Categoría: Estudio de casos

Fecundación in vitro: ¿son coherentes los provida?

Javier García Herrería.

Profesor de Filosofía

En las últimas tres décadas hemos asistido a una batalla en torno al aborto que no ha dejado de polarizarse. Los sucesos de los últimos meses en Estados Unidos son una buena prueba de ello. Por un lado, en Nueva York ya es legal abortar hasta el noveno mes de gestación y, por otro, Alabama acaba de prohibir el aborto una vez comience a latir el corazón del feto (es decir, en la sexta semana).

A muchos les gustaría que el aborto fuera un tema aceptado plenamente, pero lo cierto es que está lejos de ser una cuestión cerrada en las sociedades occidentales. No hay más que ver las grandes manifestaciones que ocurren en un mismo lugar entre partidarios y detractores. Sin embargo, ambos grupos estarían de acuerdo en que si consideraran al embrión como un ser humano de pleno derecho —aunque esté formado solo por un conjunto de células sin capacidad de sentir o pensar— su vida debería ser protegida como la de cualquier otra persona.

Los que están a favor de dar libertad de elegir a la mujer -el conocido como argumento “pro choice”-  consideran que la destrucción de embriones no es equiparable al asesinato de seres humanos. Los provida saben que para reducir el número de abortos lo mejor es centrar su discurso en favor de la mujer, las ayudas a la maternidad y en una educación sexual responsable. Quizá habría que preguntarse si es coherente a la hora de proteger a estos “seres humanos de pleno derecho”, según su visión.

Michael Sandel, el considerado “profesor más famoso del mundo” considera que el posicionamiento actual no es acertado por una razón: la mayoría de las personas provida apenas presta atención a la destrucción de embriones en la FIV o la investigación con embriones. Los argumentos de Sandel están desarrollados en el epílogo de su obra Contra la perfección.

En España se producen unos 100.000 abortos al año, pero además, se crean unos 50.000 embriones anuales para la fecundación in vitro que no son gestados, que serán congelados o destruidos más adelante. En nuestro país hay más de 250.000 embriones congelados, en EEUU 1.400.000 y en Reino Unido se han destruido 2.200.000 embriones desde 1990. A esto hay que sumar los miles de embriones que se destruyen accidental o voluntariamente a lo largo del proceso de la FIV.

Con estos números sería razonable plantearse si los provida deberían poner sobre la mesa esta cuestión para que haya un verdadero diálogo social que permita encontrar la verdad y esclarecer los desacuerdos con quienes no piensan como ellos. No es fácil ni cómodo hacerlo, pero es un buen camino si quieren que su visión del embrión humano sea tomada en serio por la otra parte, pues no es coherente denunciar una masacre en un ámbito y olvidar otra semejante al otro lado.

Sandel recuerda que en 2006 George Bush utilizó su derecho de veto para prohibir la financiación federal de investigaciones con embriones humanos. Se trató de una gran victoria provida; pero no se entiende que verdaderamente Bush creyese que los embriones fuesen seres humanos y al mismo tiempo no hiciese nada por evitar que los embriones fueran destruidos en investigaciones de instituciones privadas. Si creía que destruir embriones era asesinar personas, ¿no debería haber puesto el grito en el cielo cuando estos actos se llevaban a cabo también sin dinero público?

Esto mismo ocurre en casi todas las sociedades occidentales. Los provida tratan de convencer a las mujeres para que no aborten incluso a las puertas de las clínicas abortistas —lo cual demuestra su coherencia— pero apenas protestan contra las clínicas de fertilidad. España es el país de Europa con más clínicas especializadas y es una actividad empresarial que no deja de crecer. En 2015 hubo 128.000 intentos de FIV, lo que dio lugar a 39.000 nacimientos, con una tasa de éxito del 22%. Y la demanda continúa aumentando, pues el 70% de las mujeres mayores de 35 años no consigue quedarse embarazada. Es difícil saber cuántos embriones se fabrican para cada intento, pero sí se sabe que el número de embriones destruidos es mucho mayor que el número de abortos totales.

