser perjudicial. La situación, sin embargo, podría cambiar si creciera el número de personas que se opusieran a las vacunas. En el caso de la vacunación contra la gripe de las personas mayores, parece que se está dando una disminución lo que provoca alguna preocupación. Eso está ocurriendo también en algunos Estados de Estados Unidos.

No parece sencillo dar una respuesta definitiva, aunque es interesante destacar que, aquí y ahora, no es una cuestión urgente. Las vacunas tienen defensores convencidos y críticos escépticos, pero casi todos ellos coinciden en que no se debe imponer, si bien la discrepancia se produce en casos concretos, como el de Granada.

Existe también un cierto acuerdo en que no se debe adoptar la misma valoración respecto a todas las vacunas. Si bien puede darse un acuerdo muy generalizado en la conveniencia de lograr la vacunación universal, llegando a imponer la misma en algunos casos, cuando se habla de vacunas bien verificadas, en las que los riesgos son mínimos y las ventajas son notables. Son estos criterios los que permiten elaborar calendarios de vacunación, pero debemos llamar la atención que no hay acuerdo respecto a los mismos en todos los países y ni siquiera lo hay en todas las Comunidades Autónomas de España.

Sin embargo, no pasa lo mismo con otras vacunas, cuyos efectos no están tan claros y sus ventajas no parecen suficientemente acreditadas. Dos vacunas son objeto de críticas especiales en estos momentos, la de la meningitis B y la de la gripe. Respecto a la primera, el elevado precio contribuye a incrementar las dudas respecto a la conveniencia, a lo que se suma la baja incidencia de la enfermedad. En el caso de la vacuna de la gripe, las dudas proceden de la posible escasa eficacia de la misma, teniendo en cuenta sobre todo la variedad de tipos de gripo que pueden darse. En estos casos parece mucho menos sostenible que se puedan imponer —ni siquiera de manera indirecta a través de campañas publicitarias o de otros tipos de presión en centros hospitalarios— desde las administraciones sanitarias o desde las propias compañías farmacéuticas.

Esto último nos debe hacer pensar en dos problemas reales que condicionan la valoración moral de los casos que puedan presentarse. Por un lado, la industria farmacéutica es muy poderosa y tienen un conflicto de intereses que puede sesgar mucho la deliberación pública. Cierto es que el objetivo de estas empresas es producir medicamentos que permitan curar enfermedades y mejorar la salud de las personas. Pero también es cierto que, como toda empresa buscan la obtención de beneficios y esto puede probar que se vendan productos cuya “bondad” sanitaria es dudosa.

Por otra parte, se ha producido un crecimiento acentuado de la medicalización de la salud, del que participan tanto el sistema sanitario, que tiende a recetar en exceso eludiendo otros enfoques del tratamiento de los pacientes, y a los propios pacientes que incurren con mucha frecuencia en una automedicación contraproducente. La vacunación masiva de la población y el crecimiento de número de vacunas forman parte de esta tendencia que quizá a medio y largo plazo pueda perjudicar el nivel de vida saludable de la población. Esta medicalización, curiosamente, se percibe igualmente en los ámbitos en los que se practica la homeopatía, una corriente que parte de una dura crítica de la medicina oficial, pero que puede terminar reproduciendo algunos de los males que critica. Eso sin entrar en la escasa, o nula, capacidad curativa de los productos homeopáticos

Cuando de vacunación forzosa se habla, no hay respuesta que sirva para todos los casos. La desaparición de las vacunas podría causar un daño enorme a la humanidad y la historia de los efectos devastadores de la viruela nos hace entender el enorme beneficio que ha causado la generalización de la vacuna. El incremento de la medicalización, incluidas las vacunas, también debe ser tenido en cuenta, puesto que puede incrementar los efectos perjudiciales.

