Etiqueta: Estudio de casos

¿Debe ser obligatoria la vacunación de los niños?

El próximo martes día 25 tenemos la siguiente sesión del Seminario Permanente de Investigación.

Siguiendo con el mismo tema general, la metodología del estudio de casos, vamos a abordar en esta sesión un problema que se está dando en los últimos tiempos con las vacunas: con el telón de fondo de las sospechas sobre las estrategias comerciales de las grandes farmacéuticas, ha crecido la oposición a las vacunaciones, con todo los riesgos que eso puede llevar, dado el papel que las vacunas han desempeñado en la erradicación de algunas enfermedades.

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Determinados grupos han hecho una dura crítica a las políticas sanitarias que imponen la vacunación, desde su punto de vista sin adecuada justificación

Dos expertos en bioética, Abel Jaime Novoa Jurado y Javier Júdez, serán quienes dirijan y faciliten la sesión.

En este caso se trata del Conversatorio de Primavera, con el objetivo de dar una mayor difusión a la actividad.

 

Es por tu bien

La utilización de la autoridad con la excusa del bien ajeno despierta no pocas sospechas. Ciertamente en ocasiones se trata de discursos de “especialistas” que en función de sus competencias determinan la toma de decisiones que a priori se sienten y sufren como negativas. La adopción de políticas macroeconómicas que inciden de forma negativa en la microeconomía de la gente común, son una de las más evidentes y contemporáneas evidencias de estas contradicciones. Quizás incluso, aceptando la bondad de tales medidas, resulte difícil asumir el dolor inmediato que causan.

La visión más metafórica es la infantil, esa frase que titula la sesión: “es por tu bien”, acompaña la crianza desde siempre. Puede ser que el castigo te duela, pero algún día me lo agradecerás. Sin embargo, no deja de resultar evidente para muchos que esa imposición es a menudo sospechosa de un autoritarismo puro y sin contrastes o del evidente abandono de otras estrategias para mover voluntades. Un atajo, rápido y contundente que evita otros modos más largos y complejos; el convencimiento, la reflexión compartida y la asunción por parte del sujeto de lo que aun doliendo, resulte más conveniente.

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La educación, el trato con menores o con quienes por cualquier razón tienen limitadas sus capacidades de juicio (entendiendo que los grados y las limitaciones deberían ser objeto de otro debate), es la más compleja de resolver. Por un lado, hay quienes por una cuestión de responsabilidad paternal-educativa o por la evidencia de la falta de juicio del menor, entienden que hay muchas ocasiones en las que debe pesar más la imposición que la reflexión. También hay quienes entienden la reflexión con menores a la hora de establecer reglas o pautas de comportamiento, como un peligroso camino que coloca al educador o progenitor en el mismo plano que al educando, limitando la capacidad del primero para ejercer su papel. Por otro, surgen dudas sobre hasta qué punto quienes padecen una limitación de su juicio pueden asumir suficientemente la responsabilidad de resolver todas las situaciones de manera reflexiva y adecuada. En estas condiciones quizás desde la responsabilidad de adultos o cuidadores deban asumirse decisiones “por su bien”.

Sin embargo, sabemos que la educación y la formación de personalidades críticas y reflexivas se refuerza con la práctica desde edades tempranas de la reflexión y el pensamiento crítico. En este sentido cabe defender la postura de procurar establecer estrategias de reflexión y de asunción voluntaria de las obligaciones – dolorosas a corto plazo – desde la más tierna infancia. La capacidad para ejercitar nuestra razón está presente en nosotros desde la niñez y conviene aprovecharla en vez de someterla en un ejercicio de adiestramiento a la voluntad ajena (aun bienintencionada) desde edades tempranas. Quizás nuestra capacidad para aceptar órdenes y dictámenes sobre lo que nos conviene tenga en esta asunción temprana de la imposición por “nuestro bien”.