Por eso, en mi opinión, sería positivo diversificar la estrategia del discurso provida. Por supuesto, este enfoque debe plantearse desde la mesura, la educación y la máxima comprensión para con las parejas que acuden a estos tratamientos y con los 8 millones de personas que han venido al mundo por este procedimiento (actualmente nacen medio millón de niños al año por FIV). Los que han nacido por este método no tienen responsabilidad alguna y son personas con igualdad dignidad, derechos, etc.

Librar esta batalla puede ser un aspecto clave para conseguir revertir la mentalidad abortista. Además, hay un dato positivo que hace pensar que incluso las personas que acuden a la FIV están cerca de admitir que los embriones no son un simple material biológico: la mitad de las parejas que tienen un hijo por FIV prefieren no decidir qué hacer con los embriones sobrantes del proceso. A todas ellas se les ofrecen tres alternativas: la destrucción, la investigación o la donación a otras parejas. Sin embargo, muchos prefieren no responder cuando a las clínicas les preguntan sobre este asunto. Si solo se tratara de material genético, no se entiende que genere tantas reservas decidir qué hacer con él.

También es positivo el rechazo general que produce el mercado de vientres de alquiler, pues muestra con mayor crudeza el riesgo de deshumanización que se produce al engendrar seres humanos en un proceso artificial y la conversión de la maternidad en un lucrativo negocio.

Para citar este artículo

García Herrería, Javier (2019). Fecundación in vitro: ¿son coherentes los provida? EnNiaia, 20/06/2019 accesible en https://www.niaia.es/son-coherentes-los-pro-vida/

Los dilemas morales en la investigación científica

(I) La moral de la investigación científica como actividad que genera productos pero no especifica su uso

Jorge Alegre-Cebollada (@AlegreCebollada)

Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC). correo: jalegre@cnic.es

 

La investigación científica y tecnológica está repleta de fascinantes dilemas morales. Cuando Colón convenció a los Reyes Católicos para financiar sus expediciones, usó seguramente argumentos moralmente cuestionables. Cuando Rutherford propuso su revolucionario modelo del átomo, no podía intuir (¿o quizás sí?) que, gracias a sus desarrollos teóricos, se produciría armamento atómico. Cuando los científicos usamos líneas celulares humanas para investigar acerca de enfermedades como el cáncer, raramente nos preguntamos en qué condiciones se obtuvieron esas células.

Los anteriores ejemplos muestran cómo la investigación científica es susceptible de análisis moral debido al menos a tres de sus características: que provee verdades universales, que genera productos sin especificar sus usos, y que emplea herramientas tomadas de la naturaleza, muchas veces involucrando a seres humanos. En esta serie de artículos, presentaré algunos ejemplos de actividades científicas susceptibles de análisis moral. Comienzo por los dilemas morales que surgen de los productos que la actividad científica genera.

Hecho para la reflexión: muchas nuevas terapias para enfermedades como el cáncer son muy caras y sólo proporcionan, en el mejor de los casos, un incremento marginal en la supervivencia del paciente

Los científicos nos sentimos cómodos entre verdades universales, aunque sean de corto alcance. Quizás porque no existen verdades universales de tipo moral, no solemos dedicar mucho tiempo a pensar acerca de la moralidad de los productos que nuestras investigaciones posibilitan. El pensamiento reinante entre los investigadores es que nuestra función es descubrir, siendo la sociedad la responsable de regular los usos que surgen de esos descubrimientos. De este modo, la responsabilidad de un uso amoral de un descubrimiento recae sobre aquel que hace el mal uso, no sobre el descubridor. Así, ante la pregunta “si lo hubiera visto en vida, ¿debería Rutherford haberse sentido culpable por ser el padre de la física nuclear que permitió el desarrollo del armamento atómico?”, la inmensa mayoría de los científicos respondería que no, e incluso hablaría de los usos positivos que tiene la energía nuclear.