Generalizar las vacunas, pero mantener la libertad bien informada de las personas que tiene que decidir si se las ponen o no, para que puedan discriminar con sensatez en qué casos deben aceptarlas y en que otros no serían necesarias, parece el mejor criterio orientador en la resolución de esos casos en los que resulta polémica la administración de una determinada vacuna.

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García Moriyón, F.: El problema de las mentes colmena. En Niaia, consultado el 20/05/2017 en http://www.niaia.es/debe-ser-obligatoria-la-vacunacion/

Vacunación obligatoria

¿Debe ser obligatoria la vacunación de los niños?

El próximo martes día 25 tenemos la siguiente sesión del Seminario Permanente de Investigación.

Siguiendo con el mismo tema general, la metodología del estudio de casos, vamos a abordar en esta sesión un problema que se está dando en los últimos tiempos con las vacunas: con el telón de fondo de las sospechas sobre las estrategias comerciales de las grandes farmacéuticas, ha crecido la oposición a las vacunaciones, con todo los riesgos que eso puede llevar, dado el papel que las vacunas han desempeñado en la erradicación de algunas enfermedades.

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Determinados grupos han hecho una dura crítica a las políticas sanitarias que imponen la vacunación, desde su punto de vista sin adecuada justificación

Dos expertos en bioética, Abel Jaime Novoa Jurado y Javier Júdez, serán quienes dirijan y faciliten la sesión.

En este caso se trata del Conversatorio de Primavera, con el objetivo de dar una mayor difusión a la actividad.

 

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El suicidio demográfico

El pasado día 14 de marzo tuvimos una nueva sesión del Seminario Permanente, esta vez en forma de Conversatorio, con la presencia de Alejandro Macarrón Larumbe, Director de la Fundación Renacimiento Demográfico.

El punto de partida de la reflexión es la situación de unas tasas de natalidad muy bajas en España y otros países, más clara en países con alto nivel de desarrollo económico, pero también presente en otros muchos hasta poder considerar que, en cierto sentido, es un hecho generalizado: está bajando la natalidad. Mientras que en algunos sitios esa caída puede ayudar a disminuir los problemas que genera atender a una población en crecimiento excesivo y a logra una mejor sostenibilidad económica y ecológica, en otros países sucede más bien lo contrario: una muy baja tasa de natalidad (en España, por ejemplo, en estos momentos de 1,3 hijos por mujer) puede dar paso a una situación de disminución de la población a medio y largo plazo, con un incremento del porcentaje de la población que supere los 70 años de edad.

La intervención de Alejandro se centró casi totalmente en la exposición de los datos y gráficas que señalan cuál es la evolución de la población, en especial en España. No tuvo tiempo para más. Aunque fueron muchos los datos que aportó, lo fundamental se puede consultar en la nota de prensa sobre proyecciones demográficas hasta 2066 que se puede descargar en la página inicial de su Fundación. Insistió el autor que hacía proyecciones, no predicciones, lo que no deja de ser normal por la dificultad que tiene hacer predicciones sólidas de tipo demográfico dados los diversos factores que pueden incidir en la evolución demográfica.

Ancianos

La cuestión de fondo es que parece haber un cierto consenso respecto a que se trata de un problema importante, dado el peso que los gastos sociales derivados de la disminución de la natalidad y el incremente del período de vida posterior a la edad de jubilación supone un reto difícil de sostener, sobre todo si algunas proyecciones se convierten en hechos reales. Alejandro, como lo ha expuesto en un libro, El Suicidio Demográfico de España (Ed. Homo Legens, 2011), lo denomina con un sustantivo negativo, suicidio; también se le puede llamar invierno demográfico. Ambos términos, sin duda, dan una visión más bien pesimista que incrementa la preocupación por el futuro. No ofrece la misma sensación, por ejemplo, el documento de la ONU, The 2015 Revision of World Population Prospects, que, en una escala global, habla más bien de los retos que plantea la predicción de una población mundial de 9.700 millones de personas en 2050 y se centra en buscar estrategias de sostenibilidad.