Entre los adultos, la expresión “es por tu bien” desata todas las prevenciones. Común es utilizar el bien ajeno como excusa para el mayor bien propio. La idea de que alguien tome decisiones en nuestro nombre y por nuestro bienestar, sin contar con nuestro acuerdo o aprobación, nos pone en guardia frente a la naturaleza de la excusa. De nuevo la posición de autoridad del sujeto que aduce la frase sobre el sujeto al que se le aplica la bondadosa medida, resulta evidente. Y resulta a menudo evidente también que trata a través de la magia del discurso de la responsabilidad o del discurso de especialista, de imponer una medida que de otro modo tendría una contestación más intensa. Llama la atención cómo muchos asuntos se resuelven sin el concurso de los directamente afectados, sobre los que se actúa – y la comparación es oportuna – como con menores de edad (de ahí también la sospecha de actuar de igual modo con menores). Paradójicamente se consulta cuando los interpelados no son incapaces de resolver nada por falta de conocimiento o porque lo consultado no tiene ninguna relevancia. Dicho esto, parece que la toma de cualquier decisión exige una información adecuada que facilite una reflexión solo posible si lo es de manera consciente, voluntaria y, claro está, documentada.

La imposición de medidas impopulares, de decisiones difíciles o el establecimiento de limitaciones suelen ir precedidas de ese “por nuestro bien”. En tiempos recientes la limitación de derechos civiles, las incomodidades a las que se nos somete por razones de seguridad en aeropuertos y edificios públicos, las sospechas sobre el control de las comunicaciones, han sido excusadas siempre con una llamada al bien común y a la defensa sobre amenazas mayores. Sin embargo, de nuevo surge la duda. ¿Hasta qué punto asumimos estas limitaciones desde el conocimiento de su valor real? ¿Hasta dónde están justificadas? ¿En qué grado están sometidas a control y no exceden de su primigenio objetivo? De nuevo la duda se aviva cuando pensamos que tras “nuestro bien” se ocultan otros intereses y que quizás perdamos más con ese bien prometido que con el riesgo del mal.

Entre adultos responsables y razonables parece mejor camino el sometimiento de cualquier decisión sobre nuestro “bien” o sobre nuestro “mal” a nuestro juicio. Asumir las pérdidas con un objetivo, un plazo y una garantía de mejora, sería una buena política. Establecer canales de comunicación, reflexión y resolución de conflictos a partir del debate parece una sensata propuesta. Sin embargo, como con los niños la urgencia, la falta de tiempo y la necesidad a veces excusan métodos largos por decisiones ejecutivas e inmediatas. Ante ellas sólo queda ese “es por tu bien” como excusa o como promesa de buena voluntad y confianza.

Parece evidente que educando o gobernando hay momentos en los que “el por tu bien” se impone. Más allá de la necesidad, nuestro deseo sería limitarlo en todo lo posible y procurar llegar a nuestro propio bien desde una posición crítica, informada, razonada y naturalmente, voluntariamente aceptada. El modelo autoritario despierta siempre nuestra sospecha por más benéficos que sean sus propósitos.

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Seiz Rodrigo, D.: Es por  tu bien. En Niaia, consultado el 21/02/2017 en http://wp.me/p86q9f-iF

 

Seminario Permanente: Es por tu bien

El próximo martes, a las 16:00, en la Sala de Juntas de la Facultad de Formación del Profesorado, tenemos la próxima sesión del Seminario Permanente.

A partir de la noticia de la autorización del castigo físico en algunos países y del hecho de la imposición de políticas, de proyectos o de maneras de hacer bajo la autoridad de jerarquías organizativas o especialistas, que se basan en “imponer un bien”, parece importante reflexionar sobre ese recurso constante a “es por tu bien”

Estudio de casos Es por tu bien

Pocas cosas se nos hacen odiosas como que se nos imponga una posición, una medida perjudicial o se nos someta a cualquier violencia al amparo de la justificación de “nuestro bien”. Una “educativa” bofetada, el recorte de los derechos civiles, o las medidas económicas más duras, se nos presentan bajo este benéfico velo que nuestra inmadurez, nuestro desconocimiento o nuestro egoísmo son incapaces de reconocer. No sólo los sujetos sufrimos el daño inmediato del castigo sino que también se nos moteja de torpes o insensatos por no saber reconocer las bondades del mismo.

Sí concedemos, que ese bien sea cierto y no disimulado interés particular. Ahora bien: ¿Hasta dónde es lícito imponer el bien? Y si tan bueno es…, ¿por qué nos sentimos tan mal cuando nos lo imponen? (Nos podemos consolar con que a ellos les duele más que a nosotros…., es lo que se dice cuando nos imponen un castigo)

 

¿Qué puede aportar la tecnología a la sostenibilidad?