Sin embargo, hay otros ejemplos en los que el desarrollo de una investigación científica concreta conlleva un dilema moral inmediato. ¿Qué hacer en estos casos? Aquí presento varios ejemplos:

  1. El proyecto Manhattan que condujo al desarrollo definitivo del armamento nuclear. Los orígenes del proyecto Manhattan se encuentran en la advertencia de la comunidad científica aliada, encabezada por Albert Einstein, al presidente F.D. Roosevelt, de que la Alemania Nazi podría emplear los nuevos hallazgos en física nuclear para desarrollar armamento nuclear, que se predecía podría ser muchísimo más potente que los disponibles hasta ese momento. El proyecto Manhattan unió a científicos civiles, liderados por el físico J. Robert Oppenheimer, y militares, que en tiempo record desarrollaron toda la tecnología necesaria para producir armas nucleares. El dilema moral al que se enfrentaron estos científicos se resume en la frase del libro hindú Bhagavad-Guitá que le vino a la mente a Oppenheimer tras el primer ensayo nuclear exitoso: «Ahora me he convertido en La Muerte, Destructora de Mundos».
  2. A lo largo de 2012 hubo una interesante polémica a raíz de una investigación acerca de la gripe aviar (1). Esta investigación pretendía comprender por qué, cada cierto tiempo, se produce una pandemia de gripe. Los investigadores consiguieron modificar una cepa de un virus que infectaba normalmente aves para que también pudiera infectar mamíferos. La lógica de estos investigadores era que si se sabe qué cambios en el virus le permiten saltar de una especie a otra, es posible estar prevenidos de posibles pandemias que se producen porque un virus en principio incapaz de infectar humanos adquiere mutaciones que lo posibilitan. El problema moral surgió porque, en definitiva, estos investigadores produjeron una estirpe de virus susceptible de ser usada como arma biológica, y lo hicieron desarrollando métodos que otros podrían aplicar para desarrollar virus todavía más peligrosos. Por este motivo, una de las preguntas que la comunidad científica se hacía era si se debía prohibir la publicación de los resultados.
  3. Uno de los ejemplos más evidentes de conflicto moral asociado con investigación científica es el avance espectacular en técnicas de manipulación genética, que están permitiendo que la eugenesia por medio de selección genética sea una realidad. En la actualidad, por lo general se considera moralmente aceptable emplear estas técnicas para la prevención de enfermedades incurables de origen genético. Sin embargo, no está tan claro dónde está el límite de lo moralmente aceptable. ¿Sería aceptable usar estas técnicas para tener una descendencia más inteligente? ¿O más guapa? Periódicamente, se dan a conocer nuevas aplicaciones de estos avances en genética reproductiva que siempre conllevan discusiones de tipo moral. Un ejemplo reciente es la generación de embriones con material genético de dos madres y un padre, para evitar las devastadoras enfermedades mitocondriales.

Aun aceptando que es la sociedad la que tiene que poner los límites acerca de los usos de productos generados por la investigación, considero importante que los científicos anticipen qué repercusiones pueden tener sus resultados. Después de hacer un análisis moral sincero, cada investigador ha de decidir si su área de investigación está de acuerdo con sus propios principios morales y actuar en consecuencia. Uno de los ejemplos más drásticos de posicionamiento moral por parte de un científico se puede encontrar en Fritz Haber, químico alemán de primera mitad del siglo XX cuyas investigaciones sobre la producción de amoníaco permitieron que la agricultura moderna pueda alimentar a miles de millones de personas. También fue Haber quien desarrolló y usó por primera vez armas químicas durante la I Guerra Mundial. Según Haber, en tiempos de paz un científico pertenece al mundo, pero en tiempos de guerra, pertenece a su país. Ante las acusaciones que se le hicieron de que las armas químicas era inhumanas, Haber señalaba que la muerte es siempre muerte, sin que importe cómo se infrinja.

