Categoría: Toma de Decisiones

¿Quién toma las decisiones políticas? ¿Los expertos o los políticos?

José Miguel Fernández Dols

Catedrático. Psicología socal y metodología. UAM

 

Una formula clásica para comenzar este tipo de debates es una revisión terminológica. ¿Qué entendemos por expertos y qué entendemos por decisiones políticas?

Una definición de trabajo para “experto” sería que un experto es un profesional que tiene un conocimiento especializado en un ámbito concreto. En algún lugar, Herbert Simon, uno de los artífices de la Ciencia Cognitiva y premio Nobel de Economía, estableció que la formación de un experto requiere al menos diez años para la adquisición del nivel idóneo de competencia. Simon dice también, en otro lugar, que los expertos no son las personas más adecuadas para tomar decisiones políticas por dos razones de peso. La primera es que un experto, por definición, está especializado en un determinado aspecto de la realidad pero no tiene necesariamente una visión global de un problema político, que rara o ninguna vez se aborda desde una única perspectiva. La segunda es que un experto ha invertido tanto personalmente en una determinada versión de la realidad que es muy difícil que, en la discusión sobre un problema real esté dispuesto a reconocer que su área de especialización, o la escuela dentro de su área de especialización no es la perspectiva idónea para abordar el problema.

Otra posible definición, menos centrada en el conocimiento y más centrado en los aspectos sociales de la definición es que un experto es un profesional con un determinado nivel de acreditación académica en el campo de especialización especificado en su título. La titulación académica, o al menos ciertas titulaciones, confieren el privilegio de participar en un monopolio de poder concedido y certificado por el Estado. Cuando ese monopolio, sea o no verdad, promete hacer a las personas ricas, sanas, sabias, etc., el titulado se convierte en un presunto experto o al menos en un candidato a ser considerado como tal. Las profesiones viejas (el médico que promete salud, el sacerdote que promete la vida eterna, el maestro que promete sabiduría, etc.) y también alguna nueva (el economista que promete riqueza) han tenido siempre poder. Es interesante notar que lo importante de estos expertos no es su capacidad real para curar, enseñar o llevarnos a un lugar estupendo en el más allá sino la mera promesa de lograrlo; por eso los faraones, los emperadores o los reyes medievales tenían un médico, un sacerdote, o un tutor en su corte, aunque nadie se pondría hoy en sus manos.

 

Hablando de cortesanos, una tercera definición de “experto” cuando se trata de decisiones políticas proviene de otro premio Nobel, Paul Krugman, que tuvo una breve experiencia en la vida política de la Casa Blanca. La cuenta así: “tras un breve tiempo, sin embargo, comencé a darme cuenta de cómo se deciden realmente las políticas del gobierno. El hecho es que la mayor parte de los cargos más altos no tienen idea de qué están hablando: las deliberaciones de alto nivel son sorprendentemente primitivas (…) Además muchos individuos poderosos prefieren ser asesorados por aquellos que les hacen sentirse bien más que por aquellos que les hacen pensar demasiado. En realidad los que logran influenciar el diseño de las políticas de estado son habitualmente los mejores cortesanos, no los mejores analistas”.

Un cuarto tipo de experto serían los funcionarios. Son los guardianes de “la jaula de hierro” weberiana y, en una burocracia ideal, son personas con un alto grado de especialización avalada no solo por un título universitario sino por haber ganado un concurso de méritos en el que han demostrado de forma objetiva su pericia. Los funcionarios no suelen llevarse bien con los políticos salvo que se hagan, por vocación o sentido de la oportunidad, políticos ellos mismos (los golpes de estado militares son la versión más brutal del descubrimiento de la vocación política de un funcionario, aunque afortunadamente no la única). Algunos analistas consideran que el genio de Napoleón no fue militar sino administrativo: diseñó las prefecturas francesas obligando a los prefectos, políticos de profesión, a convivir con los subprefectos, altos funcionarios para que al político no le quedara más remedio que contar con la competencia profesional del funcionario y el funcionario estuviera subordinado al sentido de la oportunidad política del político.

Finalmente, en la actualidad se ha puesto de moda un quinto tipo de experto, que plantea interesantes retos y bastantes trampas. Se trata de entender a la multitud como un experto. La idea es antigua y está inspirada en Galton: el promedio de las opiniones de una gran multitud es la mejor predicción o el mejor peritaje para una decisión. La visión de Galton se ha puesto de moda en ciertos ámbitos que promueven la utilización sistemática de la “sabiduría de la multitud” con plebiscitos constantes. Se trata de un experto con cierto aroma hegeliano, una versión estadística, en lugar de metafísica, del Espíritu Absoluto.

