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La complejidad social de la conducta moral

Es un esquema de mi aportación al Seminario Ética Experimental en Campus Puerta de Toledo, Universidad Carlos III Madrid, 14/12/2017

Prenotandos

1) El comportamiento moral, como todo otro comportamiento humano, tiene raíces profundas en una larga historia evolutiva; para comprenderlo bien, tenemos que estar bien informados de las aportaciones que realiza la etología, en especial la que se centra en especies más próximas (primates), aunque no solo en estas.

2) En todo caso, existe una discontinuidad radical entre el comportamiento animal en general y el del “animal racional”. Debemos mantener que solo el ser humano es sujeto moral: la dimensión moral es algo que pertenece a la realidad física del ser humano, en tanto que dicha realidad exige «una apropiación real y física de determinadas posibilidades de vida». El ser humano es realidad moral porque es realidad personal y la causalidad moral es un modo de la causalidad personal, como lo es la religación. Comparto, por tanto, el enfoque de Zubiri.

3) Esa discontinuidad es la que da paso a la reflexión filosófica, en tanto que requiere una reflexión sobre el significado y el sentido de lo que nos ocurre y de lo que hacemos con lo que nos ocurre.

4) Desde siempre, esa reflexión filosófica ha estado empíricamente bien informada, lo que implica una percepción atenta y objetiva de lo que hay y un conocimiento fundamentado del comportamiento de eso que hay. La explosión de conocimientos bien fundados provocada por la generalización del método científico a partir del siglo XVII, da paso a la exigencia de una filosofía científicamente bien informada, incluyendo, de manera especial en el caso de la filosofía moral, la necesidad de la contrastación empírica de sus tesis fundamentales. Áreas científicas como la psicología, la sociología, la economía, la politología o la neurología son indispensables para una filosofía moral actual o para una antropología filosófica. Solo así seremos filósofos bien empíricamente bien informados.

PROBLEMAS MORALES

Niveles de complejidad

5) El primer nivel de complejidad de la moralidad viene dado por esa estructura abierta del ser humano: tenemos que hacernos cargo de la necesidad de plasmar nuestras posibilidades de vida en recorridos concretos. Esto no solo se refiere a resolución de problemas sino a algo más profundo: resolver la clase de persona que queremos ser, partiendo de la escucha atenta de lo que funda, posibilita e impele esta exigencia de asumir la orientación de nuestra acción. Obviamente esto no se puede responder de manera sencilla: ni somos claramente transparentes para nosotros mismos ni existe total homogeneidad entre las diferentes etapas de nuestro propio ciclo vital. La identidad personal no deja de ser un relato biográfico.

6) El segundo nivel de complejidad viene dado porque el ser humano es intrínsecamente social: es el animal de la palabra, lo que implica que solo en la palabra compartida con otros seres humanos podemos realizarnos. La pregunta radical se duplica: debemos también resolver la clase de sociedad en la que queremos vivir. Obviamente, eso no podemos responderlo en soledad, sino en procesos de deliberación compartida, intentando llegar a acuerdos en todos aquellos casos en los que los intereses difieren: no se jerarquizan de la misma manera y no se plasman en iguales satisfactores ni se alcanzan por los mismos medios. En general, las divergencias no son contradictorias, sino distintas pero complementarias.

La complejidad normativa

La filosofía moral tiene un carácter de disciplina normativa, no solo descriptiva: nos interesa cómo deben ser las personas, no como de hecho son. Profundizamos en la filosofía moral o ética para llegar a ser buenas personas, no para saber en qué consiste la bondad. Esto plantea dos nuevos niveles de complejidad

7) Para orientarnos en la acción, lo seres humanos, basándose en la experiencia y en la reflexión, han ido plasmando las intuiciones morales en grandes principios, muchas veces concretados en códigos de conducta. Si ponemos a un lado las variaciones contextuales de los diversos códigos morales, podemos decir que, en general, existe un gran acuerdo en los grandes principios morales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un buen ejemplo. No obstante, llegar a acuerdos o descubrir los acuerdos subyacentes no ha sido tarea fácil, y mucho menos fácil es la tarea de convertir esas declaraciones en guías de valor con capacidad real de influir en el comportamiento de instituciones y personas.

dilema del puente

8) Aun existiendo ese acuerdo sobre los valores fundamentales, la complejidad social de la conducta moral está determinada por la complejidad de la situaciones concretas en las que actuamos, lo que provoca dilemas y problemas morales. Los dilemas son situaciones en las que los seres humanos se ven enfrentados a valores en conflicto, como pueden ser las situaciones en las que se considera que puede estar justificado mentir o usar la violencia. Desde la perspectiva de la filosofía experimental, los experimentos del tren o del prisionero son claros. Eso exige establecer jerarquías entre los valores, algo no siempre sencillo. Los problemas son situaciones complejas en las que es necesario, pero difícil, analizar la situación, tener claro los objetivos que se pretenden conseguir, verificar los medios disponibles, evaluar la coherencia y eficacia de dichos medios… Son tareas que exigen un gran esfuerzo, con la participación en muchos casos de diferentes especialistas y con la presencia de intereses a veces contrarios y otras contradictorios, así como con efectos colaterales o secundarios.

Un programa concreto de investigación en filosofía moral

Podemos dar por supuesto que existe la educación moral: esto es, existen procesos y mecanismos mediantes los cuales las generaciones de más edad transmiten a las nuevas generaciones el conjunto de guías de valor y de orientaciones prácticas de acción que son propias de la ética y la moral. No obstante, un buen programa de investigación, propio de una filosofía moral experimental, debería averiguar cuáles son los enfoques y procesos más eficientes para lograr mejores resultados en educación moral, o educación en valores. Dicho programa debe abarcar las siguientes tareas, propias de cualquier investigación rigurosa desde la metodología de la investigación filosófica y de la investigación científica. Es un programa amplio y complejo que implica

9) Es necesario llegar a un acuerdo en lo que entendemos por una buena persona, puesto que ese debiera ser el objetivo general de toda propuesta de educación moral. Es necesario lograr una definición que sea aceptable por la comunidad de personas implicadas en el proceso.

10) Definida la bondad humana, hay que seleccionar un conjunto de variables de observación que puedan ser considerados indicadores del comportamiento propio de una persona buena. Podemos centrarnos en tres o cuatro variables a las que demos un peso mayor en la consideración de alguien como buena persona.

11) A continuación debemos seleccionar un conjunto de instrumentos de medida contrastados, gracias a los cuales podamos detectar de manera válida y fiable el “nivel” o “grado” de bondad al inicio del proyecto de investigación y el alcanzado al final del proyecto. Podemos emplear instrumentos más cuantitativos y otros de tipo cualitativo, dependiendo de las variables que seleccionemos

12) Una propuesta específica de actuación en el aula, cuyo impacto en la educación moral de los estudiantes podemos medir. La intervención, en un grupo de control y otro experimental, debiera afecta al menos a 200 sujetos, 100 en cada grupo.

Breve conclusión provisional

Este programa de investigación, ¿contribuiría a responder la pregunta que ocupó gran parte de la reflexión de Platón sobre la posibilidad de enseñar la virtud? Si así fuera, ¿sería un trabajo de investigación filosófica, educativa, psicológica…?

Si desea citar esta entrada

García Moriyón, F.: La complejidad moral de la conducta social. En Niaia, consultado el 14/12/2017 en http://www.niaia.es/la-complejidad-s…a-conducta-moral/

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Félix García Moriyón

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