(1) Fouchier, R. A., Garcia-Sastre, A. & Kawaoka, Y. H5N1 virus: Transmission studies resume for avian flu. Nature 493, 609, doi:10.1038/nature11858 (2013).

 

Alegre_II   (II) La moral de la investigación científica como actividad que proporciona verdades universales

Alegre_III  (III) La moral de la investigación científica como actividad que usa herramientas tomadas de la naturaleza

Alegre-Cebollada Jorge (2018) Los dilemas morales en la investigación científica Artículo completo

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Alegre-Cebollada Jorge  (2018). Los dilemas morales en la investigación científica En Niaia, consultado el 27/09/2018 en http://www.niaia.es/los-dilemas-morales-en-la-investigacion-cientifica/

¿Debe ser obligatoria la vacunación?

El martes día 25 de abril celebramos la sesión del seminario permanente dedicada a estudiar el caso planteado por las vacunas. En principio contábamos con dos expertos, pero en el último momento no pudieron asistir, por lo que la sesión se celebró sin su importante contribución, partiendo de la información recabada por algunos miembros del grupo de investigación y, como es lógico, la participación en el diálogo de las personas que asistieron

El tema central que da pie a esta sesión es la aparición de resistencias al uso de las vacunas en grupos específicos. Son significativos los casos que se están dando en los Estados Unidos y hay también algunos en otros países, en concreto en España.

Como punto de partida, nos centramos en el estudio de un caso concreto ocurrido recientemente en Granada: se detectó un caso de sarampión que provocó un contagio; las autoridades sanitarias decidieron vacunar a todos los niños, pues algunos no lo estaban y se encontraron con cinco familias que se negaron a la vacunación de sus hijos. La Consejería de Sanidad denunció el caso ante el juez y el juez dictó sentencia autorizando la vacunación forzosa de los niños.

Partiendo de este caso, pudimos ir esclareciendo la situación. La primera constatación es que prácticamente en ningún país del mundo es obligatoria la vacunación. Existen campañas constantes a favor de las vacunas y algunas de ellas figuran en el calendario que siguen los hospitales en los que nacen; también es frecuente que los colegios, públicos o privados, exijan un certificado de vacunación. Pero la imposición forzosa solo se da en aquellos casos en los que la libertad individual, que ampara la negativa a ser vacunado, choca con el bien colectivo, como puede ser ante una epidemia o, según el juez, en el caso de Granada donde se produjeron contagios. Los colectivos contra la obligatoriedad insisten en esta situación legal. Lo cual no garantiza que en situaciones específicas exista acuerdo respecto a que el caso realmente exija imponer la vacunación. Por otra parte, sin negar la aportación positiva de la vacunación, cuestionan algunas de las pretendidas ventajas y exponen las razones que avalan una negativa a la vacunación

Quienes más están a favor de que se universalice la vacunación tienen igualmente dudas muy serias de que imponer forzosamente la vacunación vaya a conseguir incrementar significativamente el porcentaje de vacunaciones que ya se sitúa en torno al 95%; es más, más bien piensan que podría ser perjudicial. La situación, sin embargo, podría cambiar si creciera el número de personas que se opusieran a las vacunas. En el caso de la vacunación contra la gripe de las personas mayores, parece que se está dando una disminución lo que provoca alguna preocupación. Eso está ocurriendo también en algunos Estados de Estados Unidos.

No parece sencillo dar una respuesta definitiva, aunque es interesante destacar que, aquí y ahora, no es una cuestión urgente. Las vacunas tienen defensores convencidos y críticos escépticos, pero casi todos ellos coinciden en que no se debe imponer, si bien la discrepancia se produce en casos concretos, como el de Granada.