Estas cinco definiciones de “experto” nos van a ayudar a centrar el debate pero antes podemos echar un vistazo a qué significa tomar una decisión política. Tradicionalmente las decisiones políticas por excelencia son las que toman el gobierno de una nación aunque en los últimos tiempos se ha puesto de moda enfatizar que el rumbo de las sociedades complejas es el resultado de la interacción de distintos agentes económicos y sociales, además de los estrictamente políticos, poniendo de moda la palabra “gobernanza”.

El término “gobernanza” es una forma elegante de describir la enorme dificultad actual para entender con claridad quién es quién en las sociedades más desarrolladas y, quién es responsable, en último término de lo que ocurre a nuestro alrededor. Existen multitud de ejemplos de esa experiencia, tan actual, de navegar en aguas desconocidas en medio de una densa niebla: ya nadie pretende saber a dónde va la unión monetaria europea, o el proceso de desconexión del Reino Unido, o la presidencia del país más poderoso de la Tierra o nuestros vehículos diésel. Incluso en aquellos países en los que se han encumbrado gobiernos populistas o autocráticos, las decisiones políticas ya no dependen exclusivamente del gobierno por varias razones, entre las cuales destaca siniestramente que muchos de esos gobiernos responden a intereses de élites que tienen su propia agenda.

Así que, para contestar a la pregunta de quién toma las decisiones políticas tendremos que considerar varios escenarios distintos, según qué entendamos por “experto” y “decisión política”. Finalmente nos tendremos que inclinar por una respuesta  en la que trataré de opinar sobre cuál debería ser el papel del experto en las decisiones políticas.

Si desea citar esta página

Fernández Dols, José Miguel   (2019) ¿Quién toma las decisiones políticas? ¿Los expertos o los políticos?. En Niaia, consultado el 23/04/2019 en https://www.niaia.es/quien-toma-las-decisiones-politicas-los-expertos-o-los-politicos/

El tamaño importa y mucho

Luis González Reyes

Miembro de Ecologistas en Acción

 

Virus ha editado en castellano —con unas notas a pie de la traductora que son muy valiosas para encuadrar el libro— El colapso de las naciones de Leopold Kohr. Es una obra cuya primera publicación fue en 1957, pero que continúa siendo interesante. Plantea que la causa de todos los males humanos es solo una: el tamaño de las unidades políticas.

Empiezo con las carencias que considero que tiene el análisis. La primera es que creo que intentar explicar con un único factor alto tan complejo como las sociedades humanas, aunque sea solo en uno de sus rasgos como es la dominación, es imposible.

En el libro, Leopold Kohr rechaza que el sistema económico forme parte de las causas de la miseria social. En concreto, el capitalismo. Modestamente, creo que no entiende qué es y cómo funciona nuestro sistema socioeconómico. Una muestra es que califica a la URSS como no capitalista, pero sobre todo que no entiende la necesidad de acumulación, la proletarización como herramienta de control social, el imperativo del crecimiento o las implicaciones de la mercantilización social y del incremento de la dimensión del mercado (lo que le permite, por ejemplo, defender la unión aduanera que se produciría años después de su libro en la UE).

También argumenta que el orden político no contribuye a los males sociales. Nuevamente, considero que no entiende lo que es el Estado. No comprende su creación y funcionamiento como sistema de dominación. Por ello, en un momento de la obra argumenta cómo sería posible su disolución voluntaria o muestra a Suiza como un ejemplo a seguir.

Así mismo descarta la cultura como elemento que desempeñe algún papel en la dominación humana. Para hacerlo, usa muchos ejemplos de distintas culturas, pero todas ellas se basan en la dominación. El texto adolece de una mirada temporal y antropológica más amplia en este sentido.

Usa la física para explicar el orden social llevando las analogías demasiado lejos, pues las sociedades humanas no solo se rigen por las leyes de la termodinámica, por más que no puedan escapar de ellas. Pero, a la vez, carece de una visión biofísica de las sociedades y los límites ambientales no están ni presentes entre los factores a considerar para explicar las relaciones de dominación.

Finalmente, el libro no nombra otros sistemas de dominación fundamentales que operan en el plano micro (pero no solo). Entre ellos destaca el patriarcado. En él, las relaciones de poder se articulan desde lo pequeño, no solo desde lo macro, lo que es un desafío a la tesis del autor de primer orden, que el libro no contempla.

Pero dicho todo esto, el libro merece la pena. La tesis central que sostiene, por más que en solitario no pueda explicar las relaciones sociales asimétricas actuales, es imprescindible considerarla en el marco analítico. El gigantismo no lo explica todo, pero sin este factor tampoco podemos entender lo que sucede. Por ello, este es un libro que hay que leer.