Como es lógico, lo que acabo de exponer, que ocupó gran parte de la sesión, es algo que se puede aclarar con los datos disponibles y es prudente además no realizar predicciones arriesgadas, pero sin quedarse tampoco en puras proyecciones que no ofrecen demasiada orientación. Por otro lado, en unos tiempos en los que la humanidad tiene por delante diversos e importantes cambios, no es prudente generar demasiada zozobra ni temor, más allá de lo que una sensata prudencia aconseja. El miedo es un buen acicate para la inventiva humana, como lo son los conflictos y las dificultades, pero siempre que no provoquen pánicos paralizadores o dinamizadores de dinámicas sociales perversas, y siempre que no los ignoremos de forma temeraria.

Poco tiempo dedicó a analizar las causas del descenso demográfico, si bien está claro que son muchas y diversas. Para Alejandro, quizá lo fundamental sea un cambio social profundo unido a un cambio de valores. La comparativa de tasas de natalidad en el tiempo y entre países de niveles de vida muy diferentes, cuestionan, desde su punto de vista, algunas explicaciones demasiado centradas en problemas económicos y apuntan más bien hacia un modelo de sociedad anclado en valores diferentes a los que han regido épocas anteriores. Algunos de los presentes señalaron la importancia de un individualismo radical acompañado de un predominio de una sociedad de hiperconsumo. Interés tuvo también la aportación de quien, siguiendo reflexiones de la biopolítica de Foucault, señalaba que se debía a un acto de resistencia frente a la exigencia de natalidad impuesta por el sistema socio-económico.

La discusión se animó mucho más al proponer algunas soluciones, sobre todo al enfocar lo que quizá constituye uno de los problemas centrales: cómo se plantea la asistencia económica a las personas mayores y como se financia esa asistencia. Los gastos del presupuesto del Estado español, solo en pensiones superan ya los 135.000 millones de euros anuales, a lo que habría que sumar los gastos en sanidad y dependencia que requiere ese segmento de la población general. Estaba claro que no se trata de llegar a la propuesta del ministro japonés pidiendo que se den prisa en morir, pero evidentemente hay que planificar como se aborda. El propio gobierno español deja claro cuáles son las dos opciones básicas: capitalización y reparto. En España domina el sistema de reparto que, como principio pago de los gastos, está claro: quienes trabajan pagan a quienes no trabajan, que no son solo los ancianos, claro, sino también los niños y por descontado los desempleados. El reparto implica una forma de afrontar la situación, sin cerrar cómo se financia, pues para ello se pueden recurrir a diversos procedimientos: cuotas sociales pagadas por las empresas, impuestos generales sobre la renta, tasas sobre la gasolina (empleada, por ejemplo, para afrontar el gasto sanitario)…, e incluso a ciertos niveles de capitalización, entre los que, en parte, podríamos incluir el fondo de garantía de reserva, que acumula reservas en tiempos de bonanza para cuando los tiempos no lo son tanto. El sistema de reparto parecía gozar de mayor aceptación entre la audiencia y goza también de apoyo por parte de los expertos académicos

Alejandro Macarrón se decantó claramente por el sistema de capitalización, que también cuenta con el apoyo de algunos expertos, un sistema que implica siempre una invitación a que se privatice parcial o totalmente la atención a la etapa de jubilación y a la sanidad, dejando al Estado un papel menor, casi subsidiario, para garantizar en todo caso que las personas individuales realizan efectivamente los planes de pensiones y se prestan unos servicios básicos a las personas mayores. Para Alejandro, dos son las ventajas que permiten defender la capitalización. En primer lugar, las series de incrementos del valor de las acciones en bolsa muestran que las ganancias a medio y largo plazo son estables y suficientes. En segundo lugar, la capitalización incentiva la responsabilidad individual en la gestión del propio futuro, lo que hace que el sistema funcione mejor y que no se corran riesgos excesivos.