Existe también un cierto acuerdo en que no se debe adoptar la misma valoración respecto a todas las vacunas. Si bien puede darse un acuerdo muy generalizado en la conveniencia de lograr la vacunación universal, llegando a imponer la misma en algunos casos, cuando se habla de vacunas bien verificadas, en las que los riesgos son mínimos y las ventajas son notables. Son estos criterios los que permiten elaborar calendarios de vacunación, pero debemos llamar la atención que no hay acuerdo respecto a los mismos en todos los países y ni siquiera lo hay en todas las Comunidades Autónomas de España.

Sin embargo, no pasa lo mismo con otras vacunas, cuyos efectos no están tan claros y sus ventajas no parecen suficientemente acreditadas. Dos vacunas son objeto de críticas especiales en estos momentos, la de la meningitis B y la de la gripe. Respecto a la primera, el elevado precio contribuye a incrementar las dudas respecto a la conveniencia, a lo que se suma la baja incidencia de la enfermedad. En el caso de la vacuna de la gripe, las dudas proceden de la posible escasa eficacia de la misma, teniendo en cuenta sobre todo la variedad de tipos de gripo que pueden darse. En estos casos parece mucho menos sostenible que se puedan imponer —ni siquiera de manera indirecta a través de campañas publicitarias o de otros tipos de presión en centros hospitalarios— desde las administraciones sanitarias o desde las propias compañías farmacéuticas.

Esto último nos debe hacer pensar en dos problemas reales que condicionan la valoración moral de los casos que puedan presentarse. Por un lado, la industria farmacéutica es muy poderosa y tienen un conflicto de intereses que puede sesgar mucho la deliberación pública. Cierto es que el objetivo de estas empresas es producir medicamentos que permitan curar enfermedades y mejorar la salud de las personas. Pero también es cierto que, como toda empresa buscan la obtención de beneficios y esto puede probar que se vendan productos cuya “bondad” sanitaria es dudosa.

Por otra parte, se ha producido un crecimiento acentuado de la medicalización de la salud, del que participan tanto el sistema sanitario, que tiende a recetar en exceso eludiendo otros enfoques del tratamiento de los pacientes, y a los propios pacientes que incurren con mucha frecuencia en una automedicación contraproducente. La vacunación masiva de la población y el crecimiento de número de vacunas forman parte de esta tendencia que quizá a medio y largo plazo pueda perjudicar el nivel de vida saludable de la población. Esta medicalización, curiosamente, se percibe igualmente en los ámbitos en los que se practica la homeopatía, una corriente que parte de una dura crítica de la medicina oficial, pero que puede terminar reproduciendo algunos de los males que critica. Eso sin entrar en la escasa, o nula, capacidad curativa de los productos homeopáticos

Cuando de vacunación forzosa se habla, no hay respuesta que sirva para todos los casos. La desaparición de las vacunas podría causar un daño enorme a la humanidad y la historia de los efectos devastadores de la viruela nos hace entender el enorme beneficio que ha causado la generalización de la vacuna. El incremento de la medicalización, incluidas las vacunas, también debe ser tenido en cuenta, puesto que puede incrementar los efectos perjudiciales.

Generalizar las vacunas, pero mantener la libertad bien informada de las personas que tiene que decidir si se las ponen o no, para que puedan discriminar con sensatez en qué casos deben aceptarlas y en que otros no serían necesarias, parece el mejor criterio orientador en la resolución de esos casos en los que resulta polémica la administración de una determinada vacuna.

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García Moriyón, F.: El problema de las mentes colmena. En Niaia, consultado el 20/05/2017 en http://www.niaia.es/debe-ser-obligatoria-la-vacunacion/

¿Debe ser obligatoria la vacunación de los niños?

El próximo martes día 25 tenemos la siguiente sesión del Seminario Permanente de Investigación.

Siguiendo con el mismo tema general, la metodología del estudio de casos, vamos a abordar en esta sesión un problema que se está dando en los últimos tiempos con las vacunas: con el telón de fondo de las sospechas sobre las estrategias comerciales de las grandes farmacéuticas, ha crecido la oposición a las vacunaciones, con todo los riesgos que eso puede llevar, dado el papel que las vacunas han desempeñado en la erradicación de algunas enfermedades.