La idea básica de Leopold Kohr es la «Teoría del tamaño, que sugiere que tras toda miseria social hay una sola causa: la magnitud”. Por una parte, argumenta que los problemas crecen en proporción geométrica, pero la habilidad de las personas para lidiar con ellos lo hace en aritmética (en el mejor de los casos). De este modo, anticipa la Ley de rendimientos decrecientes que después usaría Joseph Tainter en El colapso de las sociedades complejas (2003).

Pero la cuestión va mucho más allá de problemas que se van haciendo cada vez más inmanejables, pues la clave es que: “Nadie podría perpetrar atrocidades sin el poder para hacerlo. Pero esa no es la cuestión. El quid es que la proposición también funciona a la inversa. Cualquiera que disponga de poder, al final, acabará cometiendo las atrocidades correspondientes”.

Un elemento central para que esto último suceda es la “ley de sensibilidad decreciente, según la cual cada sucesiva comisión de un crimen carga sobre su perpetrador un menor sentimiento de culpa, disminuyendo a la vez el grado de sorpresa de la población en general. Esto llega tan lejos que, cuando el mal comportamiento alcanza el estadio de la comisión en masa, este entumecimiento y complejidad general pueden instalarse de tal manera que los asesinos pierden todo sentido de su criminalidad, y los observadores toda noción de crimen”.

Las relaciones de dominación se desatan cuando se alcanza una “cantidad crítica”, que es “todo aquel volumen de poder que confiere inmunidad frente a la represalia”. Por ello, en muchas partes de la obra el autor señala la importancia de tener contrapoderes, lo que es mucho más fácil cuando más pequeñas sean las entidades, sobre todo porque esto permite que todas tengan contrapoderes y no solo las más débiles.

No solo es necesario alcanzar la cantidad crítica, sino que la entidad sea consciente de ello: “la creencia de que el volumen crítico de fuerza ha sido efectivamente alcanzado”.

Esta cantidad crítica depende de dos factores fundamentalmente. Por una parte, la densidad (“correlación entre la población y el área geográfica”) y por otra la velocidad (“extensión de su integración administrativa y su progreso tecnológico”). Pero también influye la distancia física entre las entidades (la dominadora y la dominada), pues “el poder efectivo disminuye a medida que aumenta la distancia”.

La tesis que defiende el libro conlleva una visión antropológica negativa del ser humano, pues en cuanto tiene la posibilidad (piensa que es inmune) se lanza a controlar a sus congéneres. Para poder tener visiones más poliédricas de la naturaleza humana es necesario introducir una mirada compleja de la dominación, lo que requiere rescatar el papel de los sistemas económicos, políticos y culturales, algo que el autor descarta.

En coherencia con su tesis, Leopold Kohr defiende que la solución a la desigualdad y el sometimiento es la división, la desunión. Propone partir los Estados grandes en pequeños. Aunque no se sale del marco estatal, a veces, cuando habla de Estados muy pequeños, parece referirse casi a organizaciones no estatales, es decir, sin escisión de un estrato social para el mando. Desde ahí se puede entender su afirmación de que los Estados pequeños son “por naturaleza internamente democráticos”. En contraposición sostiene que cualquier Estado grande es imposible que sea democrático.

En esa situación no dejarían de existir guerras, pero serían mucho menos sangrientas. Su opción no es entre la paz y la guerra, sino entre las guerras grandes, y las pequeñas y territorializadas, pues, como he señalado, su visión del ser humano es de un animal dominador por naturaleza.

El libro, además de esta indudable aportación para identificar el gigantismo como uno de los elementos claves del orden social desigual, lanza algunas ideas que fueron muy visionarias para su época. Por ejemplo, critica el consumismo y la velocidad como indicadores de calidad de vida: “lo que estadísticamente tenía aspecto de progreso equivalió realmente a la disminución del nivel de vida”, “¿desde cuándo la creación de nuevas necesidades es un signo de progreso?”, “exceso de crecimiento”. Esto, junto a su tesis principal, indudablemente influyeron en su discípulo Ernst Friedrich Schumacher para escribir Lo pequeño es hermoso (1973).

También adelanta los problemas que ahora son palpables de una UE compuesta por potencias desiguales (por entonces solo existía la CECA, la Comunidad Europea del Carbón y de Acero).

Por último, lanza la predicción de que el final al que se encaminan los Estados es a una fusión imperial. Así plantea que EEUU y la URSS se convertirían en las únicas superpotencias de las cuales solo terminaría quedando una. Pero que esa fusión imperial sería el antecede del colapso de las naciones.