Félix García Moriyón. Grupo de Investigación Niaiá

En el Conversatorio de Otoño, celebrado el pasado 13 de diciembre, en la UAM, el grupo Niaiá invitó a Fernando Cembranos para que abordara los problemas que está planteando el desarrollo, casi exponencial, de las tecnologías. Su intervención formaba parte del trabajo del seminario permanente de este curso académico: El estudio de casos; cómo resolver problemas morales

Fernando Cembranos aceptó el reto y directamente lo dejo claro: la reflexión sobre las tecnologías es, sobre todo, una reflexión moral. Es decir, el desarrollo y uso de la tecnología exige que nos planteemos con rigor en qué clase de mundo queremos llegar a vivir, y eso incluye el mundo social, la biosfera y nosotros mismos. Se trata, por tanto, de problemas genuinamente morales y como tal deben ser afrontados y resueltos.

Lo primero que debemos tener claro, para analizar cualquier caso concreto que se nos presente, es el hecho de que afrontamos una crisis a corto y medio plazo de gran envergadura. No se trata solo del cambio climático, ni siquiera del agotamiento de los recursos, se trata de una crisis global que puede tener un costo enorme. Puede suceder que en unas pocas decenas de años, la población humana sobre la Tierra descienda más de la mitad, en un medio ambiente social, ecológico y económico muy desfavorable. No es extraño que algunos hablen de un “apocalipsis”. ¿Es una visión en exceso negativa? No lo ve así Fernando; más bien es lo que hay. Para afrontar un problema lo primero que hay que hacer es darse cuenta de que tenemos un problema y reconocer cuáles son los rasgos principales del problema.

Apocalipisi tecnológico

Dos son los ejes básicos para empezar a afrontar lo que ocurre. En primer lugar, acabar con un falso optimismo tecnológico. Son muchas las personas que creen que la tecnología podrá resolver cualquier problema; es cuestión de tiempo y de esfuerzo dedicado a la innovación tecnológica, lo que al final permitirá, por ejemplo, una energía inagotable y limpia, una mejora de la alimentación y la salud… Todo lo va a resolver la tecnología. Casi una religión, con sus dogmas y sus clérigos, los técnicos convertidos en tecnócratas o en expertos que asesoran a quienes controlan el poder.

El segundo eje es tomar conciencia de que la tecnología, tal y como se está desarrollando no solo no es parte de la solución sino que es parte del problema. Es decir, el desarrollo tecnológico está generando una sociedad que cada vez está más fuera del control de las personas. La tecnología deja de ser algo neutral y se convierte en algo complejo, con sus propias dinámicas; algo que exige grandes inversiones, por lo que termina estando al servicio de quienes costean los desarrollos tecnológicos, procurando, claro está, que beneficien sus intereses concretos, no los de la humanidad. Muy esquemáticamente, estos es lo que dice el discurso “oficial” sobre la tecnología, ocultando los problemas que está generando y los intereses concretos que está beneficiando:

  • Que es beneficiosa, salvo que se demuestre lo contrario.
  • Que es neutral.
  • Que no se puede parar.
  • Que gracias a la tecnología la historia va de peor a mejor.
  • Que traerá las soluciones adecuadas a los problemas.
  • Que es la principal suministradora de bienestar.

Ese discurso, aun siendo muy incorrecto, ha calado profundamente en la sociedad, lo que pone difícil elaborar alternativas. ¿Implica esto un pesimismo insuperable? Desde luego, la situación es espinosa y algo de eso se desprende desde mi punto de vista, del planteamiento de Cembranos. No obstante, defiende que es posible ofrecer alternativas que avancen hacia una tecnología más de acuerdo con una propuesta de sociedad sostenible y solidaria. En la búsqueda de esas alternativas, tal como exponen en su libro, esto es lo que plantea la sostenibilidad sobre la tecnología:

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  • Que existen tecnologías que favorecen la sostenibilidad y tecnologías que la impiden.
  • Que la tecnología debe estar controlada por la comunidad antes que por el mercado.
  • Que no han de causar deterioros en la naturaleza y en la estructura social.
  • Que es necesaria una prudencia estructural. La tecnología tiene que demostrar su bondad y ausencia de perjuicios antes de ponerse en marcha.
  • Que las tecnologías hay que juzgarlas holísticamente.