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Determinados grupos han hecho una dura crítica a las políticas sanitarias que imponen la vacunación, desde su punto de vista sin adecuada justificación

Dos expertos en bioética, Abel Jaime Novoa Jurado y Javier Júdez, serán quienes dirijan y faciliten la sesión.

En este caso se trata del Conversatorio de Primavera, con el objetivo de dar una mayor difusión a la actividad.

 

El suicidio demográfico

El pasado día 14 de marzo tuvimos una nueva sesión del Seminario Permanente, esta vez en forma de Conversatorio, con la presencia de Alejandro Macarrón Larumbe, Director de la Fundación Renacimiento Demográfico.

El punto de partida de la reflexión es la situación de unas tasas de natalidad muy bajas en España y otros países, más clara en países con alto nivel de desarrollo económico, pero también presente en otros muchos hasta poder considerar que, en cierto sentido, es un hecho generalizado: está bajando la natalidad. Mientras que en algunos sitios esa caída puede ayudar a disminuir los problemas que genera atender a una población en crecimiento excesivo y a logra una mejor sostenibilidad económica y ecológica, en otros países sucede más bien lo contrario: una muy baja tasa de natalidad (en España, por ejemplo, en estos momentos de 1,3 hijos por mujer) puede dar paso a una situación de disminución de la población a medio y largo plazo, con un incremento del porcentaje de la población que supere los 70 años de edad.

La intervención de Alejandro se centró casi totalmente en la exposición de los datos y gráficas que señalan cuál es la evolución de la población, en especial en España. No tuvo tiempo para más. Aunque fueron muchos los datos que aportó, lo fundamental se puede consultar en la nota de prensa sobre proyecciones demográficas hasta 2066 que se puede descargar en la página inicial de su Fundación. Insistió el autor que hacía proyecciones, no predicciones, lo que no deja de ser normal por la dificultad que tiene hacer predicciones sólidas de tipo demográfico dados los diversos factores que pueden incidir en la evolución demográfica.

Ancianos

La cuestión de fondo es que parece haber un cierto consenso respecto a que se trata de un problema importante, dado el peso que los gastos sociales derivados de la disminución de la natalidad y el incremente del período de vida posterior a la edad de jubilación supone un reto difícil de sostener, sobre todo si algunas proyecciones se convierten en hechos reales. Alejandro, como lo ha expuesto en un libro, El Suicidio Demográfico de España (Ed. Homo Legens, 2011), lo denomina con un sustantivo negativo, suicidio; también se le puede llamar invierno demográfico. Ambos términos, sin duda, dan una visión más bien pesimista que incrementa la preocupación por el futuro. No ofrece la misma sensación, por ejemplo, el documento de la ONU, The 2015 Revision of World Population Prospects, que, en una escala global, habla más bien de los retos que plantea la predicción de una población mundial de 9.700 millones de personas en 2050 y se centra en buscar estrategias de sostenibilidad.

Como es lógico, lo que acabo de exponer, que ocupó gran parte de la sesión, es algo que se puede aclarar con los datos disponibles y es prudente además no realizar predicciones arriesgadas, pero sin quedarse tampoco en puras proyecciones que no ofrecen demasiada orientación. Por otro lado, en unos tiempos en los que la humanidad tiene por delante diversos e importantes cambios, no es prudente generar demasiada zozobra ni temor, más allá de lo que una sensata prudencia aconseja. El miedo es un buen acicate para la inventiva humana, como lo son los conflictos y las dificultades, pero siempre que no provoquen pánicos paralizadores o dinamizadores de dinámicas sociales perversas, y siempre que no los ignoremos de forma temeraria.