Referencias

Se puede completar esta entrada con la entrevista de Enric Llopis: “El colapso ambiental tiene una parte de trauma, pero también de alternativas y esperanza” En Rebelión. 28/06/2018. Accesible el 28/03/2019 en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=243455

Si desea citar esta página

González Reyes, L. (2019).  El tamaño importa y mucho. En Niaia, consultado el 30/03/2019 en https://www.niaia.es/el-tamano-importa-y-mucho/

Implicaciones morales del estudio Moral Machine

Javier Gonzalez Vela

Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid.

 

Desde finales del siglo XX estamos asistiendo a una auténtica revolución tecnológica cuyo impacto en la sociedad es difícil de determinar en toda su extensión, pero cuyos primeros efectos son ya claramente visibles. La aparición de Internet, el despliegue masivo de los dispositivos móviles, la difusión de las redes sociales…, todo ello conlleva cambios de comportamiento profundos. Los avances en la capacidad de computación junto a las nuevas técnicas de tratamiento masivo de datos (que se conocen con el término técnico de “Big Data”) proporcionan las herramientas necesarias para desarrollar sistemas que interactúan con nosotros de manera completamente nueva. Y los avances en robótica y en Inteligencia Artificial nos proporcionan nuevos dispositivos con los que tendremos que acostumbrarnos a convivir. Uno de los ejemplos más significativos, aunque no el único, lo constituyen los coches autónomos, capaces de conducir ellos solos sin requerir asistencia humana: son una muestra de que tanto la inteligencia artificial como los dispositivos que la implementan han alcanzado ya a un nivel de madurez tal que nos obliga a tomar decisiones concretas sobre cuestiones que normalmente abordaríamos de manera intuitiva. El comportamiento básico de las máquinas hay que programarlo, hay que escribirlo, y por tanto hay que especificarle a la máquina los criterios con los que debe comportarse ante determinadas situaciones. Es decir, hay que transcribir a algoritmos ejecutables por una máquina los criterios morales bajo los cuales tomamos determinadas decisiones. Y eso nos obliga a pensar cuáles son esos criterios morales, y por qué escogemos esos y no otros.

Para abordar estas cuestiones surgen iniciativas que, aprovechando las capacidades de Big Data, recaban información de un gran número de personas sobre sus preferencias y decisiones con la idea de utilizar las más extendidas como referencias morales.

Por Big Data entendemos el conjunto de técnicas que permiten hacer un procesado de cantidades ingentes de datos. Estos datos se obtienen ya fácilmente de la interacción con múltiples sistemas que nos rodean, y la capacidad de computación para procesarlos está ya disponible. Big Data te permite por tanto obtener patrones y correlaciones a partir de un número muy elevados de datos, y de ahí extraer conclusiones útiles.

 

Así nos encontramos, por ejemplo, con la encuesta de la Moral Machine elaborada conjuntamente por investigadores del CNRS francés (Centre National de la Recherche Scientifique), el MIT y las universidades de Harvard y de la Columbia Británica, o por el Moral Sense Test realizado por la Universidad de Harvard (y que ya han contestado más de 200.000 personas).

Centrándonos en la Moral Machine, posiblemente la más conocida puesto que han participado cerca de 2,5 millones de personas de 233 países distintos, se presenta vía web un formulario con múltiples escenarios en los que un coche autónomo está en situación de accidente inmediato por atropello, y debe decidir cómo actuar en cada caso, sabiendo que todas las decisiones implican salvar a unos seres y condenar a otros. Se trata de una variante del dilema del tranvía, en la que se presentan varios factores (salvar a personas frente a salvar animales, pasajeros frente a peatones, salvar más vidas frente a salvar menos, personas jóvenes frente a ancianas…, y así hasta nueve), y el participante tiene que elegir cuál es la opción mejor en cada caso. Utilizando el análisis de datos, se procesan todas las respuestas y se obtienen una serie de patrones de conducta, que se pueden agrupar por áreas geográficas, razas, sexos, o cualquier otro parámetro que se considere conveniente. Pero el sistema es aún más detallado, puesto que sitúa a cada persona en una escala comparativa respecto al resto de participantes, e incluso informa de cuáles han sido sus preferencias particulares que le han guiado en sus respuestas. Es indudable que te hace reflexionar sobre tus preferencias, pero… ¿podría un sistema así, al informarte de tus propias preferencias, llegar en un momento dado a condicionarlas? No es solo que te haga reflexionar sobre tus preferencias, sino que de alguna manera te las propone.