Este fue sin duda el punto de mayor confrontación, tanto por considerar que la revalorización de las inversiones no es tan sólida y no garantiza mucho en períodos específicos en los que se producen recesiones fuertes, como por el riesgo de potenciar el crecimiento de iniciativas privadas que, en el modelo de sociedad actual, primen la obtención de beneficios particulares, los de cada iniciativa concreta, sea un banco o una compañía de seguros, en perjuicio de los intereses de los particulares que invierten sus ahorros. El debate en este caso es más complejo porque ya no se trata de discutir sobre la viabilidad de un sistema, algo siempre arriesgado pues las empresas privadas no están libres de quiebras, pero tampoco lo está el Estado, aunque este siempre sea el último en quebrar, sino que incluye opciones de mayor calado que afectan a la clase de mundo en el que queremos vivir y la clase de personas que queremos ser.

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García Moriyón, F.: El suicidio demográfico en Niaia, consultado el 17/03/2017 en http://www.niaia.es/el-suicidio-demografico-2/

Grupo familiar

El suicidio demográfico

El próximo martes día 14 de marzo, a las 15:45, en la Sala de Grados de la Facultad de Formación del Profesorado, tenemos la siguiente sesión del Seminario Permanente. En esta ocasión hemos invitado a Alajadro Macarrón Larumbe y el tema sobre el que se centrará la reflexión es la profunda crisis demográfica, tan profunda que el propio Alejandro se refiere a ella como suicidio demográfico.

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Sin duda, el problema tiene importantes aspectos de gran relevancia moral y plantea a la humanidad retos que no es fácil resolver. Afecta sobre todo a los países del occidente europeo y a algunos otros países del mundo con mayor desarrollo económico.

 

 

 

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Es por tu bien

La utilización de la autoridad con la excusa del bien ajeno despierta no pocas sospechas. Ciertamente en ocasiones se trata de discursos de “especialistas” que en función de sus competencias determinan la toma de decisiones que a priori se sienten y sufren como negativas. La adopción de políticas macroeconómicas que inciden de forma negativa en la microeconomía de la gente común, son una de las más evidentes y contemporáneas evidencias de estas contradicciones. Quizás incluso, aceptando la bondad de tales medidas, resulte difícil asumir el dolor inmediato que causan.

La visión más metafórica es la infantil, esa frase que titula la sesión: “es por tu bien”, acompaña la crianza desde siempre. Puede ser que el castigo te duela, pero algún día me lo agradecerás. Sin embargo, no deja de resultar evidente para muchos que esa imposición es a menudo sospechosa de un autoritarismo puro y sin contrastes o del evidente abandono de otras estrategias para mover voluntades. Un atajo, rápido y contundente que evita otros modos más largos y complejos; el convencimiento, la reflexión compartida y la asunción por parte del sujeto de lo que aun doliendo, resulte más conveniente.

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La educación, el trato con menores o con quienes por cualquier razón tienen limitadas sus capacidades de juicio (entendiendo que los grados y las limitaciones deberían ser objeto de otro debate), es la más compleja de resolver. Por un lado, hay quienes por una cuestión de responsabilidad paternal-educativa o por la evidencia de la falta de juicio del menor, entienden que hay muchas ocasiones en las que debe pesar más la imposición que la reflexión. También hay quienes entienden la reflexión con menores a la hora de establecer reglas o pautas de comportamiento, como un peligroso camino que coloca al educador o progenitor en el mismo plano que al educando, limitando la capacidad del primero para ejercer su papel. Por otro, surgen dudas sobre hasta qué punto quienes padecen una limitación de su juicio pueden asumir suficientemente la responsabilidad de resolver todas las situaciones de manera reflexiva y adecuada. En estas condiciones quizás desde la responsabilidad de adultos o cuidadores deban asumirse decisiones “por su bien”.