Poco tiempo dedicó a analizar las causas del descenso demográfico, si bien está claro que son muchas y diversas. Para Alejandro, quizá lo fundamental sea un cambio social profundo unido a un cambio de valores. La comparativa de tasas de natalidad en el tiempo y entre países de niveles de vida muy diferentes, cuestionan, desde su punto de vista, algunas explicaciones demasiado centradas en problemas económicos y apuntan más bien hacia un modelo de sociedad anclado en valores diferentes a los que han regido épocas anteriores. Algunos de los presentes señalaron la importancia de un individualismo radical acompañado de un predominio de una sociedad de hiperconsumo. Interés tuvo también la aportación de quien, siguiendo reflexiones de la biopolítica de Foucault, señalaba que se debía a un acto de resistencia frente a la exigencia de natalidad impuesta por el sistema socio-económico.

La discusión se animó mucho más al proponer algunas soluciones, sobre todo al enfocar lo que quizá constituye uno de los problemas centrales: cómo se plantea la asistencia económica a las personas mayores y como se financia esa asistencia. Los gastos del presupuesto del Estado español, solo en pensiones superan ya los 135.000 millones de euros anuales, a lo que habría que sumar los gastos en sanidad y dependencia que requiere ese segmento de la población general. Estaba claro que no se trata de llegar a la propuesta del ministro japonés pidiendo que se den prisa en morir, pero evidentemente hay que planificar como se aborda. El propio gobierno español deja claro cuáles son las dos opciones básicas: capitalización y reparto. En España domina el sistema de reparto que, como principio pago de los gastos, está claro: quienes trabajan pagan a quienes no trabajan, que no son solo los ancianos, claro, sino también los niños y por descontado los desempleados. El reparto implica una forma de afrontar la situación, sin cerrar cómo se financia, pues para ello se pueden recurrir a diversos procedimientos: cuotas sociales pagadas por las empresas, impuestos generales sobre la renta, tasas sobre la gasolina (empleada, por ejemplo, para afrontar el gasto sanitario)…, e incluso a ciertos niveles de capitalización, entre los que, en parte, podríamos incluir el fondo de garantía de reserva, que acumula reservas en tiempos de bonanza para cuando los tiempos no lo son tanto. El sistema de reparto parecía gozar de mayor aceptación entre la audiencia y goza también de apoyo por parte de los expertos académicos

Alejandro Macarrón se decantó claramente por el sistema de capitalización, que también cuenta con el apoyo de algunos expertos, un sistema que implica siempre una invitación a que se privatice parcial o totalmente la atención a la etapa de jubilación y a la sanidad, dejando al Estado un papel menor, casi subsidiario, para garantizar en todo caso que las personas individuales realizan efectivamente los planes de pensiones y se prestan unos servicios básicos a las personas mayores. Para Alejandro, dos son las ventajas que permiten defender la capitalización. En primer lugar, las series de incrementos del valor de las acciones en bolsa muestran que las ganancias a medio y largo plazo son estables y suficientes. En segundo lugar, la capitalización incentiva la responsabilidad individual en la gestión del propio futuro, lo que hace que el sistema funcione mejor y que no se corran riesgos excesivos.

Este fue sin duda el punto de mayor confrontación, tanto por considerar que la revalorización de las inversiones no es tan sólida y no garantiza mucho en períodos específicos en los que se producen recesiones fuertes, como por el riesgo de potenciar el crecimiento de iniciativas privadas que, en el modelo de sociedad actual, primen la obtención de beneficios particulares, los de cada iniciativa concreta, sea un banco o una compañía de seguros, en perjuicio de los intereses de los particulares que invierten sus ahorros. El debate en este caso es más complejo porque ya no se trata de discutir sobre la viabilidad de un sistema, algo siempre arriesgado pues las empresas privadas no están libres de quiebras, pero tampoco lo está el Estado, aunque este siempre sea el último en quebrar, sino que incluye opciones de mayor calado que afectan a la clase de mundo en el que queremos vivir y la clase de personas que queremos ser.

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García Moriyón, F.: El suicidio demográfico en Niaia, consultado el 17/03/2017 en http://www.niaia.es/el-suicidio-demografico-2/

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