Sin entrar en un análisis detallado de los resultados (que se pueden consultar en el siguiente enlace), hay determinadas aspectos que merecen la pena destacarse: existen variaciones individuales importantes, especialmente cuando se considera el sexo y la religiosidad del participante; las preferencias están altamente correlacionadas con variaciones culturales y económicas entre países (considerando tres áreas de países claramente diferenciadas: occidentales, orientales y latinoamericanos); y  además se notan diferencias notables entre culturas individualistas y culturas de colectividad. Pero aun así, en el análisis de los resultados se observan tres criterios que se repiten de manera clara e inequívoca. La gente prefiere mayoritariamente:

  1. salvar antes a las personas que a los animales.
  2. salvar el mayor número posible de vidas.
  3. salvar a personas jóvenes antes que a personas mayores.

Independiente de la valoración que nos merezcan estos criterios, cabe preguntarse si se trata de un método adecuado para establecer unas reglas morales. ¿El hecho de que una mayoría de personas los elijan los determina ya como criterios válidos? Y si fuera así, ¿en qué porcentaje se podría cifrar una mayoría válida?

Y no es que la Moral Machine pretenda establecer de esta manera los criterios (hasta la fecha, el único intento serio lo ha realizó en 2017 la “German Ethics Commision on Automated and Connected Driving“), pero sí intenta proporcionar una referencia válida para ello.

Tal vez si estuviésemos de acuerdo en la existencia de una moral universal válida sería más sencillo responder a estas preguntas, pero más allá de considerar que una elección moralmente correcta es la que maximiza el bien común, no parece haber un consenso claro sobre la existencia o no de una moral universal. Sirva como referencia la encuesta que sobre este tema  The Evolution Institute(*) ha realizado entre 15 autores, entre los que se dan todas las opciones posibles: si, no, quizás…

Tal vez las respuesta a estas dudas se encuentre en las propias conclusiones de los impulsores de la Moral Machine, cuando dicen que «mientras que las preferencias éticas del público no deben ser necesariamente el primer árbitro de una política ética, la intención que tenga la gente de comprar coches autónomos y tolerarlos en las carreteras dependerá de la aceptación de las reglas éticas que se adopten», e igualmente cuando establecen que «antes de permitir que los coches tomen decisiones morales debemos iniciar un debate global para expresar nuestras opiniones a las empresas que diseñarán los algoritmos morales. La MM ha sido desarrollada para iniciar ese debate.»

Sin embargo, el método que utiliza el MIT en su Moral Machine parece ser bastante práctico: es un método eficiente en el sentido de que ofrece unas respuestas razonablemente rápidas y que pueden concitar los mayores acuerdos. Y lo que puede llegar a ser más importante: puede acabar resultando una vía muy cómoda de tomar decisiones. Porque al final a las personas no les gusta tomar decisiones incómodas. Este es un efecto que se ve también claramente en el análisis de los resultados de la Moral Machine: en la variante del escenario en el que para salvar cinco vidas debes activar una palanca que mataría a una persona, el 90% de los encuestados preferiría no tener que activar la palanca.

Las decisiones son incómodas. Pero en el momento en que dispongamos de inteligencias artificiales, que además hayan sido capaces de aprender comportamientos de manera autónoma (y hay que decir que se está avanzando mucho en conseguir que las inteligencias artificiales aprendan rápidamente a partir de su propia experiencia), ¿no resultará muy reconfortante saber que alguien o algo podrá elegir por ti sin miedo a equivocarse? De una manera limpia y eficiente te pueden eximir de toda responsabilidad. ¿No sería ésta una situación que mucha gente encontraría deseable?

Al final podríamos estar sacrificando nuestra responsabilidad en aras de la eficiencia y la comodidad. ¿Nos llevaría esto a que una inteligencia artificial acabase sabiendo mejor que nosotros lo que nos conviene?

(*) The Evolution Institute es una organización sin ánimo de lucro con sede en San Antonio, Florida. Fundada en el año 2010 por David Sloan Wilson, biólogo evolutivo (área de la biología que estudia los cambios de los seres vivos a través del tiempo) y distinguido profesor de ciencias biológicas y antropología en la Universidad de Binghamton, EE.UU. The Evolution Institute busca aplicar la ciencia evolutiva a los problemas sociales. Y a través del proyecto Seshat hace un extenso de técnicas de tratamiento masivo de datos para comprobar hipótesis científicas. (fuente: Wikipedia).