Cuando afrontamos problemas, cuando tenemos que proponer soluciones, moralmente debemos tener en cuenta esos cinco criterios propuestos desde enfoques de la sostenibilidad.

Mander, J (1996) En ausencia de lo sagrado Palma de Mallorca, José J. de Olañeta Editor

Herrero, Y., Cembranos, F. y Pascual, P. (Coord.): Cambiar las gafas para mirar el mundo. Madrid, Libros en Acción, 2016 (3ª ed.). Para este resumen, he utilizado el Capítulo 4 tecnología v6.doc, La fe ciega en la tecnología

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García Moriyòn, F.: ¿Qué puede aportar la tecnología a la sostenibilidad? en Niaia, consultado el 12/01/2017 en http://www.niaia.es/?p=1128&pre-view=true

Estudio de casos: 1ª sesion seminario permanente 2016-2017

Compartimos el resumen de la sesión que ayer mantuvimos

En los primeros veinte minutos, Félix García Moriyon hizo una exposición en la que situaba el modelo de Estudio de Casos como una de las posibles variables de la resolución de problemas morales. (Hay un breve documento adjunto que resume lo que dijo)

A continuación pasamos a realizar una reflexión sobre un caso concreto. El marco del caso era la discusión que se está dando ahora en Holanda para legalizar el suicidio basado en la petición de la persona que se quiere suicidar.

Dejando al margen las consideraciones legales, y valorando solo desde el punto de vista moral, la propuesta consistió en que, constituidos en un comité que debía decidir sobra validez moral de esa petición, y en el supuesto de que alguien nos pidiera a nosotros que lo hiciéramos, debíamos señalar que aspectos importantes debieran ser tenidos en cuenta para tomar una decisión moralmente aceptable.

Esas fueron, en síntesis algo esquemática las aportaciones

El punto crucial era si bastaba con la decisión personal libremente tomada por una persona, si necesidad de ninguna otra justificación: está bien que me ayuden al suicidio porque yo lo he decidido.

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Ahora bien, si no basta con esa petición libremente tomada y parece necesario tener en cuenta otras cosas habida cuenta de que se está pidiendo algo irreversible totalmente, se propusieron otras consideraciones

  • El estado de salud mental de la persona, diferenciando entre un estado negativo de carácter crónico de otro temporal. Solo en el primer caso se podría considerar el sucidio asistido como moralmente válido
  • La edad de la persona: en principio, solo pueden solicitarlo las personas mayores de edad, si bien se tuvo en consideración que podría haber otros casos de menores de edad a los que se les pudiera reconocer capacidad para tomar esa decisión.
  • La edad superior, por ejemplo, a los 70 años, aunque se indicaron los posibles problemas de presión social, tendencias a favor del suicidio asistido, soledad, efecto llamada…, que podría cuestionar la libertad en la toma de esa decisión
  • El impacto que la muerte podría tener en otras personas, a las que se podría ocasionar un perjuicio o daño como consecuencia del suicidio.
  • Plantear alternativas, como grupos de apoyo u otro tipo de medidas que resolvieran las posibles causas que habían provocado la decisión de acabar con la propia vida.

Las anteriores consideraciones, que solo enumero, fueron comentadas y matizadas, sin entrar en ningún momento a decidir cuál era la posición, si bien se apuntaron tres:

  • En ningún caso se debiera favorecer el suicidio asistido. Hay que hacer todo lo posible por disuadir a la persona y plantear alternativas. El suicidio no es aceptable moralmente
  • Basta con la libre voluntad de la persona que los solicita
  • Solo si se cumplen algunas de las anteriores condiciones, sin especificar bien cuáles, se puede poner en práctica el suicidio asistido.

Aquí terminó la sesión

Siguiente sesión

Tendrá lugar el día 15/11/2016

Volveremos a realizar otro estudio de caso, procurando centrarnos en otro tema: investigación científica, economía, psicología clínica…

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