Sin embargo, sabemos que la educación y la formación de personalidades críticas y reflexivas se refuerza con la práctica desde edades tempranas de la reflexión y el pensamiento crítico. En este sentido cabe defender la postura de procurar establecer estrategias de reflexión y de asunción voluntaria de las obligaciones – dolorosas a corto plazo – desde la más tierna infancia. La capacidad para ejercitar nuestra razón está presente en nosotros desde la niñez y conviene aprovecharla en vez de someterla en un ejercicio de adiestramiento a la voluntad ajena (aun bienintencionada) desde edades tempranas. Quizás nuestra capacidad para aceptar órdenes y dictámenes sobre lo que nos conviene tenga en esta asunción temprana de la imposición por “nuestro bien”.

Entre los adultos, la expresión “es por tu bien” desata todas las prevenciones. Común es utilizar el bien ajeno como excusa para el mayor bien propio. La idea de que alguien tome decisiones en nuestro nombre y por nuestro bienestar, sin contar con nuestro acuerdo o aprobación, nos pone en guardia frente a la naturaleza de la excusa. De nuevo la posición de autoridad del sujeto que aduce la frase sobre el sujeto al que se le aplica la bondadosa medida, resulta evidente. Y resulta a menudo evidente también que trata a través de la magia del discurso de la responsabilidad o del discurso de especialista, de imponer una medida que de otro modo tendría una contestación más intensa. Llama la atención cómo muchos asuntos se resuelven sin el concurso de los directamente afectados, sobre los que se actúa – y la comparación es oportuna – como con menores de edad (de ahí también la sospecha de actuar de igual modo con menores). Paradójicamente se consulta cuando los interpelados no son incapaces de resolver nada por falta de conocimiento o porque lo consultado no tiene ninguna relevancia. Dicho esto, parece que la toma de cualquier decisión exige una información adecuada que facilite una reflexión solo posible si lo es de manera consciente, voluntaria y, claro está, documentada.

La imposición de medidas impopulares, de decisiones difíciles o el establecimiento de limitaciones suelen ir precedidas de ese “por nuestro bien”. En tiempos recientes la limitación de derechos civiles, las incomodidades a las que se nos somete por razones de seguridad en aeropuertos y edificios públicos, las sospechas sobre el control de las comunicaciones, han sido excusadas siempre con una llamada al bien común y a la defensa sobre amenazas mayores. Sin embargo, de nuevo surge la duda. ¿Hasta qué punto asumimos estas limitaciones desde el conocimiento de su valor real? ¿Hasta dónde están justificadas? ¿En qué grado están sometidas a control y no exceden de su primigenio objetivo? De nuevo la duda se aviva cuando pensamos que tras “nuestro bien” se ocultan otros intereses y que quizás perdamos más con ese bien prometido que con el riesgo del mal.

Entre adultos responsables y razonables parece mejor camino el sometimiento de cualquier decisión sobre nuestro “bien” o sobre nuestro “mal” a nuestro juicio. Asumir las pérdidas con un objetivo, un plazo y una garantía de mejora, sería una buena política. Establecer canales de comunicación, reflexión y resolución de conflictos a partir del debate parece una sensata propuesta. Sin embargo, como con los niños la urgencia, la falta de tiempo y la necesidad a veces excusan métodos largos por decisiones ejecutivas e inmediatas. Ante ellas sólo queda ese “es por tu bien” como excusa o como promesa de buena voluntad y confianza.

Parece evidente que educando o gobernando hay momentos en los que “el por tu bien” se impone. Más allá de la necesidad, nuestro deseo sería limitarlo en todo lo posible y procurar llegar a nuestro propio bien desde una posición crítica, informada, razonada y naturalmente, voluntariamente aceptada. El modelo autoritario despierta siempre nuestra sospecha por más benéficos que sean sus propósitos.

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Seiz Rodrigo, D.: Es por  tu bien. En Niaia, consultado el 21/02/2017 en http://wp.me/p86q9f-iF

 

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