Referencias:

Anónimo (s.f.) Big Data: ¿En qué consiste? Su importancia, desafíos y gobernabilidad. En Power Data. Accesible el 25/11/2017 en https://www.powerdata.es/big-data

Miranda-Saavedra, Diego (2018). De cuando la filosofía rescató a la inteligencia artificial. En Retina. El País. Accesible el 25/11/2018 en (https://retina.elpais.com/retina/2018/10/30/tendencias/1540906405_872503.html#?id_externo_nwl=newsletter_retina20181108

Malo, Pablo (2018) ¿Existe una moral universal?  En Evolución y Neurociencia. Accesible el 25/11/2108 en https://evolucionyneurociencias.blogspot.com/2018/06/existe-una-moral-universal.html

Plaza López, José Ángel. (2018) Bioética. El peligro de vivir en una sociedad digital diseñada para manipular. En Retina. El País. Accesible el 25/11/2017 en https://retina.elpais.com/retina/2018/10/02/tendencias/1538462550_862834.html

Torre, Diego de la y Martín-Peñasco, Jaime (2018) ¿Qué es el aprendizaje profundo? Así es el método de obtención de conocimientos de la Inteligencia Artificial. En Blogthinkbig. Accesible el 25/11/2018 eb  https://blogthinkbig.com/aprendizaje-profundo-inteligencia-artificial

Si desea citar esta página

Gonzalez Vela, Javier (2018).  Implicaciones morales del estudio Moral Machine. En Niaia, consultado el 28/11/2018 en https://www.niaia.es/implicaciones-morales-del-estudio-moral-machine/

El pluralismo como ventaja o inconveniente

Jose Angel Medina

Profesor Psicología Social, del Trabajo y Diferencial UCM. Miembro de Tangente

Las dificultades inherentes a organizaciones o sociedades tienen su raíz en la diversidad de opiniones, pensamientos y formas de comunicarse. A menudo el pluralismo y la diversidad son un inconveniente que afecta a la democracia o a la capacidad de ejecución de objetivos.

Los procedimientos asamblearios y colectivos en los que un conjunto de personas pretende dilucidar cuál es la opción para cumplir sus objetivos, con vocación democrática y participativa y, a menudo, con intenciones orientadas al cambio social, son un espacio y un tiempo donde la diversidad y las dificultades para su encaje en una propuesta conjunta toman un  protagonismo especial.

Estas dificultades, lejos de ser un problema asociado al tipo específico de agrupación y a las personas concretas que la forman, es consustancial a estas agrupaciones. Y, si no se reflexiona y actúa en consecuencia, mostrarán todo su poder incapacitante para avanzar lo que suele dar al traste con los objetivos genéricos de esos colectivos.

Los procesos colectivos tienen algunas características objetivas, (tamaño, dificultad de las metas, sistemas de comunicación dispares, o cultura contraria) que hacen ya nacer esas dificultades. Entre ellas destaca la diferencia como una lógica de articulación compleja y, a menudo, desconocida. Es por eso que una parte importante de la socialización y el aprendizaje de la interacción colectiva se asiente sobre la persuasión, la argumentación y demás técnicas que conllevan el intento de convencer y, por tanto, de hacer desaparecer la diversidad para convertirse en uniformidad.

Las propias ideas que las personas tenemos sobre la construcción colectiva y los procesos de carácter asambleario también pueden influir. Estas asambleas no suelen tener una identidad clara, representan de forma genuina la participación democrática (sean como sean y actúen como actúen), suelen tener una tensión entre la autenticidad del concepto y las posibilidades reales y “sufren” por la dialéctica entre los resultados hacia dentro y hacia fuera.

La participación y la acción colectiva están limitadas en cuanto a tareas y fines, adolecen de una gran cantidad de mitos políticos, en muchas ocasiones desprecian las diferencias de género, sufren la incompetencia colectiva derivada del sistema educativo, tienen problemas para articular la identidad individual y la colectiva y son conductas muy vulnerables. Además están siendo desarrolladas en una cultura entregada a la posmodernidad, en la era del (des)conocimiento, en un ambiento de desigualdad grande y de igual indiferencia.

Conocer los principios que rigen (o pueden regir) la construcción colectiva y los procedimientos asamblearios puede ayudar a construirlos de manera que a pesar de todo esto, se conviertan en herramientas útiles para construir discurso, territorio, acción política y bienestar.

Estos principios son de carácter prescriptivo algunos, y otros de carácter  activo. Han de tener en cuenta que cada acción colectiva tiene una vertiente política (en el más amplio sentido de la palabra) y una vertiente dinámica.

Los objetivos de esta sesión son tres. Por un lado cualificar y conocer cuáles son las dificultades que pueden afectar negativamente a los procesos de construcción colectiva. En segundo lugar conocer los principios colectivos de la acción discursiva y las funciones que se han de cumplir en sus dos vertientes. Y en tercer lugar someter todo esa información al debate.

Bibliografía

Cembranos, F, y Medina, J.A. (2003). Grupos inteligentes: teoría y práctica del trabajo en equipo. Madrid: Editorial Popular.

Klandermans, B. (1994). La construcción social de la protesta y los campos pluriorganizativos.  En E. Laraña y J. Gusfield (Eds.) Los nuevos movimientos sociales: de la ideología a la identidad (pp. 183-220). Madrid: CIS.

Medina, J. A. (2017) El papel de las asambleas en los nuevos movimientos sociales. Democracia, participación, cambio social y necesidades humanas. Madrid, UCM

Sabucedo, J. M. (1988). Participación política. J. Seoane & A. Rodríguez. Psicología política, 165-194.

Tarrés, M.L. (1992) Perspectivas analíticas en la Sociología de la acción colectiva. Estudios Sociológicos, 10, 735-757.

Tarrow, S. (1998). Power in movement. Cambridge: Cambridge University Press.

Si desea citar esta página

Medina, José Ángel (2018).  El pluralismo como ventaja o inconveniente. En Niaia, consultado el 29/10/2018 en https://www.niaia.es/el-pluralismo-como-ventaja-o-inconveniente/

 

La sesión del Seminario se celebra el martes 04/12/2018 en la sala de Juntas de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación. Será retransmitida en directo a través de https://uam.adobeconnect.com/profesorado  La grabación de la conferencia es accesible en este enlace

 

 

La complejidad social de la conducta moral

Es un esquema de mi aportación al Seminario Ética Experimental en Campus Puerta de Toledo, Universidad Carlos III Madrid, 14/12/2017

Prenotandos

1) El comportamiento moral, como todo otro comportamiento humano, tiene raíces profundas en una larga historia evolutiva; para comprenderlo bien, tenemos que estar bien informados de las aportaciones que realiza la etología, en especial la que se centra en especies más próximas (primates), aunque no solo en estas.

2) En todo caso, existe una discontinuidad radical entre el comportamiento animal en general y el del “animal racional”. Debemos mantener que solo el ser humano es sujeto moral: la dimensión moral es algo que pertenece a la realidad física del ser humano, en tanto que dicha realidad exige «una apropiación real y física de determinadas posibilidades de vida». El ser humano es realidad moral porque es realidad personal y la causalidad moral es un modo de la causalidad personal, como lo es la religación. Comparto, por tanto, el enfoque de Zubiri.

3) Esa discontinuidad es la que da paso a la reflexión filosófica, en tanto que requiere una reflexión sobre el significado y el sentido de lo que nos ocurre y de lo que hacemos con lo que nos ocurre.

4) Desde siempre, esa reflexión filosófica ha estado empíricamente bien informada, lo que implica una percepción atenta y objetiva de lo que hay y un conocimiento fundamentado del comportamiento de eso que hay. La explosión de conocimientos bien fundados provocada por la generalización del método científico a partir del siglo XVII, da paso a la exigencia de una filosofía científicamente bien informada, incluyendo, de manera especial en el caso de la filosofía moral, la necesidad de la contrastación empírica de sus tesis fundamentales. Áreas científicas como la psicología, la sociología, la economía, la politología o la neurología son indispensables para una filosofía moral actual o para una antropología filosófica. Solo así seremos filósofos bien empíricamente bien informados.

PROBLEMAS MORALES

Niveles de complejidad

5) El primer nivel de complejidad de la moralidad viene dado por esa estructura abierta del ser humano: tenemos que hacernos cargo de la necesidad de plasmar nuestras posibilidades de vida en recorridos concretos. Esto no solo se refiere a resolución de problemas sino a algo más profundo: resolver la clase de persona que queremos ser, partiendo de la escucha atenta de lo que funda, posibilita e impele esta exigencia de asumir la orientación de nuestra acción. Obviamente esto no se puede responder de manera sencilla: ni somos claramente transparentes para nosotros mismos ni existe total homogeneidad entre las diferentes etapas de nuestro propio ciclo vital. La identidad personal no deja de ser un relato biográfico.

6) El segundo nivel de complejidad viene dado porque el ser humano es intrínsecamente social: es el animal de la palabra, lo que implica que solo en la palabra compartida con otros seres humanos podemos realizarnos. La pregunta radical se duplica: debemos también resolver la clase de sociedad en la que queremos vivir. Obviamente, eso no podemos responderlo en soledad, sino en procesos de deliberación compartida, intentando llegar a acuerdos en todos aquellos casos en los que los intereses difieren: no se jerarquizan de la misma manera y no se plasman en iguales satisfactores ni se alcanzan por los mismos medios. En general, las divergencias no son contradictorias, sino distintas pero complementarias.

La complejidad normativa

La filosofía moral tiene un carácter de disciplina normativa, no solo descriptiva: nos interesa cómo deben ser las personas, no como de hecho son. Profundizamos en la filosofía moral o ética para llegar a ser buenas personas, no para saber en qué consiste la bondad. Esto plantea dos nuevos niveles de complejidad

7) Para orientarnos en la acción, lo seres humanos, basándose en la experiencia y en la reflexión, han ido plasmando las intuiciones morales en grandes principios, muchas veces concretados en códigos de conducta. Si ponemos a un lado las variaciones contextuales de los diversos códigos morales, podemos decir que, en general, existe un gran acuerdo en los grandes principios morales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un buen ejemplo. No obstante, llegar a acuerdos o descubrir los acuerdos subyacentes no ha sido tarea fácil, y mucho menos fácil es la tarea de convertir esas declaraciones en guías de valor con capacidad real de influir en el comportamiento de instituciones y personas.

dilema del puente

8) Aun existiendo ese acuerdo sobre los valores fundamentales, la complejidad social de la conducta moral está determinada por la complejidad de la situaciones concretas en las que actuamos, lo que provoca dilemas y problemas morales. Los dilemas son situaciones en las que los seres humanos se ven enfrentados a valores en conflicto, como pueden ser las situaciones en las que se considera que puede estar justificado mentir o usar la violencia. Desde la perspectiva de la filosofía experimental, los experimentos del tren o del prisionero son claros. Eso exige establecer jerarquías entre los valores, algo no siempre sencillo. Los problemas son situaciones complejas en las que es necesario, pero difícil, analizar la situación, tener claro los objetivos que se pretenden conseguir, verificar los medios disponibles, evaluar la coherencia y eficacia de dichos medios… Son tareas que exigen un gran esfuerzo, con la participación en muchos casos de diferentes especialistas y con la presencia de intereses a veces contrarios y otras contradictorios, así como con efectos colaterales o secundarios.

Un programa concreto de investigación en filosofía moral

Podemos dar por supuesto que existe la educación moral: esto es, existen procesos y mecanismos mediantes los cuales las generaciones de más edad transmiten a las nuevas generaciones el conjunto de guías de valor y de orientaciones prácticas de acción que son propias de la ética y la moral. No obstante, un buen programa de investigación, propio de una filosofía moral experimental, debería averiguar cuáles son los enfoques y procesos más eficientes para lograr mejores resultados en educación moral, o educación en valores. Dicho programa debe abarcar las siguientes tareas, propias de cualquier investigación rigurosa desde la metodología de la investigación filosófica y de la investigación científica. Es un programa amplio y complejo que implica

9) Es necesario llegar a un acuerdo en lo que entendemos por una buena persona, puesto que ese debiera ser el objetivo general de toda propuesta de educación moral. Es necesario lograr una definición que sea aceptable por la comunidad de personas implicadas en el proceso.

10) Definida la bondad humana, hay que seleccionar un conjunto de variables de observación que puedan ser considerados indicadores del comportamiento propio de una persona buena. Podemos centrarnos en tres o cuatro variables a las que demos un peso mayor en la consideración de alguien como buena persona.

11) A continuación debemos seleccionar un conjunto de instrumentos de medida contrastados, gracias a los cuales podamos detectar de manera válida y fiable el “nivel” o “grado” de bondad al inicio del proyecto de investigación y el alcanzado al final del proyecto. Podemos emplear instrumentos más cuantitativos y otros de tipo cualitativo, dependiendo de las variables que seleccionemos

12) Una propuesta específica de actuación en el aula, cuyo impacto en la educación moral de los estudiantes podemos medir. La intervención, en un grupo de control y otro experimental, debiera afecta al menos a 200 sujetos, 100 en cada grupo.

Breve conclusión provisional

Este programa de investigación, ¿contribuiría a responder la pregunta que ocupó gran parte de la reflexión de Platón sobre la posibilidad de enseñar la virtud? Si así fuera, ¿sería un trabajo de investigación filosófica, educativa, psicológica…?

Si desea citar esta entrada

García Moriyón, F.: La complejidad moral de la conducta social. En Niaia, consultado el 14/12/2017 en http://www.niaia.es/la-complejidad-s…a-conducta-moral/

¿Quién toma las decisiones políticas? ¿Los expertos o los políticos?

José Miguel Fernández Dols Catedrático. Psicología socal y metodología. UAM   Una formula clásica para comenzar …

Unionistas versus separatistas en Cataluña: ¿Una cuestión de identidad?

Roberto Colom Profesor de Diferencias individuales en el Departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la UAM, …

La democracia destruye tu imaginación

Santiago Gutiérrez Sánchez   Votar perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor Tenemos a lo …